Papolatría y la JMJ.
8 guarrindongos tienen algo que decir Publicado por JotaEfe a 8/19/2011 08:45:00 p. m.Bueno, bien pensado, debemos decir que el comportamiento de la Iglesia y su jerarquía y el de las empresas patrocinadoras del evento que esta semana se está celebrando en Madrid no se atiene mucho al mensaje evangélico, ni a la moralidad. Y esa es una de las cosas que más chirrían. Que unos inmorales, véase el caso de los bancos y cajas de ahorros, paguen un acto religioso donde se proclama todo lo contrario.
Pero hay otra. Si nos fijamos, el Papa siempre está rodeado de jóvenes. Jóvenes que parece que están más bien ante el escenario de un concierto de Justin Bieber, ese niño que canta con voz de gato afónico. No hay más que verlos. Baja el Papa del avión, se pasea en su Papamóvil, se pasea por la calle Alcalá o llega al Vía Crucis y la gente se pone como loca. Ayer en el telediario pudimos observar a varias jóvenes sollozando, temblando o sin poder articular palabra después de que el Papamóvil pasara por delante durante medio segundo. Hoy, lo mismo. Y, además, monjas haciendo la ola. Que queda de lo más chic. Para que luego digan que la Iglesia no sabe adaptarse a los tiempos modernos y resulta que tenemos a las monjas más cachondas y divertidas del globo. Y algunas que no habían salido del convento desde que entraron en él, oiga, que ya tiene mérito ser tan dicharacheras.
O sea, se comportan como si en lugar de ser el Papa el que está pasando por delante de sus narices fuera Michael Jackson, Justin Bieber o cualquier otro. Es decir, podríamos decir que igual que los admiradores de éstos padecen de idolatría porque los convierten en su objeto de culto cuando en verdad se trata de personas tan limitadas, tan imperfectas, tan pecadoras, tan erráticas, tan desastrosas, etc., como cualquiera; los fans del Papa padecen de papolatría, pues les ocurre lo mismo, hacen con el Papa lo mismo que con Justin Bieber.
Lo estamos viendo en Madrid. Aparece y las masas se exaltan, se desmayan, se emocionan, lloran y hasta infartan. Luego, pasados los minutos, se tranquilizan y hasta, diría, importa poco todo lo que haga o venga después. El caso es desgañitarse, hacer la foto, que me mire el Papa. Y poco más. Lo de sacarle provecho espiritual al evento..., eso se queda en segundo plano o para Rita la cantaora. Se grita, de hecho, "esta es la juventud del Papa", no la de Jesucristo, que sería lo suyo, como si el Papa fuera una estrella de rock y tuviera sus fans.
Ello me hace recordar un artículo que leí hace un par de días, firmado por Juan José Tamayo, teólogo. En él refiere el siguiente pasaje del I libro de los Reyes sobre el profeta Elías:
"Tras 40 días y 40 noches vagando sin rumbo, el profeta llega al monte Horeb y entra en una gruta donde pasa la noche. Dios le pide que salga de la cueva y permanezca de pie en la montaña porque va a pasar Él. Primero, vino un viento fuerte e impetuoso, pero Dios no estaba en el viento. Luego pasó un terremoto, pero Dios tampoco estaba en el terremoto. A continuación, apareció un fuego, pero Dios no se encontraba en el fuego. Por fin llegó el susurro de una brisa suave y ahí sí se encontraba Dios" (1 Re 19, 9-14).
Y nos pregunta:
¿Se encontrará Dios en los actos de papolatría de la JMJ?
Para leer más: reclamaciones, Reflexiones
Resulta que ayer, de repente, sin venir a cuento, me acordé de una chica. ¡Qué habrá sido de..., llamémosla X! Una muy buena chica. No tuve mucho contacto con ella, apenas dos o tres días sueltos de hace tiempo pero supe distinguir que era muy buena, muy sensata, buena conversadora, sencilla, muy inteligente. Me dio buena onda y, desde entonces, intercambiamos muchos o algunos mensajes, nos escribíamos a menudo e hicimos alguna que otra intentona para quedar.
Pues bien, decido escribirle. La última vez me dijo que se quería desconectar, dar un tiempo, desaparecer. Nos despedimos hasta no sabíamos cuando. Las cosas de la psique van despacio. Y yo, confiado en que ya estaría perfectamente, con su vida rehecha y feliz, me animé a mandarle unas letras a modo de saludo, para retomar el contacto, por gusto de saber de ella.
Me responde al poco rato, muy educada, agradeciéndome el interés, contándole que le va realmente bien y pidiéndome que no la escriba más. Que sabe que no es justa conmigo pero que es lo que hay, que no quiere tener contacto con nadie que le recuerde a cierta persona. Un cerdo disfrazado de galán, palabrería barata pero adaptada a lo que se quiere oír, polla poderosa no por lo que ésta vale, que no vale nada, sino porque no piensa con otra cosa, creyendo que es viril y no siendo más que mero aparato expulsor de esperma.
Me quedé a cuadros. No tengo nada que ver con dicho personaje, Dios me libre. Yo soy de marca mayor. Y ella lo sabe. Solo pretendía retomar el contacto y la amistad en el punto en que se quedó porque sinceramente era una persona que me merecía la pena reencontrar. Bien sabe ella que no pretendía, ni pretendo, hurgar en herida alguna. No me esperaba esa respuesta. Desde luego, no es justa. No la merezco. Ni es justo tomarse la molestia en escribir a alguien y que la respuesta sea, por favor, no me escribas más en tu vida. Pues vaya agradecimiento. Por otro lado, si cada vez que me han hecho daño, me enfadase no solo con la persona causante del mismo sino con quien me la/o recuerda..., pues apaga y vámonos. Estaría solo en el mundo. Y no. Me enfado con una persona y conservo a quien me merece la pena, sea amigo de quien sea. De hecho, siempre digo que estaré eternamente agradecido a todos "mis enemigos" que me presentaron gente que, hoy por hoy, son grandes amigos míos. Hay que saber distinguir. Comprendo que haya tenido que sufrir mucho pero estoy harto de que los no responsables de nada paguemos por los responsables, máxime cuando se trata de gente despreciable, que piensa con la polla, va como el culo y arrastran a quien se ponga por delante. Terroristas emocionales. Bufones de los sentimientos.
Aun así, no le voy a guardar rencor. Respeto su decisión aunque me parece un lujo que una persona te escriba, tenga contigo un detalle bonito y no haya piedad con él/ella. Cosas así no pasan todos los días, ni muchas veces en la vida. En fin. No la escribí, ni lo pienso hacer. Lo siento porque no me da la oportunidad de conocerla mejor, de seguir tratándola. Ni, por supuesto, de que ella me conozca. No se iba a arrepentir, que ya va siendo hora de creérmelo un poquito. Como hacen los demás.
Le deseo lo mejor. Y que viva a su modo, como quiera y con quien le plazca, sin darle importancia a quien no la merece y ponderando mejor aquellas situaciones que quizá habrían valido la pena. Un consejo para la próxima vez.
Para leer más: Amigos, Quejas, reclamaciones
Y llevo varios días entrando en el blog para publicar los comentarios que generosamente me dejan ustedes y viendo eso de "199 entradas publicadas por última vez el 25-julio-2011" en la cabecera del blog y dándole vueltas a cómo podría yo "celebrar" tal plusmarca. Decliné, en un primer momento, hablar de cosas de actualidad porque aunque tengo que estar puesto en ellas por obligación, la verdad es que no me apetece pensar en ellas en los ratos de asueto. Ni venían a cuento. Las monsergas y los mitines para los políticos, ahora que nos acecha una nueva campaña electoral. Preparen el Almax Forte y la sal de frutas -sabor naranja para mi, por favor-, seguro que nuestros estómagos los van a reclamar más de un día para digerir empachos de patochadas. Por otro lado, no me pareció conveniente darle bombo al luctuoso hecho acaecido entre ayer y hoy por el cual los españoles nos hemos quedado sin abuela. Algunos no la tenían de antes, eso por descontado. Pero me refiero a los españoles como colectividad popular, no como individualidades, al producirse el fallecimiento y posterior entierro o incineración -que no sé- de la abuela de Belén Esteban, a la sazón "abuela del pueblo" y/o de "la princesa del pueblo". Hecho noticioso dado el cargo que ostentaba, aparecido en periódicos, telediarios y que me hace pensar en qué tiene de especial esta abuela como para salir por televisión. ¿Por qué no salió la noticia de la mía?, ¿Por qué no se dedica un programa diario o semanal a abuelas difuntas y nietos dolientes? Está claro que para el afectado de turno como su abuela no hay ninguna pero, joder, no entiendo por qué la verdulera de la nieta de esta señora es más que yo, ni su abuela más que la mía.
