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Mostrando entradas con la etiqueta Oposición. Mostrar todas las entradas
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Hoy me despertó el aire. El aire fresco que entraba por mi ventana ya que duermo con las dos hojas completamente abiertas y con la persiana subida, al estilo Torrevieja, ya que tengo en mi ventana uno de los mejores inventos de la historia de la humanidad: una mosquitera que guarda mi habitación de ser colonizada por seres que no tienen título de propiedad sobre la misma. Y eso, el fresquito que me daba tumbado en la cama, me recordó mis despertares en Torrevieja, donde comíamos, cenábamos, cocinábamos y dormíamos viendo y oyendo el mar, al socaire de la brisa marina, sin sudar una gota en toda la temporada.

Allí dábamos buena cuenta del verano, mi abuela y yo nos pegábamos unos veraneos que ni la duquesa de Alba en sus mejores tiempo. Me acordé de que ya es 7 de julio y de que apenas me he dado cuenta de que estamos en verano. Bien es verdad que mis veranos y veraneos eran de lo más raro del mundo, pues empezaban entre los días de San Juan y San Pedro y San Pablo, o sea, entre el 24 y 29 de junio y se extendían hasta que empezaba el curso escolar a mediados de septiembre. Tres meses en la playa. Abríamos y cerrábamos el edificio mi abuela y yo. Ya digo, veraneos de marqueses. Y recordé que, a la misma hora que estoy escribiendo esto, mi abuela y yo ya habíamos subido de darnos un largo baño matinal en el mar, nuestro baño diario, con toda la playa para nosotros y que nos disponíamos a desayunar un plato que rebosaba de tostadas de tomate, aceite y sal.

Así hasta prácticamente 2008. Los dos veranos siguientes fui a Torrevieja pero menos tiempo, la Tesina, los estudios, el estar desubicado allí, etc., me lo impidieron. Este año, con la oposición, me habría ocurrido lo mismo. Habría ido pero poco tiempo. Ahora sí que no voy a ir de ninguna de las maneras pero, como suelo decir, los recuerdos saltan ante la más mínima tontería y nos ponen del revés o, en su caso, se disponen a amargarnos el día. Voy a probar a ver si con una buena ducha se van por el desagüe.

El caso es que no parece que sea verano. Yo sigo aquí, en mi casa de siempre, pasando el verano en un sitio donde no estoy acostumbrado a hacerlo, desubicado, un poco perdido y sin pretensiones de irme a ningún sitio ni de oler el mar en mucho tiempo. Aunque parezca una tontería, esto es nuevo para mí. ¡Un verano entero en Madrid! Ni en mis peores pesadillas me lo podría haber imaginado hasta hace unos meses y no digamos cuando me iba a Torrevieja con mi abuela, que siempre me compadecía del calor que se quedaban los demás pasando aquí. ¡Con lo que yo he presumido de apartamento en la playa! Ahora soy yo el que vive los veranos en Madrid y el que se jode y aguanta porque las cosas tienen que ser así y de poco vale rebelarse contra ellas o enfadarse y no respirar. Y mis vecinos están todos. Los veo por mi ventana abierta de par en par. No se ha ido ni uno. Será la crisis, será que quieren ahorrar, será que están jodidos como yo, será que se van pocos días y no da tiempo a darse cuenta de que no están.

Pero, ya digo, es verano y parece que todo está igual que en invierno.

Creo que el récord de estar más tiempo sin escribir en este blog ya lo he conseguido. Más de una semana. Y el caso es que estoy derrotado, como si hubiese corrido una carrera. Podría escribir, pienso, sobre las elecciones del domingo que viene, el movimiento de la democracia real, el terremoto que sacudió mi tierra la semana pasada o de lo primero que se me pusiera en las narices. Pero ni encuentro las palabras, ni las musas me bendicen, ni tengo tampoco muchas ganas. En cierto modo, sí que estoy corriendo una maratón o carrera de fondo pero en sentido matefórico. Una oposición es eso.

