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Si el cinismo se estudiara en las Facultades de Ciencias Políticas de las Universidades españolas, desde el pasado 18 de enero habría que incluir al presidente de la Comunitat Valenciana, Alberto Fabra, como el máximo exponente de dicha corriente política.

En una entrevista en El gato al agua, programa nocturno de Intereconomía, vino a decirnos a todos los españoles que su Comunitat está como está por culpa de Zapatero. No podía ser de otra manera. ¿Alguien podía pensar que Valencia fuera a estar como está, como una Grecia española, por haber malgastado el dinero público durante los dieciséis años de gobierno del Partido Popular?, ¿Qué persona en su sano juicio puede albergar en su cabeza la sospecha de que en esa Comunitat el dinero se ha tirado por la borda a espuertas en forma de Terra Mítica, Fórmula 1, aeropuertos peatonales, publicidad sobre los mismos o esculturas que recuerdan a Míster Potato por valor de 300.000 euros?


Según el Sr. Fabra no ha habido despilfarro, ni derroche, ni mala gestión, ni gasto en infraestructuras absurdas por parte de las instituciones valencianas. A ellos que les registren. El déficit valenciano, que es de los más altos de toda España por cierto, es cosa de Zapatero y de la deuda histórica del gobierno central con el valenciano. Apareció de repente. Nadie se lo esperaba. El argumentario, basado en que si Zapatero no hubiese negado la crisis, otro gallo le cantaría a su Comunitat, es tan absurdo que parece obsceno.




Pues escuchen el vídeo, sobre todo a partir del minuto seis. Resulta que la culpa es de Zapatero que, entiendo, habrá sido el responsable de dichos proyectos absurdos y ruinosos, el que firmó los contratos, el que dilapidó el dinero. Pero, fíjense, se olvidó el Sr. Zapatero, en su inmensa maldad, de firmar los cheques para pagar a los colegios concertados el dinero que la Comunitat les adeuda desde illo tempore y para darles liquidez para que, por lo menos, puedan encender la luz o pagarse la calefacción y no tener que expulsar a ningún alumno por colgar fotos en su Facebook de sus compañeros tapados con mantas dentro del aula y, con ello, acusarle de desprestigiar a su centro educativo.

Y vean cómo lo afirma y ni siquiera se sonroja, consecuencia de la tan española costumbre que dicta que nadie tiene que dimitir, ni disculparse, cuando como cargo público que debe respeto a sus gobernados se dedica a insultar la inteligencia de éstos y tratarlos como si nos chupásemos el dedo.


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Tampoco nos podemos -ni debemos- olvidar del escándalo que, dentro del escándalo de los EREs de la Junta de Andalucía, ha saltado al respecto del presunto gasto de dinero público para comprar coca para el antiguo Director General de Empleo y Seguridad Social y amistades.







A ese respecto, la consejera de Presidencia y Portavoz del Gobierno andaluz, Sra. Moreno, ha manifestado hoy que "no estamos quitando ni un gramo de gravedad a este asunto". La cosa, como ven, va de gramos y aparentes metáforas:
















Solo le ha faltado decir que al próximo que se pase de la raya le harán polvo.


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Abordemos el capítulo de los impuestos.

Les dejo -por ahora- con el Sr. Montoro y una intervención suya en un programa de televisión en noviembre de 2011, al inicio de la pasada campaña electoral al término de la cual el PP ganó las elecciones en España.

Según el actual Ministro de Hacienda, la subida de impuestos como el IRPF o el IVA traería menos crecimiento y más paro, menos gente invirtiendo y ahorrando, menos empresas, menos consumo, menos recaudación al Estado, más inseguridad para financiar las pensiones y los servicios públicos y, por último, dificultaría la salida de la crisis de los países europeos más perjudicados por ésta.

Vean:



Negro futuro el que nos espera.


