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Escribo en el preciso instante en que está comenzando a caer una tormenta de esas con aparato eléctrico y mucho ruido, de esas que iluminan la casa entera en medio de la oscuridad, al estilo de las más tenebrosas películas, y de esas en que los truenos parecen venir desde lo más profundo de la Tierra, retumban las paredes y las ventanas se quejan.

Suelo decir, y es verdad, que me gustan las tormentas, sobre todo si éstas son de noche, me relajan y el ruido de la lluvia golpeando los tejadillos de uralita o en las persianas de aluminio me invita a dormir tranquilamente. Si son de día, me gusta ver las gotas chocando contra los cristales de la ventana y cómo resbalan y se llevan por delante a las que tienen debajo. Pero una cosa es eso y otra este no parar de relámpagos -no recuerdo una tormenta donde los haya habido tan seguidos, uno detrás de otro-, unos truenos que parece que el mundo se va a venir abajo y unos goterones -adivino que lo son por el ruido que hacen en los tejadillos de uralita- que parece el fin del mundo. Esto ya me da miedo.

Pero no será más que una tormenta pasajera, una más, gracias a la cual, después de haber cerrado las ventanas para que no entre el agua en nuestras posesiones, me he pasado por aquí, escribo estas líneas porque lo cierto es que no tengo tema que tratar y de paso les deseo una feliz semana.

Verdaderamente, España necesita un cambio pues, visto lo visto, las pasadas elecciones no van a traer más que más de lo mismo.

Un país, digo yo, donde listas con personajes imputados por la justicia por supuesta comisión de ciertos delitos no solo ganan, sino que barren al resto de partidos e, incluso, reciben más votos y apoyo que en la pasada edición de las elecciones, muestra que nuestro concepto de la democracia -como electores y como elegibles- y del respeto a ésta y a las instituciones representativas es escaso, por no decir nulo o subterráneo. Y cuando se tolera o se permite que ocurran este tipo de cosas en democracia, tan graves realmente, puede decirse perfectamente que el sistema está enfermo, que son pocos los que votan con sentido de la responsabilidad, tratando de alejar la corrupción de las instituciones y castigándola, y que se limitan a votar en masa a su partido, haga lo que haga, diga lo que diga, para imponerse a la opción contraria, para aplastarla.

El electorado, tal y como ha quedado demostrado, o al menos cierto electorado, no tiene ninguna pega al respecto, no le importan las imputaciones, ni considera que hay que esperar a que la justicia diga o aclare algo. Esto es inaudito. Que esa es otra. Esperar a que la justicia se acabe pronunciando, se deslíe, decida si procesar antes a los jueces que a los supuestos delincuentes y que se deje a éstos presentarse a alcaldes, concejales y presidentes de Comunidades Autónomas como si tal cosa. Si el propio sistema no se articula de forma que sea creíble y que funcione para salvaguardar siempre la salud democrática, ¿qué demonios se van a exigir a sí mismos los ciudadanos? Pues nada. Éstos se limitan a renegar, a quejarse de los chorizos y de los siete sueldos que cobran algunos pero, después, los respaldan. Y yo me hago cruces. Ya no sabes si es un problema de necedad generalizada, de pasotismo, de revancha al precio que sea, de escasa educación democrática...

Que la debacle del PSOE era esperada e, incluso, explicable, es harina de otro costal. No digo que sea una maravilla de opción, ni que no tenga culpa en la situación actual, por mucho que no creo que, a partir de que los nuevos cargos tomen posesión, especialmente los del PP, nos lloverán los puestos de trabajo. Dirán que hay que esperar a desalojar La Moncloa. Y cuando La Moncloa esté desalojada, ya no sé lo que será. Desalojo que está más que claro, atendiendo a la fuerza urbana del voto que el Partido Popular ha tenido en estas elecciones.

No puedo estar contento después de este proceso electoral, de ver los resultados obtenidos. Creo que es evidente que España necesita un cambio pero no el cambio que pronosticó el PP durante la pasada campaña electoral que aun, por cierto, no sé cuál es porque bien se encargan de no revelar las políticas económicas que quieren desarrollar. Hay sospechas, no obstante. Su admiración reconocida por el inglés Cameron que, como les de por imitarlo a partir del año que viene desde La Moncloa, nos vamos a enterar de lo que vale un peine.