¿Ven? Lo que les decía..., tráiganme un vasito de sal de frutas que yo ya lo voy necesitando. Y eso que no he hablado de política.
El caso es que para contrarrestar tan nocivos efectos y pensar en cosas positivas y que me alegran los días, estas 200 entradas las dedico a ustedes y a mis amigas. Curiosamente son amigas. Será que sé dónde elegir y que tengo ojo de galán empedernido, espada desenvainada y ojo avizor. Concretamente a esas que hacen que cada mañana o cada tarde, depende del día, encienda el ordenador para ver si me han escrito algún mensaje, si me han dejado alguna canción en Facebook, si han continuado el cachondeo en alguna conversación tonta en la misma red social o si me proponen quedar o me han respondido a alguna propuesta que yo les haya hecho el día anterior, haciéndome dormir con la gustosa incógnita de si les veré esta semana o la que viene, de si escucharé sus canciones o si nos reiremos de alguna chorrada mañana. Porque consiguen hacer de algo tan incómodo como estar pegado a un ordenador, que ahora con los calores del verano y los que de por sí desprende el trasto, se lleva aun peor, algo fantástico, divertido. Son mis chicas y, aunque muy pocas se dejan caer por estos lares, hoy me di cuenta de que son parte responsable de que todos los días encienda el ordenador y, por tanto, entre otras cosas, me de por escribir aquí de cuando en cuando.
Porque, como dice la canción, "tu calor se me agarra y me llenas el alma de luz y rocío". Justo lo que a mi me pasa.
Un engaño masivo.
8 guarrindongos tienen algo que decir Publicado por JotaEfe a 7/09/2011 07:05:00 p. m.Pero yo ando preguntándome estos días que si, por ejemplo, mi abuela vive cómo es que no viene a verme. Mejor dicho, cómo es que no se me manifiesta. No pretendo que venga en cuerpo y alma porque en eso no consiste la doctrina de la Iglesia al respecto, pero sí que se me manifieste de alguna forma "evidente". Se me antoja que con lo que ella se preocupaba por mi, porque diera con una buena chica con la que casarme, porque encontrara un buen empleo, porque fuese autosuficiente y no dependiese de nadie, porque llevase una buena vida "de mayor", porque no engordara y porque me cuidara para que no me pasara lo mismo que a Mengano o a Zutano y porque llevara siempre bien cosidos los bajos de los pantalones, es imposible que no haya hecho acto de presencia a mi alrededor, que se haya mantenido en su segundo plano, en el Cielo, sin interferir, sin nada que decir, sin preocuparse por mi en definitiva.
Me dirá la Iglesia que está descansando, que después de toda su vida tiene derecho a hacerlo y a pasar olímpicamente de los que aquí quedan. Que les importamos un pimiento y que ahora ellos son plenamente felices, han alcanzado la plenitud, no están atados a nada. Quizá no ocurra como dice la Iglesia que ocurre. Fíjense ustedes dónde estarán los millones de almas que han vivido ya y que esperamos encontrarnos en la otra vida. Aquello debe ser horrible, peor que el Metro. Y sin duchas para asearse. Aunque solo fuera por huir de aquello, yo me bajaría a la Tierra un ratillo a dar el tostón a los de abajo. ¿Todos esos millones de personas van -vamos- a resucitar en cuerpo y alma?, ¿Dónde vamos a caber?, ¿Cómo nos vamos a organizar? Si el mundo, con los millones de habitantes que actualmente tiene es inhabitable, no quiero yo pensar en la vida del Paraíso. Tumultuoso Paraíso. Supuesto paraíso porque eso no va a ser vida.
Mentiría si dijera que no noto la presencia de mi abuela, pero es una presencia fugaz. Que puede ser ella o no ser, o sea, ser una cosa que no tenga nada que ver. Una ráfaga de aire, un movimiento extraño, un deslumbramiento, una idea que me surge de repente, una voz que surge de lo más profundo de mi ser, una idea, un "no hagas esto" interior, un "lánzate por aquello" igualmente interior. No sé si me explico. Pero me resulta insuficiente. Quizá todo sea muy simple y no se pueda comunicar de otra manera más que enviando ese tipo de señales, poniéndome cosas delante más o menos inesperadas, haciendo que me fije en cosas que pasan en principio de pasada o poniendo atención a que las perneras de los pantalones vayan siempre perfectas y no hagan bolsas.
Creo que eso que nos dice la Iglesia no puede ser tal. Si no, encuentro de género tonto que nuestros difuntos no se pasen a vernos por aquí, no nos hablen, no se comuniquen. ¡Con lo que se preocupaban y discutían con nosotros! Que al morir nos convirtamos en otra cosa, no digo que no. Yo creo que sí pero no sé en qué. Pero algo. Yo lo noto. Pero también noto que es algo diferente a lo que la Iglesia nos ha dicho.
Para leer más: Abuela, Quejas, reclamaciones, Reflexiones, Sentimientos
¿Y a qué me refiero? A que cada vez se cuestiona más mi manera. Sí. Mi manera de hacer las cosas, mi manera de ver la vida, mi manera de comportarme, mi manera de reaccionar, mi manera de negarme a esto o a aquello, mi manera de amar o de conquistar, mi manera de argumentar esto o aquello, mi manera de desprenderme de este o de aquel, mi manera de ir por la vida, mi manera de tratar a la gente o mi manera de dejarme hacer. En fin, todo es criticable.
Y lo es, lo de criticable, digo. Pero no entiendo ese afán que va más allá de la crítica sana y que pretende imponer su punto de vista sobre el tuyo. Debe ser terrible la fuerza que impele a las lenguas a afearme esto o aquello, a decir a los demás cómo soy o cómo me las gasto con objeto de que alguien desista de su intento de convercerme, de que alguno de por supuesto que algo no me va a gustar por soy tal y cual, de que se piense que mi negativa no se debe a un motivo sino a una excusa para tratar de quitarme de encima algo engorroso o alguna propuesta que no me gusta.
Puede que sea imposible de evitar pero, lo juro, a mí eso nunca me ha pasado. O, al menos, no lo recuerdo. Yo quiero que me respeten y, por tanto, tengo el máximo respeto por las formas, modos y maneras de hacer las cosas que tienen los demás. Puedo opinar sobre lo que veo o lo que creo que hace una persona, sobre los motivos que le llevan a hacer esto o aquello o acerca de la reacción que creo que va a tener. Pero nunca pontificar, nunca criticar, nunca tomar conclusiones en nombre de los demás, ni preveer lo que él o ella va a hacer en virtud del "yo creo que le conozco demasiado".
Yo puedo ser como sea, reconozco que tendré miles de defectos, de algunos me doy cuenta y otros serán más visibles para los demás que para mí mismo. Eso como a todo hijo de vecino. Pero lo acepto todo. Todo hasta que considero, lógicamente, que tal o cual cosa, actitud, persona, etc., me molesta o me perjudica. Entonces no lo acepto y lo mando a la mierda o pongo todos los medios para evitar que me provoque malestar. Puede que mis razones no sean las mejores para hacerlo o que el diablo me ciegue y me haga tomar decisiones apresuradas y de las que luego me arrepentiré pero, por lo menos, lo hago a mi manera.