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Como no tengo otra cosa de la que hablar, voy a recurrir a una de las facetas que más me gustan de los blogs y las redes sociales: la crítica a la versión oficial y el desentrañar la ponzoña ideológica con la que nos quieren contaminar.

Disfruto viendo que las hemerotecas y las videotecas son letales, nos recuerdan quién dijo qué, en qué contexto y nos permite hacernos una idea acerca de por quién estamos gobernados. O sea, a quién o quiénes hemos votado.

Cada día pondré un vídeo o un enlace o varias cosas al mismo tiempo o en distintas entradas.

Y empezamos ahora mismo reflexionando sobre la España que quiere Rajoy y el gobierno que en 2004 le inspiraba -como modelo, se supone- para cuando él gobernase en España. Corrían tiempos de campaña electoral, la de 2004 insisto, y en tal contexto comentó lo siguiente:




Un modelo digno de los mejores gobiernos y de las más acendradas democracias, Sr. Rajoy, desde luego.


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Este año, el 2011, ya está a título de inventario pero me pilla sin ganas de hacer inventario alguno. Y de contarles el rollo de cómo pasé 2011, lo que hice, lo que fue bien y lo que fue o salió mal y lo que quiero cambiar para 2012. Lo encuentro absurdo. Nadie cambia, ni deja de hacer lo que hasta hoy hacía porque mañana sea día 1 de enero. ¿Y voy a hacer yo promesas y actos de contrición? Ni hablar. Ni que yo fuese el tonto del pueblo. También me repatea leer ese sin fín de felicitaciones donde la gente hace votos para que se cumplan todos mis/nuestros sueños. Sueños. ¿Sueños?, ¿Qué sueños? Las pesadillas, los sueños atormentados, los sueños aquellos tras los cuales te levantas en tensión total agobiado porque vas a llegar tarde a tal o cual sitio, tal vez los sueños eróticos.




Yo siempre, cual autómata, repetía eso una y otra vez hasta que me he dado cuenta de que todo es pura falsedad, de que nadie (o muy pocos) me desean lo mejor y de que a nadie le importan mis sueños tres cojones. Así que, en vista de que ningún año desde 1984 ha cumplido mis sueños ni mis expectativas sino que cada año pasa lo que tiene que pasa y no lo que yo quiero que pase, solo le pido a 2012 que cumpla mis sueños eróticos, a ver si entre tanta crisis, tanto recorte, tanta tijera y tanta subida de impuestos o falsa actualización de pensiones, me doy una alegría con cierta frecuencia.




Y no es que me haya ido mal en 2011. Es que no soporto la hipocresía de la gente, ni lo estúpida que ésta se vuelve con motivo de la Navidad, enviando chorradas y horteradas al correo. Ha sido un año como otro cualquiera, sin alegrías especiales y sin sustos de esos que te pillan por sorpresa.




Creo que no quiero hacer inventario porque, a pesar de mis esfuerzos para conservar y aumentar mis esperanzas para 2012, no tengo ninguna ilusión en el futuro. Ni el más mínimo interés por saber lo que traerá. Ahora me doy cuenta de que hay que estar a lo que traiga cada día y mañana ya se verá. Ya se verá en 2012. Si llegamos. Casi, lo confieso, hay días que pienso que estaría inmensamente agradecido a los mayas o a los aztecas, ahora no recuerdo quiénes de los dos fueron, si 2012 o dos mil goce nos mandara a todos a la mierda. Y se acabaron los problemas, los sufrimientos, los quebraderos de cabeza, las felicitaciones hipócritas y las rencillas sin cuento.




Pero, bueno, por lo pronto mañana se acabó la Navidad, ya no habrá que felicitarse más y se acabó la hipocresía. Y eso es tremendamente bueno. Mañana ya podemos volver a ser las mismas ratas de siempre, ya podemos volver a odiar, a desear el mal y a pisotear al contrario o desear a la mujer del vecino. Que nos quedan 365 días para la próxima farsa llamada Navidad, o sea, para echar pelillos a la mar y hacernos los buenos.


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