El ritmo de vida frenético que llevo, corriendo a todas partes para ahorrar minutos, luchando por las mañanas contra la fuerza de la gravedad que insiste en apoderarse de mis párpados; todas las horas de lectura y de estudio, que siempre son pocas y que te dejan el cerebro en suspenso al acabar, como si no conocieras ni a tu padre; los cantes que salen más mal que bien y la tensión semanal que mete el preparador y los compañeros que acaban de empezar como yo y aun andan perdidos o los que ya llevan varios años en el tajo y están hasta las narices, deseosos de aprobar y de saber qué día de qué mes de este año tendrán que enfrentarse al primer ejercicio. Dicen que septiembre. Hay que estar preparado para no dejarse llevar por el pánico y salir corriendo, que esto es duro.

Confieso que aun siento que estoy algo perdido, que no me he ubicado, que aun no estoy estudiando de la mejor manera y que tengo que seguir experimentando hasta encontrar mi modo. Mientras tanto el tiempo pasa, la semana se va volando, yo llego a los cantes con unos cacaos mentales de padre y muy señor mío y septiembre está a la vuelta de la esquina. Dicen que me tengo que presentar. Alego que no va a servir de nada, que me dejen tranquilo, que ya lo haré al año que viene, que me sabré todo el temario, podré escribir ensayos de actualidad y enfrentarme a la prueba de inglés. Pero no. Que me presente. Y yo solo pensando en que en septiembre, pues, tengo una cita con el ridículo supino...

En cualquier caso, de acuerdo con la filosofía del mañana será otro día, permítanme que les deje esta canción que a mi me suena mejor en catalán que en castellano.



Ya saben que el estudio, al igual que me ocurría en la carrera, despierta los instintos pasionales más escondidos. No sé por qué.

No sé si Ricky Martin tendrá mucha idea de lo que es vivir la vida loca. El caso es que es una de las canciones que le han hecho famoso. En caso de que no lo sepa, yo podría darle unas lecciones pues eso es lo que estoy haciendo desde hace unas semanas: vivir la vida loca.

Y lo curioso es que me gusta, me hace feliz, me siento bien. Madrugo, de hecho, con gusto aunque todos los días, para mí, sean iguales y tenga que madrugar. Porque en eso consiste la vida del opositor, en que se tiene que someter a los mismos horarios siempre y hacer siempre lo mismo, con pocas excepciones y concesiones al ocio. No puedo decir que esté mano sobre mano, todo lo contrario. Si no estoy estudiando, estoy en la academia. Si no, estoy correteando por Madrid, entre facultades y bibliotecas sacando los libros que cada grupo de temas requieren consultar o yendo y viniendo por las calles del lugar donde vivo en busca de la fotocopiadora perdida, del clip mágico o del tesoro del boli subrayador de punta gorda.

Pero hay días que uno nota que el cuerpo se queja, no colabora. Será que no todos los días se puede tener el mismo rendimiento, ni obtener los mismos resultados. Eso lo llevo viendo todas estas semanas. Y no es cuestión de que apetezca o no, es que el cuerpo dice y tú haces arreglado a lo que te deje. Hoy es uno de esos días raros. Me duele la cabeza. Así que, por aquello de seguir avanzando, dejaremos el ejercicio mental fuerte para mañana y nos pondremos a leer hoy los dossieres de actualidad que, aunque requiere ejercicio y concentración, es algo más liviano y llevadero.

Y así transcurre la dura vida del opositor, a trancas y barrancas, adaptándose a lo que cada día trae y tratando de avanzar y de oponerse a las fuerzas oscuras del abismo que amenazan con restar la concentración o, incluso, abstraerte del estudio como, por ejemplo, los right royal pain in the ass del 1444, un teléfono de Vodafone, que ya me han llamado cinco veces en lo que va de día desde las diez de la mañana. Y yo colgándoles porque, cuando se lo cogía las primeras veces hace ya meses, nunca contestaba nadie. Ya está bien, joder, ya está bien.

Es curioso, me llevo fijando tres días, el poder de nuestras cabezas para almacenar, condensar, traernos y recordarnos todo tipo de información e imagénes que no nos sirven más qe para distraer la atención de lo que estamos haciendo. Y me resulta gracioso que cuanto más esfuerzo mental tienes que hacer, más tonterías, absurdeces, recuerdos, imágenes, etc., se te vienen a la memoria.