Y ese, creo, es el problema. Que me gusta demasiado hacer las cosas a mi manera y, en cierto modo, tener una personalidad tan marcada y vivir de acuerdo a ciertos principios -que pueden gustar más o menos al común de los mortales pero que son míos y solo míos y mi vida adquiere sentido en torno a ellos y no se hable más-. Tener un territorio tan definido en donde los límites los tienes perfectamente establecidos y pretender que todo el mundo los respete o, si no, imponerlos por la solemne jurisdicción del "por que sí", eso, creo, molesta. O no se entiende. Y todos tratan de convencerte de que des una tregua, de que hagas algo que no te convence, de que lo aceptes. So pena de que, luego, podrá alguien acusarte de que le jodes el vacilón al personal, de que cortas el rollo y de que eres un tal y un pascual. Y ellos, tan satisfechos. Han pontificado. Han dejado las cosas claras. Se han lavado las manos, la culpa de que el plan no funcione es tuya o de tus sacrosantos principios.
Pero es, en definitiva, mi manera. Y, lo siento, pero lo seguirá siendo.
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Cuántos jóvenes hay que no pisan una iglesia o que incluso la combaten vehementemente y se pasan los mandamientos, los preceptos de la iglesia y sus consejos en materia de sexualidad y de vida por el forro de los nacasones enarbolando la bandera de la modernidad y luego no son capaces de irse a vivir juntos sin pasar previamente por el altar. O sin pasar delante de la Virgen, a moco tendido, el día de la patrona o patrón. O sin ser más papistas que el Papa. O sin bautizar a sus bebés, sin inscribirlos en catequesis o sin vestirlos de marineritos horteras el día de la Comunión. Inconcebible para mi. Inconcebible que una pareja no pueda vivir un tiempo independizada, en su casa, sin necesidad de casarse, hoy en día que está todo permitido, ahondando más en ellos y comprobando si están hechos, entre otras cosas, para la vida en común.
Pero aun hay algo más que me llama la atención. Pónganse en situación. Se van los padres de casa. Automáticamente, como si estuvieran escondidos detrás de la puerta esperando a que aquéllos se fueran, se acciona un resorte que hace que aparezca la pareja del hijo o de la hija de aquéllos pertrechado con una maleta donde porta hasta el pijama y las pastillas del dolor de cabeza. O sea, se viene a pasar la temporada, los días que sean. Pretende quedarse a dormir. Y se queda. Y no lo hace en la cama de la novia o del novio, sino que duerme todos los días -ni uno se salva- en la cama de los padres, cual matrimonio bien avenido. Me van a perdonar pero no lo entiendo. A mi es precisamente lo que menos me llama en una relación de pareja. Dormir con mi pareja. Será que soy muy especial, puede ser, pero me gusta disfrutar de "mi libertad" todos los años que yo pueda, disfrutando del enorme placer que supone dormir solo, toda la habitación para ti, con la televisión solo para ti, o la radio, o el ordenador, solo ropa tuya y, sobre todo, ningún tipo de ruido o movimiento que soportar. Solo los tuyos.
Por lo que veo entre mis amigos y allegados, las parejas se mueren porque sus padres se larguen de casa y se puedan meter bajo sus sábanas. Por supuesto, sin el permiso de nadie y sin pensar en que, quizá, alguien más a parte de ellos se queda en casa y a ese alguien no le resulta de buen gusto tener que compartir su vida, sus días y sus noches, sus despertares y sus comidas y sus cenas, sus cuartos de baño, su ducha y todo lo demás, con un casi perfecto desconocido. Acabas hasta los cojones, con perdón. Y eso no es bueno. Uno se cohíbe en su propia casa mientras el extraño se pasea por ella, cocina, duerme, viene y va como si fuera su casa. Y en su casa ya ni se acuerdan de sus rasgos faciales. Algo no funciona. Un término medio, por favor. Cohibido, les decía, por dos modernos rompe-moldes que se empeñan en repetir lo que hacen sus padres, en lugar de llevar una vida natural, verse un rato y largarse a su casa. Y si surge quedarse a dormir en casa, que duerman en su habitación, no ocupando media casa para ellos solos. Así es como yo lo concibo. A mí me gusta estar con mi pareja pero también echarla de menos, que también es algo bonito y, sobre todo, vivir con la alegría de saber que aun me quedan cosas por descubrir de ella y por vivir con ella. Porque si en tan poco tiempo lo conozco todo y lo vivo todo tan rápido, qué más me quedará por descubrir en los meses siguientes. No me extraña que luego vengan las rupturas, los desengaños, las desilusiones, el se me acabó el amor de tanto usarlo y que en lugar de ir soportándose y conviviendo más y mejor, paso a paso, poco a poco, la gente de hoy en día tienda a darse mucho al principio, a vivirlo todo de golpe, para luego, cuando aterrizan en la vida real, acabar como el rosario de la Aurora. Ni los estornudos se soportan. No me dirán que son ganas de hacerlo todo al revés y mal...
Reconozco que yo no soy amigo de tomarme muchas confianzas y que si alguien entra en mi mundo tomándoselas, empieza con muy mal pie conmigo. Claro que yo entro en casas de amigos y hasta a veces he dormido en ellas, pero pidiendo permiso hasta para poder beber agua y sin hacer nada a escondidas de nadie, sin meterme en casa de nadie como Pedro por su casa y sin condicionar a los que allí viven de continuo. No me he visto nunca abriendo armarios de cocinas que no son mías, usando duchas ajenas o mirando armarios y cajones en la habitación de los padres de mi pareja. Es más, me voy cuanto antes y recojo todo lo que por mi culpa se ha puesto por en medio. Y en las relaciones que yo he tenido, tanto de amistad como de algo más, nunca me ha dado por meterme en casa de nadie, aun estando a solas, pues dormir es lo que menos me llama la atención de una relación. Dormir es muy aburrido. Efectivamente, prefiero otras labores antes que dormir, soy ardoroso y me enciendo rápido, aunque no hasta el extremo de mis amigos valencianos de Badoo, pero en ningún caso tomándome las confianzas que algunos se toman en casas ajenas, ni sobrepasando los límites de mi habitación.
En fin, que para ser moderno hay que serlo, no solo parecerlo o decirlo. Y precisamente retroalimentando las mismas costumbres de siempre, imitando a nuestros mayores, repitiendo sus mismas costumbres y horarios, invadiendo su espacio cuando ellos no están y tomándoles como referente para todo, no se es precisamente moderno. Más bien todo lo contrario. Son más de lo mismo aunque a los modernos les pese.
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Noches toledanas.
14 guarrindongos tienen algo que decir Publicado por JotaEfe a 3/15/2011 01:11:00 a. m.El caso es que daba vueltas en la cama y, cuantas más vueltas daba, más molesto me encontraba. Enseguida localicé el origen de la molestia. Mis brazos. Sí, mis brazos.
Me molestaban de todas las maneras y posturas. No sabía dónde meterlos. Qué sensación más fea. Es como si se tratara de dos apéndices inútiles que mi cuerpo arrastraba y que me molestaban para darme la vuelta, para acomodarme o para conciliar el sueño. Se me hacían enormes, pesados, largos. Como si se dos sacos de patatas de diez kilos cada uno se tratase. Si me colocaba boca abajo no sabía como ponerlos, si los sacaba fuera de la superficie de mi colchón sentía frío, si los ponía por encima de la cabeza se me dormían, si me ponía boca arriba no sabía dónde colocarlos e intantando dormir de lado aquello se me hacía insufrible. Qué ganas de que fueran desmontables. De que se pudieran quitar, dejar sobre el escritorio o dentro del armario y, a la mañana siguiente, volvérselos a poner para seguir usándolos.