Un cambio en las formas, en los modos de hacer política, en hacer desaparecer la zafiedad, el descaro, la sinvergonzonería, el choriceo y el aprovechamiento lucrativo que, cada vez más, vemos que parecen ser las únicas razones para meterse en política. Un cambio en la educación ciudadana, que sepa lo que es la democracia y lo que eso supone y que trate de ahuyentar a todo aquel que huela a negocio, a chanchullo, a choriceo. Una justicia más rápida, mejor articulada, que no consienta que supuestos mangantes se perpetúen en el poder, se presenten una y otra vez y sigan llevándoselo muerto. Unos políticos conscientes de que lo que hacen es prestar un servicio público y honrado, o que debería serlo. Y muchas más cosas...

Pero me da que aquello que decían los romanos de nada nuevo bajo el sol está en pleno vigor y lo va a seguir estando. Que a nadie le interesa que esto cambie, ni los ciudadanos quieren implicarse más de la cuenta en jaleos que consideran ajenos ni los políticos quieren perder poder, ver reducidos sus sueldos, despegar el culo de la poltrona cuando tengan que hacerlo o ser más respetuosos con las prácticas democráticas.

Que Dios nos de paciencia.

Después de un día entero escuchando gilipolleces e imbecilidades sobre la actualmente tomada Puerta del Sol por el llamado Movimiento 15-M, está claro que el cambio es necesario en este país de mierda. No me hace falta una jornada de reflexión para darme cuenta.


¿Cómo no se va a indignar la gente con listas electorales llenas de presuntos chorizos, con políticos con sueldazos y jubilaciones de por vida, con una ley electoral que no traduce el número de votos recibidos en el de diputados que deberían tenerse, con unos derechos fundamentales que son imposibles de disfrutar (como el de la vivienda digna), con unos bancos usureros, con unos señores que se ríen de los electores, con unos periodistas que vinculan el Movimiento 15-M con ETA, Bildu y una panda de gafapastas parados por culpa de las políticas del "indigente intelectual" de Zapatero -que tampoco es español de verdad o, al menos, de eso se queja el sr. Francisco Camps- que, encima, solo jalean contra la pobre de solemnidad de Esperanza Aguirre y ¿el periodismo? perseguido y represaliado de Intereconomía, pobres, por el socialismo atroz ante el cual España está sucumbiendo.


Yo lo tengo claro. Para las elecciones nacionales queda un año y de ellas me preocuparé entonces, que vaya usted a saber dónde estaré yo dentro de un año. Ahora me preocupan las del lugar donde vivo y las de la Comunidad Autónoma que me afecta y lo que tengo claro es que no voy a dar mi voto a un personaje como Esperanza Aguirre que, además de ser el agente exterminador del Estado del bienestar y del sector público, tampoco veo que haga nada para aplicar esa fórmula secreta que tienen en el PP para disminuir el paro. Éste es culpa de Zapatero, con sus mareados cinco millones, se quejan. Y dice que combatirá el paro en Madrid, que lo reducirá. Y yo me pregunto: ¿por qué no lo ha hecho ya? Quizá sería intelectualmente más creíble. Pero que no me haga creer que, en una España autonómica con tantas transferencias traspasadas, esta señora no tiene nada que hacer, no tiene responsabilidad al respecto en la cifra de paro.


Y en el sitio donde vivo les votaré cuando se aclare si el ahora ex-alcalde se llevó 500.000 euros de dinero público, imputado en el caso Gürtel.


Pero, a la luz de las encuestas de estas dos últimas semanas, me da que la jornada del domingo va a ser profundamente desconcertante y desencantadora. Nada de cambios, ni revoluciones, ni más juego limpio. Más de lo mismo. Si acaso, me temo, reforzará la situación actual y respaldará a algunos sinvergüenzas que conseguirán increíblemente más votos. Pero de eso, de bilis y de potas, ya hablaremos entonces.

Creo que el récord de estar más tiempo sin escribir en este blog ya lo he conseguido. Más de una semana. Y el caso es que estoy derrotado, como si hubiese corrido una carrera. Podría escribir, pienso, sobre las elecciones del domingo que viene, el movimiento de la democracia real, el terremoto que sacudió mi tierra la semana pasada o de lo primero que se me pusiera en las narices. Pero ni encuentro las palabras, ni las musas me bendicen, ni tengo tampoco muchas ganas. En cierto modo, sí que estoy corriendo una maratón o carrera de fondo pero en sentido matefórico. Una oposición es eso.