Estudiar una oposición no es fácil. Y si esa oposición es para alto funcionario, para directivo público, pues apaga y vámonos. No hay horas suficientes al cabo del día para estudiar los temas, leer dossieres, practicar inglés, repasar la actualidad de cada día, leer secciones de opinión de los periódicos y recorrer bibliotecas en busca de los libros más útiles sobre materias que más o menos te suenan o que directamente desconoces. Depende del bagaje de cada uno. Es un enorme esfuerzo mental, requiere mucha fuerza de voluntad para hacerlo con ánimo y tesón y hay noches que acabas con los plomos fundidos y a la mañana siguiente no queda valor para salir de la cama porque el cansancio es terrible.

A lo que iba, que se me pasan los quince minutos de descanso... Estudio al lado de mi ventana y veo el cielo azul claro y precioso. Entonces me acuerdo de El Retiro y de las parejas que seguramente estarán besándose sobre el césped o en el estanque grande y sus barcas, tomando el sol, sin camisetas o de manga corta, felices, sin preocupaciones. O eso parece porque nadie es feliz del todo, todos tenemos algo de amargura. Y el que lo niegue, miente como un cosaco. Puede ser que también me acuerde de todos y cada uno de mis amigos y piense qué estarán haciendo ellos, seguro que disfrutando del fin de semana y la envidia me corroe. Y, encima, para terminarlo de arreglar, hoy es el cumpleaños de mi mejor amiga, al que espero poder asistir si me quedan fuerzas y si nada ni nadie se confabula en mi contra. Una amiga se fue al campo. También me acuerdo de mis charletas por Facebook con Leo, mi amiga de Telde, con la que no puedo hablar porque entonces sí que no estudiaría nada. Hay que ponerse serios. Pero me acuerdo de sus mensajes, de sus buenos días y buenas noches, de sus vídeos de música. De todo. Y de todas las demás: Amelia, Marta, Marisa, etc. Veo que mis padres se van a la vía verde, a andar por las tardes, y siento que mis pies sienten una fuerza irresistible para salir a la calle. Con el buen tiempo que hace... Pero no puede ser, lo combato como puedo. Abro la ventana y aun no hace un calor sofocante, se está muy bien. Y si hiciera mucho calor, encendería el aire acondicionado, que para eso se puso hace ahora un año. Que en algo se note la reforma de la casa.

Pienso si alguien habrá actualizado su blog y, al mismo tiempo, me digo que no tengo tiempo para comprobarlo. Salgo al pasillo a ventilarme o a lo que antes era la terraza del salón para coger aire puro y descansar y que mi cara no adquiera forma de tocho sobre teoría política, que bastante tiene con la forma que ya de por sí tiene. Y veo a la chiquillería jugando en la calle, a sus madres comiendo pipas en los bancos de la urbanización a la sombra, al fresco. Quién fuera ellos para estar tan desocupados y pasar un auténtico día de sábado o de domingo, sin hacer nada, que aun no sé lo que es.

Me encuentro con la tortuga de mi hermana, que patalea feliz en su acuario, con la única preocupación de cazar las gambas que se le echan para comer. Cuando me mira, tuerce la cabecita, del tamaño y forma de un hueso de aceituna. Parece que ya me conoce y patalea más fuerte, como si me quisiera decir algo. Yo solo te puedo contar algo sobre derecho romano, pienso, y qué más quisiera que estar como tú, bañándome en tanta agua y sin tener estos sudores espantosos que me sobrevienen cada vez que empiezo un nuevo tema y que no sé ni por donde coger. Y ella me mira como diciendo "si supieras lo divertido que resulta llevar todo el día la casa a cuestas como yo, no dirías eso", tonto del haba. Aunque, bueno, lo mismo después de mirar los 160 temas, los tochos, los dossieres y demás cosas que tengo que desentrañar, estudiar y leer, prefería y todo quedarse con la condena de vivir acarreando su casa y chapoteando sin parar.

Y ya van dos temas. De 160. Eso no es nada pero téngase en cuenta que empecé con ellos entre el jueves y el viernes, hace dos días. Y que los tengo que estudiar completándolos con la información de varios libros, si es que pretendo aprobar. El martes los canto. Y, así, los martes de cada semana. La primera vez que hago eso. Veremos a ver si los cantaré o si, mejor dicho, daré el cante. El martes saldremos de dudas.

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