Veremos a ver esta noche, que pinta toledana. Japón y la cosa nuclear se están encargando de ello. Explosión en el reactor dos de la central de Fukushima hace un rato y, al parecer, un escape de sustancia nuclear al exterior al haber sido afectada la vasija de contención del reactor. Aun no se sabe lo que ha ocurrido o si la vasija está efectivamente rota pero, por las caras de los japoneses que aparecen en la pantalla, nos podemos temer lo peor. La NHK, la televisión japonesa, está retransmitiendo todas las novedades en directo. Se ha pedido ayuda a EEUU. Se suceden en dicha televisión las ruedas de prensa de encorbatados japoneses, supongo altos cargos y portavoces relacionados con la gestión de esta crisis. Se enfoca a la central. La imagen es tétrica. Se pide que nadie salga de su casa y que, si lo hacen, lo hagan con la boca tapada. Como si eso fuera a evitar la radiación a los que viven allá, pienso para mis adentros. Evacuaciones. Escucho la tasa de radiación emitida que se mide en unos términos que yo no entiendo. Ni quiero entender. El triple, el séxtuple. En cualquier caso, un gran desastre.
Siento miedo. Me siento una mierda, indefenso, desprotegido, superado por el mundo, por la naturaleza, por la nube nuclear que siento que se ciñe sobre nuestras cabezas. Ahora sé lo que sentían las hormigas o mariquitas cuando nosotros, de niños, en el recreo del colegio, nos dedicábamos a recoger. Les debíamos parecer gigantes. Me siento nada ante un algo que me resulta inabarcable, incomprensible, espantoso, imparable y mucho más poderoso que yo. Japón está lejos, dicen. Pero eso no me consuela. Aquí al lado prácticamente hay varias centrales nucleares. Todas muy seguras, se encargan de decir en la televisión. Seguras hasta que dejan de serlo, como todo, mira tú.
Me siento un pelele -con futuro incierto o quizá sin futuro- en manos de no sé muy bien qué. El ser humano, ese Homo inteligente y sapiens, lo ha sido tanto que se ha preparado y diseñado a su gusto su propio final. Ha creado un mundo donde no se puede vivir. Para dar cumplimiento a la Escritura que profetizó que con nosotros no acabaría ni Dios. Que de eso ya nos encargábamos nosotros solos.
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No celebré el mundial, ni puñetera gana que tenía de celebrar nada porque yo nunca celebro nada. Pero, y ahí vamos al nudo del asunto, como buen español que soy me olía lo que iba a pasar y por eso, para que luego la conciencia no me mortificara, no me dejé llevar por esas manifestaciones de júbilo, coge la bandera española o un trapo con los mismos colores, póntela de falda, pásatela por el culo, coge una trompeta del demonio, sácate la televisión a la terraza, da por culo al vecindario y métete en una fuente. Para escribir un tratado sobre la gilipollez humana.
El caso es que salgo a la calle, lo cual ocurre desgraciadamente todos los días, y vuelvo que ni dos paquetes de Tranquimazin pueden conmigo. Chorizos y mangantes por todas partes, gente quejándose de que está en paro acá y acullá, un Gobierno poniendo más difícil nuestras jubilaciones y suspendiendo todas las ayudas a las que podían agarrarse los parados o los que se acaban de comprar un piso por no hablar de la subida del IVA. Tramas Gürtel, Palma Arena en Baleares y la de los EREs de Andalucía, concejalas que se quejan de que los coches que contaminan son los Audis que usa el Gobierno y luego las pillan yéndose a la peluquería en coche oficial. O consejeros de transporte que no tienen ni pajolera idea de lo que es un Metrobús de 10 viajes. El país de los sueldazos para los diputados y políticos en general, donde se permite que éstos tengan dos, tres y hasta cuatro retribuciones, donde ellos mismos fijan sus sueldos mensuales y, sin necesidad de haber cotizado tanto como nosotros, tienen garantizada la pensión completa cuando se jubilen. Y lo de haber trabajado 38 años y medio les sonará a cirílico.
El país de las prohibiciones, que ni fumar de mentira en obras de teatro se puede ya y donde, al mismo tiempo, aparece un insurrecto diciendo que va a dejar fumar en su establecimiento y van y le cascan una multa de no recuerdo cuántos cientos de miles de euros. A este paso, para follar va a haber que hacer una derrama e instalar paneles solares en la azotea por si a alguien le gusta hacerlo por la noche con la luz encendida y no tire de energía nuclear.
Ricos que son cada vez más millonarios y bancos usureros que han hecho su agosto en esta crisis en parte gracias a las ayudas públicas que recibieron del Estado y que, por supuesto, no dejan que circule el dinero, no lo prestan, no dejan que salgamos de ésta. Pues que lo devuelvan porque ese dinero no era suyo. Que eso de que no hay dinero, ni se gasta, daría también para escribir un tratado. Sigo sin explicarme por qué las grandes superficies se abarrotan los fines de semana, por qué los hay que salen con más bolsas de las que pueden acarrear y por qué el número de coches que circulan por la vía pública no se reduce drásticamente tal y como está el precio de la gasolina. Será que hay más dinero del que se dice y, quién sabe, mucha economía sumergida. O que a la hora a la que yo suelo salir a la calle no caen billetes de 50 euros del cielo. El país que gana por goleada en la competición de personas y empresas que defraudan a Hacienda, que más cargos de confianza tiene en los cuadros altos de la Administración Pública en lugar de dejar que esos mismos cargos sean desempeñados por funcionarios de carrera, el país donde el nepotismo es marca de la casa y donde un investigador o profesor de Universidad no gana ni la cuarta parte de lo que gana un concejal del pueblo de mierda en el que vivo.
El país donde se puede ser Presidente del Gobierno sin saber hablar inglés ni por asomo pero que, para ser barrendero, te piden o saber catalán o recitar de carrerilla los orígenes prehistóricos de la Comunidad de Madrid, la suma de todos ¿? El país donde los ministros no saben hablar castellano -como para hacerlo en inglés-, donde se disfruta de una oposición farfullera, insultante, insolente y mal educada y donde no se requiere de enchufe sino de trifásico para acceder a cualquier puesto de trabajo que esté más o menos bien. El país donde el único mérito que se valora es el de Belén Esteban que se benefició a un torero, se quedó embarazada y ha tenido que sacar a su hija adelante sola. Ni Manuela Malasaña hacía cosas tan heroicas.
Un país podrido, idiota en sus cuatro puntos cardinales, que huele a cloaca, donde la indecencia campa por sus respetos y el derecho está del revés y viceversa. Un país donde nadie tiene nada que decir a pesar de la que está cayendo, donde todos estamos conformes con lo que ocurre, donde todos nos sentimos encantados de la vida con este estado de las cosas, donde si viniese un francés o un griego alucinaría en colores con nuestro sentido de la abnegación y donde solo se oye a las masas cada vez que once tíos casi en calzoncillos se ponen a darle patadas a un balón o que el plasta de Mou -el entrenador del Real Madrid- suelta alguna de sus insolencias. Que mira que es cansino.
Será que tiene que ser así. El caso es que es todo un alivio, créanme, no haberme visto dando brincos en una fuente el pasado mes de julio porque, de lo contrario, ahora no me perdonaría a mí mismo no salir a la calle a liarla parda. Como en Francia. O como en Grecia. A liarla. A que se consiga nada o poco, sí, pero a que se me oiga. A que no se piensen que somos imbéciles. Mi conciencia, pues, está tranquila.