El ritmo de vida frenético que llevo, corriendo a todas partes para ahorrar minutos, luchando por las mañanas contra la fuerza de la gravedad que insiste en apoderarse de mis párpados; todas las horas de lectura y de estudio, que siempre son pocas y que te dejan el cerebro en suspenso al acabar, como si no conocieras ni a tu padre; los cantes que salen más mal que bien y la tensión semanal que mete el preparador y los compañeros que acaban de empezar como yo y aun andan perdidos o los que ya llevan varios años en el tajo y están hasta las narices, deseosos de aprobar y de saber qué día de qué mes de este año tendrán que enfrentarse al primer ejercicio. Dicen que septiembre. Hay que estar preparado para no dejarse llevar por el pánico y salir corriendo, que esto es duro.

Confieso que aun siento que estoy algo perdido, que no me he ubicado, que aun no estoy estudiando de la mejor manera y que tengo que seguir experimentando hasta encontrar mi modo. Mientras tanto el tiempo pasa, la semana se va volando, yo llego a los cantes con unos cacaos mentales de padre y muy señor mío y septiembre está a la vuelta de la esquina. Dicen que me tengo que presentar. Alego que no va a servir de nada, que me dejen tranquilo, que ya lo haré al año que viene, que me sabré todo el temario, podré escribir ensayos de actualidad y enfrentarme a la prueba de inglés. Pero no. Que me presente. Y yo solo pensando en que en septiembre, pues, tengo una cita con el ridículo supino...

En cualquier caso, de acuerdo con la filosofía del mañana será otro día, permítanme que les deje esta canción que a mi me suena mejor en catalán que en castellano.



Ya saben que el estudio, al igual que me ocurría en la carrera, despierta los instintos pasionales más escondidos. No sé por qué.

Campaña electoral. Suficiente es pensarlo y automáticamente sentirse aquejado por unas ganas inauguantables de echar hasta la primera papilla o por una diarrea de aquellas que no hace mucho tiempo eran causa de muerte.

Pero me temo que esta campaña electoral será aun peor que todas las anteriores. Bueno, ésta y la que viene, la del año que viene, me refiero. Esa también va a ser inolvidable. Por lo pronto, después de aguantar inauguraciones de infraestructuras inacabadas, los españoles de a pie tendremos que soportar a los señores implicados en las tramas Gürtel, Palma Arena y EREs andaluces, entre otros, dando lecciones de democracia y, no solo eso, sino ganando por goleada, consiguiendo más votos que en las elecciones pasadas. Eso, la estupidez que aqueja a media España y a parte de la otra, ya es como para pasarse dos noches sin dormir. Nunca, lo confieso, creo que encontraré la respuesta para explicar ese fenómeno: que un chorizo o presunto chorizo sea aclamado como el político más honrado del mundo, que reciba millones de votos y que todo se atribuya a lo de siempre, boicots y conjuras malévolas del partido contrario.

Pero ya estamos viendo que, además de eso, también tendremos que soportar ataques a los principios más básicos de la democracia como, sin duda, la división de poderes y la independencia del poder judicial en concreto. Ésta, podemos ya afirmar, no existe en España para buena parte del electorado pues, según ellos, estamos gobernados por el mal y el mal paga a los jueces para que se pronuncien a su favor.

Leo algunos titulares de periódicos y escucho a algunos tertulianos que no es que sean de extrema derecha, es que se dedican a hacer periodismo terrorista, sembrar crispación y echar mierda sobre su país con cualquier tema, dan igual los escrúpulos. No sé cómo los altavoces de la televisión no revientan de escuchar tanta imbecilidad junta en tan poco tiempo. Y no salgo de mi asombro. Esto es muy grave y nadie lo va a parar. Les veo tan mayores, algunos con carrera. Menos mal que la gran mayoría estudiaron derecho y que de ordenamiento político democrático saben o deberían saber algo. Que si no ya no sé lo que sería esto.

En fin, me parece que la campaña electoral que ayer comenzó y toda esa gentuza, son fiel reflejo de esta España zafia, abyecta, repugnante, miserable, guerracivilista, ruin y rastrera, ansiosa de poder y de someter al contrario, trasunto esperpéntico de aquellas dos Españas que siguen existiendo y que por mucho que el cadáver de Franco corra la misma suerte que el de Bin Laden y reciclen el Valle de los Caídos y lo conviertan en sala de rock alternativo, seguirán existiendo porque son consustanciales, se necesitan. De lo contrario, España se iría a la mierda, no tendría sentido, dejaría de existir.

La que se nos viene encima no es precisamente moco de pavo. A ver si pasa pronto.

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