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Poco me importa a fin de cuentas lo que he vivido en tal o cual sitio pero preferentemente del que acabo de llegar, las oraciones que cierta persona me enseñó allí cuando de niño me acostaba y le pedía que rezáramos -ella recitando frase por frase y yo repitiendo- el Padrenuestro o alguna jaculatoria. También desecharé por inútiles los sabores, olores y colores de todas aquellas tartas de kiwi, los buñuelos o las tostadas de aceite, tomate y sal para desayunar, aquel brazo de gitano que engullimos en un día, así como los exploradores que hacían mis delicias pues todo aquello era hecho solo para mí, el particular rey del lugar. Ni tantas otitis o infecciones de garganta que, por motivo de las corrientes que se formaban al abrir y cerrar las puertas de la casa o del agua del mar que se metía en los oídos de tantas aguadillas, yo padecía con la precisión de un reloj. Ni los baños a primera hora de la mañana, cuando la playa parecía nuestra, y antes de que medio Madrid tomara posesión de ella hasta que no la abandonaban por la tarde. Ni aquellos abanicos -algunos con las varillas rotas por mí- que se movían en las noches de calma chicha, hasta que quien intentaba combatir el calor con ellos caía rendida. Ni el primer sueño de la noche que siempre ocurría en la terraza, al compás del ir y venir de las olas que rompían a la orilla del mar. Tampoco las piernas en alto para combatir los problemas circulatorios, ni el arsenal de medicinas, ni algún que otro disgusto, que también los hubo. Ni su sonrisa, ni las canciones que cantaba, ni lo que hablaba, ni lo que callaba, ni todo lo que me enseñaba hablando o solo con la mirada. Aquel centro de mesa, una cesta con frutas de plástico, con el que todos los nietos jugamos sucesivamente. Ni los bolsones de tierra que se colaba de la playa y que casi diariamente recogíamos, ni hacer camas para tanta gente, ni esas comidas alrededor de dos mesas porque en una no cabíamos, ni aprender a nadar, ni cuando pescamos aquel barbo que, según quien lo degustó, estaba riquísimo. Aquellos viajes periódicos de ida y vuelta para renovar las pruebas médicas mensuales y recibir la correspondiente posología, las sábanas, cortinas y cojines manual y pacientemente elaborados para decoración de la casa en el mirador del rellano, en compañía de otras vecinas. Ni las meriendas de pan con plátano, ni las noches de programas del corazón o de cantantes, de andar por el paseo marítimo o simplemente de estar sentados viendo los luceros brillar allá arriba.
Todo eso no vale nada, ni importa. Quizá esto sea lo más difícil de digerir. Los sentimientos no son nada, no traen nada, no son motivo suficiente, no importan, no obligan. Solo duelen, como los recuerdos. Y generan malpagados. Y hay que joderse porque no queda otra, ni es posible hacer cosa diferente. Malpagados que, eso sí, no presentan problemas de índole moral a la hora de irse a la cama todas las noches, duermen como lirones y encuentran su felicidad en su conciencia limpia y satisfecha.
Sentimientos cruzados. Una rabia y una pena supongo que inevitables pero, al tiempo, un infinito agradecimiento a la vida -recordando las estrofas de una de sus canciones favoritas- por todo las cosas y personas que me ha permitido disfrutar, ver, conocer, saber y aprender. No me puedo quejar, a fin de cuentas, de lo que he vivido, de cómo lo he vivido, de los que me han rodeado, de los que me han hecho como soy, ni de cómo he vivido. Ya quisieran muchos, pienso francamente cuando me despedía a mi manera de todo aquello.
Pues llega el momento de que alguno o algunos de esos muchos me coja el relevo. Se cierra, me cierran o me obligan a cerrar, un ciclo de mi vida. Qué más da si lo que importa es que esta vida se compone de ciclos que se cierran y se abren y por los que hay que ir transitando. A fin de cuentas aquello formó parte de una parte de mi vida pues donde tengo que estar es aquí, donde están mi vida y mis amigos es aquí y es aquí donde tengo que desarrollarme, arriesgarme a abrir un nuevo ciclo y a saber desprenderme de él cuando a éste le llegue su fin. Porque a todas las cosas, ya sean animadas o no animadas, les llega su fin. Todo pasa. Y, aunque es duro, hay que saber desprenderse de los unos y de los otros y hacer que o dejar que la vida siga y nos lleve por aquí y por allá, explorando caminos, añadiendo personas e historias a la mochila y soltrando lastre de vez en cuando para hacer nuestro pasar por la vida lo más ligero de equipaje y sutil posible.
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Viaje al pasado (para no volver).
16 guarrindongos tienen algo que decir Publicado por JotaEfe a 2/02/2011 09:20:00 p. m.Pero inevitablemente triste porque, al fin, aquello se separará de nosotros porque un papel y un montón de dinero están a punto de decirlo y/o sancionarlo. Nada puedo hacer por evitarlo, apenas se me reconoce el derecho al pataleo y para qué te vas a poner a patalear si nadie te va a hacer ni puto caso. Un pataleo interno, podríamos llamarlo, la procesión va por dentro aunque a veces se manifieste exteriormente. Llevar el duelo como mejor se pueda porque la separación de cosas materiales tan sentidas y unidas a nosotros o a lo que hemos sido, también tienen su duelo. Inconscientes, materialistas, me arrancan una parte de mí. No tan grande como la que me quitaron hace casi tres años, pero una parte a fin de cuentas. Y no se cansan, no cejan en su empeño. Una parte de lo que he sido, vivido, aprendido. Hasta que la mente sea capaz de no recordar en exceso, de desechar los recuerdos que vengan repentinamente primero de forma muy frecuente y, luego, de modo más pausado y natural. Desecharlos siempre porque, como siempre digo, los recuerdos son la peor cosa que se ha inventado. Nos atan, nos esclavizan, nos someten a dolores incurables en el alma tan fuertes como los que provocan las peores enfermedades y hay que librarse de ellos para seguir avanzando. No conozco otra terapia para combatirlos. Anular los recuerdos aunque totalmente no se puede conseguir dicho objetivo. Y, por favor, si usted es de los que cuando le vienen recuerdos a la memoria sonríe feliz, evite hacerme comentarios al respecto porque yo soy manifiestamente incapaz de conseguirlo y no tengo ganas de discutir con nadie. Tampoco me hable de tiempo que a mí, como medicamento, no me funciona. Ni me quita, ni me pone pero sí que hay días que me empeora.
Un viaje en solitario. Una soledad muy diferente de la que yo suelo hablar porque a mi me gusta la soledad, vivir a mi aire, hacer mis cosas sin dar cuentas a nadie y disfrutar de mi aun joven libertad. Pero hay otra soledad. La de no sentirse respaldado, apoyado, animado a hacer cosas. Siempre pegas, cosas mal hechas y problemas. Esa palmadita en la espalda que me falta para animarme a tomar decisiones importantes, para sentir que detrás de mi habrá alguien que responda si yo no lo puedo hacer. La soledad de no tener un aliciente por nada, la de verse solo en un momento en que se cierra un ciclo de la vida, se pone FIN a uno de los capítulos de mi vida. Y esas tres letras, FIN, no las pongo yo, me las hacen poner. Y no puedo rechistar, ni tampoco tengo derecho a ser comprendido.
La siento diciéndome que tengo que estar agradecido por lo disfrutado, que hay quien no ha podido vivir lo que yo he vivido y que las cosas materiales, todas, tienen su ciclo, su principio y su final y que atarse a ellas es cosa de necios. La encuentro ciertamente enfadada, de hecho, se la llevaban los demonios cuando a mi se me ocurría decir algo así delante de ella. Seré un necio pero ahora lo que siento es un desgarro en el alma, que se llevan algo y que yo, nuevamente, como hace casi tres años, no puedo hacer nada. Solo joderme, comulgar con la insensibilidad de la gente, dejar que pase el aguacero y superar el duelo.
Y no me hablen de recuerdos, que bastante voy a tener con los días venideros en los que haré un viaje al pasado para no volver jamás.
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Llevo mucho tiempo, no se crean que esto se me ocurrió ayer por la tarde mientras disfrutaba de un delicioso café con caramelo con alguna gente por Madrid, dándome cuenta de lo importantes que son los hijos de puta o supuestos hijos de puta en nuestra vida. Son esenciales, no se puede vivir sin ellos. La vida sería diferente, tendría otro color. Son, diría yo, nuestro alter ego.
Y es que hay gente que piensa que están rodeados de hijos de meretrices en el sentido metafórico del término, a excepción de aquellas personas a las que consideran sus amigos, a los cuales suelen tener bastante endiosados y no dudan un segundo en cubrirles públicamente con todos los halagos inventados y por inventar -por mucho que hay algunos que se endiosan ellos solos, no les hace falta la colaboración de nadie. Ésta suele ser la gente más necesitada, los que no aportan nada a nadie, los que están vacíos y suenan a hueco, los que provocan incontinencia intestinal y hasta generan una pena que a veces roza la compasión y se tienen que alabar sus virtudes ellos mismos porque ninguna otra persona sobre la faz de la Tierra está dispuesta a hacerlo-. Pobres. Como les decía, esta actitud de alabar a sus amigos reafirma a los muchos miembros que tiene la populosa Asociación de Damnificados por Hijos de Puta, les sitúa donde tienen que estar y hace que crean que su mundo es perfecto, que quienes les rodean les aman profundamente y que no tienen carencias de nada. Y que los supuestos hijos de puta son todos los demás, tanto los que hacen algo feo como los que no pasan por el aro de determinadas cosas. Enemigos a batir, pues. Que a dichos amigos de los pertenecientes a la antecitada Asociación -especialmente a los que se endiosan y/o quieren que los demás se conviertan en satélites suyos-, las putas puedan proclamarlos objetiva y honoríficamente hijos suyos con distintivo rojo, ya es harina de otro costal. Si ellos supieran lo que les quieren…, dicen muchos. Pero eso no les interesa tanto a los asociados. Son felices viviendo así. Lo contrario significaría alterar su vida, modificarla, verse en la obligación de elegir quedándose con unas cosas y/o personas y mandando a la mierda otras, provocar un terremoto, desubicarse y para eso hay que tener dos cojones, dejar de comportarse servilmente y desarrollar un pensamiento independiente. Mucho pedir, me temo.
Lo que sí es verdad es que me hago cruces cuando me topo con alguien que dice haber tenido una experiencia con un hijo de puta o supuesto hijo de puta pues, por lo común, los hijos de puta tienen novena. Novena de nueve días, de nueve meses y estoy empezando a sospechar que de nueve años también. Aparecen los hijos de puta o supuestos hijos de puta, hacen la supuesta putada -horrible en todos los casos que conozco-, y se largan pero dejando huella. Nunca falla. Sus efectos malignos se extienden a lo largo de varios meses y, aunque juren y perjuren que les tienen olvidados y les desean desdichas sin cuento, los afectados están continuamente recordando sus afrentas, sus actos, lo que hicieron y lo que tanto les dolió. Lo necesitan para reafirmarse. El supuesto hijo de puta va y viene, sale en conversaciones, cansa al personal y hasta aparece en balances de fin de año condicionando la valoración que se hace del mismo. Mi año fue una mierda porque me cogí una depresión por esto y por aquello…, tiraría mi año a la basura por las putadas que he sufrido…, espero que el año que viene tenga que padecer menos hijos de puta… Penas sin cuento, rechinar de dientes, invocación a todos los dioses para que caigan sobre los supuestos hijos de puta las más terribles maldiciones. Y que no salen de ahí, que no lo superan.
Eso por no hablar de qué entiende cada cual por hijo de puta. Hay hijos de puta que lo son porque lo son. Y cualquiera que se los tope los padece. Pero como todo en esta vida, el término se usa por exceso y hay hijos de puta que son todo lo contrario o que han sido calificados de tal manera porque hay quienes tienen la necesidad de que así sea. Para reafirmarse, les decía. Porque hay quienes necesitan tener una persona de quien echar mano para colocarle el sambenito de hijo de puta, para pisotearle, para hundirle, para que todos se crean el cuento tal y como ha sido montado e, incluso, para hacer que el supuesto hijo de puta se coma los marrones que se deberían haber comido otros.
Pero la vida no es justa, esta reflexión tampoco se me ocurrió ayer, y yo solo puedo afirmar que me maravillo de ver hasta qué punto mucha gente condiciona su vida, sus reflexiones, sus conversaciones, sus valoraciones, sus amistades, etc., a los supuestos hijos de puta. Te deseo un año mejor, le dije yo hace como tres semanas a un conocido, si solo se te ocurre resaltar de tu 2010 la intervención de un hijo de puta y dedicarle a éste más de veinte minutos de una conversación que duró treinta. Vaya mierda de año, sentencié. Sin darse cuenta, le estaba dando al hijo de puta una importancia que supuestamente no se merecía porque era un tal, un cual y un Pascual. Supéralo, chaval, supéralo, que ya va siendo hora, que de eso hace ya tanto tiempo. Y si te sigues acordando del supuesto hijo de puta será, una de dos, o que no tienes la conciencia muy tranquila y necesitas llamárselo cada cinco minutos para concienciarte tú mismo de que eso es así -en caso de que el hijo de puta sea supuesto- o que no tienes capacidad de superar y pasar página -en caso de que el hijo de puta lo sea realmente-.
Y, entre tanto, yo me pregunto. ¿Será que necesitamos un hijo de puta en nuestra vida sobre quien vomitar nuestro odio y las frustraciones que acarreamos y para que nuestro mundo siga siendo el que es, sin cambios, sin cuestionamientos de ningún tipo, todo maravilloso?, ¿Será que cuanto más se repita, más hijo de puta parece la persona a quien nos refiramos?, ¿Será porque los supuestos hijos de puta no son tan hijos de puta y sí lo son quienes se permiten el lujo de ir por la vida impartiendo justicia a su manera y sentenciando lo que cada cual es públicamente, con escarnio, a traición e insidiosamente?
Ya está bien, joder, ya está bien, siempre con el mismo rollo. Que lo superen y, si no, que pidan cita en el especialista para que les mire la psique.
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Él rápidamente y sin dudarlo un segundo contesta que no, que ni hablar, que no se arrepiente de nada. Ni de lo que fue o es ahora mismo, ni de lo que estudió, ni de su dedicación laboral actual, ni de su carácter o forma de ser, ni de la fama que se ganó entre los vecinos y ex-compañeros de clase en los injustos e ingratos tiempos del instituto, ni de sus actos personales o públicos, ni de las decisiones que tomó, ni de haber intentado dedicarse a partes iguales a la familia y a los amigos. Ni de haber buscado su felicidad en todo ello.
Me dice, es más, que si tuviera una segunda oportunidad volvería a repetirlo todo tal y como lo ha hecho. Aparenta, así pues, haber desarrollado una vida plena, realizada, vivida en el presente como si no hubiese un mañana. Como hay que vivir las cosas, por otro lado, le digo. Solo me reconoce que a todo ello le añadiría algo, una sola cosa, un ligero matiz. Algo que su vida no ha tenido y que, al compararse con los demás, echa en falta e, incluso, envidia cada vez con más fuerza.
Se refiere a la pasión, al deseo, al placer, a dar rienda suelta al goce y al disfrute sexual propio de todo joven en edad de merecer. El placer por el placer, sin ataduras, sin compromisos. Instintos que ha tenido como apagados hasta ahora, si se me permite decir así, debido a su forma de ser y a que siempre tuvo pocos amigos con los que experimentar e iniciarse en esto y en aquello. Los años del instituto fueron duros, los clichés pesan y hasta él mismo no confía en que alguien se le pueda arrimar y hacerle disfrutar.
Me lo dice después de haber pasado la noche de ayer con los amigos jugando al ¿famoso? juego de "¿alguna vez habéis hecho...?" que tan fácil se presta a preguntas de alto voltaje -ya saben ustedes, la dichosa edad-. Él no lo pasó muy bien porque mientras todos contaban sus peripecias con las chicas, sus tríos, sus dúos y sus solitarios, sus fantasías eróticas hetero y homosexuales cumplidas o por cumplir, cómo lo hacen, dónde y cada cuánto, qué les gusta hacer y que le hagan, cuánto tiempo dedican a cada postura, si les gusta el sexo oral o si lo consideran prescindible, etc., él no tuvo nada que decir, ni sabía qué preguntar y todos los miraban como si de un marciano se tratase.
Su sensación, un día después, es que, camino de los treinta años, ha perdido un tiempo precioso para descubrir todas aquellas cosas, para vivirlas, para experimentarlas y para poder participar en estas conversaciones. Le falta haber vivido esto. Y cuanto más mayor, la cosa cambia, se pone más complicada o menos accesible. Intuye que ya es un poco tarde, que cada cosa tiene una edad y que si éstas no las ha hecho a la edad que correspondía tiene ya muy pocas papeletas para vivirlas, para reengancharse al tren de la carne y del placer, para sentir lo mismo que los de su edad y no parecer un bicho extraplanetario.
Y el caso es que yo no sé muy bien qué decirle. Solo sé que no es tan fácil, ni es cuestión de dicho y hecho.
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No voy a relatar las horas que me paso trabajando, ni quiero dar la sensación de que nadie en España trabaja más que yo. Tampoco voy a reflexionar sobre lo injusto que es que yo, ciudadano de a pie y simple trabajador, tenga que pagar los platos rotos o la vajilla entera de una crisis que ninguno de nosotros ha provocado. Pregúntenle a los bancos y a sus ansias de dinero fácil. No es necesario, porque todos lo pensamos y no voy a marearles a ustedes con el mismo rollo que ya habrán leído en cincuenta mil blogs y trescientos periódicos.
Tampoco me vengan ustedes, se lo pido por favor, con el "no te quejes, que por lo menos tienes trabajo". O sea, no participo de la filosofía del trabajo y de la lucha obrera -¡tan revolucionaria y ambiciosa!, sin duda- que anda instaurándose entre los españoles desde que la crisis comenzó. Dicha filosofía consiste en alegrarse por tener un trabajo, aunque éste sea una mierda o te quiten la mitad del sueldo. Por lo menos, tienes trabajo. No te quejes, no reivindiques, no pienses, no abras el pico, confórmate con lo que sea..., no vaya a ser que te veas en la calle por obra y gracia de la crisis y, entonces, te acuerdes de que antes tenías trabajo y, aunque una mierda, pero por lo menos ganabas algo.
Simplemente quería mandarles, no a ustedes mis queridos lectores, sino a los miembros del Gobierno, a los de los sindicatos que tanto gustan de imitar lo que han hecho sus compañeros franceses, a los diputados y políticos en general, a la puñetera mierda. Estoy ya hasta la huevada.
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Una joyería de lujo, pues. He ido mirando las diferentes marcas. Omega, Longines, Hamilton, Tag Heuer y un sinfín de marcas hasta que he llegado a la altura de los Cartier. Los precios, lo normal, pensaba yo, para esa tienda. De los 2.000 ó 3.000 euros no bajaba ninguna de las piezas allí expuestas. Que ya está bien tratándose de objetos que solo dan la hora, ni bailan sevillanas, ni nos teletransportan a otros mundos, ni retransmiten los partidos de fútbol. A esto que miro uno de los Cartier, hortera a más no poder con toda la correa y la esfera cubierta con miles de diamantes -suponía que eran diamantes- que le hacían brillar desde todas las posturas. Muy llamativo, pero no me gustan las cosas tan ostentosas. Las veo propias de nuevos ricos y de gente que no sabe digerir bien el éxito o los dineros que guarda en el banco. Veo el precio. 136.000 euros. Ojiplático me hallo. Vale más que un apartamento en la playa o que algunos de los pisos del barrio en que vivo. Se me hiela la sangre. Pienso cómo puede estar eso ahí, expuesto como si fuese un reloj normal y no guardado bajo siete llaves, lejos de las miradas de curiosos y posibles ladrones. Se me antoja que, quizá, los trabajadores de la tienda tengan miedo de tener eso ahí y de que algún loco les pueda hacer algo con tal de conseguirlo. Pienso en quién tendrá dinero para darse el caprichito y para quien adquirir este peluco le resulte tan solo dar un pellizquito sin importancia a su abultadísima cuenta corriente. Y me entran mareos. Quién se atreverá a llevar eso en la muñeca, tan llamativo y siendo, como son, tan fáciles de perder o de ser afanados. Qué responsabilidad. Se me entoja que es inmoral exponer semejante objeto para que los millones de parados y los billones de mileuristas se regocijen en su condición de seres humanos sin futuro, desesperados y miserables. Mientras tú pagas tu hipoteca y, entre tanto, intentas comer algo o sacar adelante a tus hijos, piensas que hay quienes pueden gastarse en cinco minutos lo que tú no ganarás en cinco vidas.
Y me voy, sigo mi camino. Llego al Retiro, decido entrar en él y disfrutar del otoño y del color amarronado de las hojas. Llego al estanque. Y veo un pato de colorines y una pata blanca apareándose, jugando a perseguirse y a exhibirse, a darse capuzones el uno tras del otro, a bucear, a abrir luego las alas, a llamarse la atención para, después, procrear. Pienso. A estos dos patos no les hacen falta relojes. A mí tampoco, soy más patoso que ellos. Pero ellos viven ajenos a lo que pasa a menos de doscientos metros más abajo, más allá de la verja donde vales por lo que tienes, no por lo que eres. Y eres en función de lo que tienes.
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Isaac Peral.
6 guarrindongos tienen algo que decir Publicado por JotaEfe a 10/16/2010 01:44:00 p. m.Aun reconociendo que saber quién fue Isaac Peral no da para comer, ni da trabajo, ni nos ayuda a sacar adelante a los zagales todos los días, ni es una cuestión que se haya revelado vital para la continuidad del género Homo sobre la faz de la Tierra, eso no quita para darse cuenta de que, a pesar de su invento, la figura del "profundo" Peral pasó y sigue pasando totalmente desapercibida. Y lo que duele más es que lo conozcan mejor en el extranjero, por la expansión de su invento por todo el mundo, que en nuestro país. En casi todas las ciudades españolas, supongo -al menos en las que yo conozco-, hay calles con su nombre pero eso no garantiza que se sepa por qué es merecedor de ese honor. Y no digamos en su tierra, en uno de cuyos cementerios descansan desde 1911 sus restos en un mausoleo descuidado y que desmerece a quien da sepultura, aparte de una calle, un instituto, un barrio que llevan su nombre y una fuente con el auténtico Submarino Peral desde 1965 que, desde que la conozco, anda dando tumbos en el muelle de Cartagena.
Pero, gracias a Dios, siempre hay gente que mantiene viva la memoria de las sociedades que poco a poco o rápidamente -según se haga queriendo o no- se olvidan de esto o de aquello y, muy gratamente, encontré este documental en YouTube en el que se ofrece una imagen general, muy interesante y formativa sobre su vida, su carrera profesional, cuándo y cómo surgió su invento, cómo quedó olvidado su apartato en Cádiz cuando Isaac Peral causó baja en la Marina a partir de 1890 habiendo recibido todo tipo de insultos, calumnias y críticas destructivas sobre su invento, qué otros inventos protagonizó y patentó -acumulador eléctrico, varadero radial para buques de gran tonelaje, proyector de luz articulado, ascensor eléctrico, ametralladora eléctrica-, la fama que alcanzó su submarino y su propio nombre por todo el mundo y, en suma, la figura de uno de los personajes que es ineludible citar para comprender el mundo en que vivimos y que, tal y como lo conocemos hoy, se empezó a moldear a partir de ese fascinante, exaltado, revolucionario, científico, inquieto y romántico siglo XIX.Son ocho vídeos. Cinco sobre el protagonista:
Isaac Peral, la ilusión como proyecto (y II)
El Peral supera todas las pruebas
Peral, científico revolucionario
La fama de Peral en el mundo
Por eso se lo pongo hoy sábado, para que lo disfruten este fin de semana si no tienen nada mejor que hacer.
Imágenes: wikipedia.
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El costoso precio de la muerte.
24 guarrindongos tienen algo que decir Publicado por JotaEfe a 10/09/2010 11:05:00 p. m.Hace unas semanas visité un tanatorio, no por gusto, desde luego. Cuando estaba saludando a los familiares de la difunta en la sala que les habían dispuesto, me topé en una mesita con un tríptico que no me resistí a dejar de leer. Y me quedé ojoplático. Se ofrecían asesores y psicólogos para afrontar, supongo, el fallecimiento del familiar cuando, como todos sabemos, no hay más que aceptar la marcha y aquí no hay tu tía. Así ha sido siempre, venga un psicólogo o tu prima la de Lorca.
También ofrecían música ambiental -rock gótico, supongo-; féretros homologados y no contaminantes -homologados, imagino, por la Federación Española del Fiambre y el Tránsito al Mas Allá, que no da igual descansar para siempre en un "féretro homologado", que no sé qué es, que en uno comprado en los chinos-. Que, por cierto, hablando de chinos, he leído por ahí que están arrasando con sus ataúdes porque tan solo cuestan 75 euros. Lo que no sé es si te lo venden con lucecitas, colorines y musiquita desquiciante o como urna de cenizas te ponen una figurita de esas horribles que venden en sus tiendas. Y así no es serio, todo tiene que estar debidamente homologado pues igual que no es lo mismo vestir de Tucci que de la marca la pava, también es importante que la madera donde descansemos sea de alta calidad. También se disponía de recordatorios en papel y en Internet; coronas florales de todos los tamaños; velas del recuerdo para poner alrededor del difunto y demás gilipolleces innecesarias y asombrosamente ridículas para cualquiera que se las tope en un tanatorio. Estos "empresarios de la muerte" dirán, imagino, que están a nuestro servicio y que nos quieren ofrecer lo mejor y tratarnos como merecemos en esos momentos de dolor; pero, al fin y al cabo, son cosas que encarecen el sepelio y el rito social que, importado de los Estados Unidos y sus tanatorios, se implantó en España hace tiempo.
Eso de que nos tratan como merecemos, daría para otra entrada. Ya te pones malo solo de ver a tu familiar dentro del habitáculo donde lo colocan, al otro lado de un cristal, como si fuera el escaparate de la carnicería. Y te sigues poniendo peor cuando empieza a llegar la gente y aquello se convierte en una sala de reuniones, un club social, grupos de gente por todas partes hablando entre ellos, montando un griterío propio de un mercado y pasando olímpicamente del difunto y de los familiares. Y cuando hemos echado un ratillo allí, la sin hueso nos duele de tanto darle al pico y consideramos que hemos cumplido socialmente, cogemos y nos largamos. Tampoco se les ocurra a ustedes, como nos pasó a nosotros hace casi tres años, morirse en plena Semana Santa, en fin de semana o en puente porque, al no haber entierros bien por motivos festivos o religiosos, te tienen en el tanatorio dos o tres días y, ea, a hacer caja tocan.
Pero bueno, vayamos a lo de hacer negocio con nuestros restos inertes y con lo que hay que pagar para tener derecho a poder descansar eternamente. Teniendo en cuenta que, por regla general, los sueldos actualmente no son muy elevados, adquirir una sepultura por unos 4.000 euros, un nicho por la mitad o un panteón por más de 6.000 euros, exige casi tener que hipotecarse. Al fin y al cabo, te estás comprando tu casa eterna..., donde paradójicamente vas a pasar más tiempo que en la casa donde se ha vivido y, entiendo, terminar de pagar esas cifras tiene que proporcionar una sensación de paz tan inmensa como la que se debe sentir cuando te vas de este mundo. Y no se te ocurra bajarte del mundo antes de tiempo y dejar por pagar el sitio, endeudando a los familiares y haciendo que el desembolso que éstos tengan que hacer para dejarte en paz sea astronómico. Si no, acabas barranco abajo y asunto arreglado. Se puede optar por la incineración pero, por lo que a mí respecta, eso de ver a la persona querida metida dentro de un frasco y encima del televisor, me desagrada una barbaridad.
Aunque no queramos ninguno de los servicios extras que nos ofrecen las funerarias, como ponernos música -a mí que no me pongan a los triunfitos, a menos que alguien quiera que resucite para pegarle alguna paliza por tal motivo-, digamos que hay unos servicios mínimos que asumimos porque casi no queda otra. Y, en cualquier caso, en esos momentos las cabezas de los familiares tampoco están como para ponerse a pensar mucho. Veamos, según las cifras que encontré en esta página.
Ocupación de la sala del tanatorio, en función de las horas y días que se pasen allí: de 500 a 2.000 euros.
El "embellecimiento del difunto", maquillado a la última, como nunca lo hizo en vida: 100 euros.
El féretro: en torno a los 600 euros.
Las coronas: a partir de 150 euros cada una. Con lo que cuestan, es normal que los familiares y amigos escriban mensajes tales como "siempre estarás en nuestro corazón", "vivirás en nuestro recuerdo", "nunca te olvidaremos" y cosas de esas. Como para olvidarse de quien nos hizo soltar más de 100 napos así como quien no quiere la cosa y sin avisar.
Y los "lujos" que se le pidan al tanatorio en forma de coche fúnebre -en torno a los 100 euros-, traslado del difunto del tanatorio a su parroquia y, después, al cementerio y las horas que se tenga ocupado un coche.
Por supuesto, no solo hay que pagar la sepultura o el nicho, hay que pagar cada año la anualidad para que no te quiten la propiedad de los mismos y, cuando toque, pagar las tasas del entierro o cremación -desde 200 euros en adelante-. Y tampoco es lo mismo morirse en Madrid que en Barcelona, aunque pueda parecer que sí da igual hacerlo aquí o allá porque el resultado es el mismo. Por ejemplo, que te abran la sepultura y te dejen dentro en un cementerio madrileño ronda los 200 euros pero que lo hagan en Barcelona supera los 400. Y en otros sitios, como en Sevilla, no supera los 100 euros. No nos olvidemos de la lápida, otros 400 euros, que no es cuestión de comprarse la casa eterna y dejarla sin puerta, ¡qué falta de privacidad! Ni tampoco de la limosna simbólica y a voluntad que se deja en la parroquia donde se ofician el rito corpore insepulto y las misas funerales posteriores. Y, desde luego, la incineración no es que la regalen, que da la impresión cuando se habla con la gente de que se trata de una ganga. A lo que cuesta, de 300 a 500 euros, hay que añadir lo mismo de siempre: féretro, coronas, coches, tanatorio, servicio religioso y "los lujos" que se quieran.
Porque, como digo, puedes pedir esquelas en los periódicos -desde 70 euros-, libros de firmas y condolencias, ¡¡lencería funeraria!! -que no es lo mismo, debe ser, que te entierren en boxers que en tanga, servicio de tanatoestética -que tampoco da igual ser enterrado o incinerado con la raya del pelo perfectamente hecha o con el pelo cardado y enlacado como si te fueras a pasar la tarde al bingo-, etc.
Hasta el punto que parece que lo de morirse es un capricho o una forma de joder a tus familiares haciéndoles que se gasten lo que no está escrito para que cumplan tu última voluntad. Me hablan de los seguros de decesos, que tampoco lo cubren todo por otro lado, pero estoy seguro de que una persona que lleva pagándolo desde que nació, como es costumbre en este país, se habrá pagado su entierro o incineración -y las del vecino- siete veces. Según puede leerse en este enlace del diario 20 minutos, estas aseguradoras movieron 1.451 millones de euros en 2006. Y si tomamos como media unos 2.000 ó 3.000 euros en gastos funerarios y lo multiplicamos por los casi 40o.000 fallecimientos que se producen en España año tras año, la cantidad de dinero que mueve el sector en total provoca rubor hasta al más pintado.
Sí que cuesta morirse, sí. A la falta de ganas que ponemos en ello, se le suman estas cifras que, al menos a mí, me provocan cierto sonrojo. Pero así es la sociedad que hemos construido, interesada, que negocia con la muerte y se aprovecha del dolor de las familias. Al igual que hace con tantas otras cosas, sin mayores escrúpulos, para enriquecimiento particular.
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Zumo de limón.
7 guarrindongos tienen algo que decir Publicado por JotaEfe a 10/04/2010 01:17:00 a. m.Con el título de Zumo de limón, bajo la dirección de Jorge Muriel y con la participación de algunos actores conocidos por todos, este cortometraje español participa en el Festival Iberoamericano de Cortometrajes de ABC (FIBABC).
Felicito a los autores y actores. El título le viene que ni pintado. Porque la vida, para algunas personas, no es más que eso, un zumo de limón. Una vida con sabor desagradable, que deja un regusto medio amargo, medio agrio. Yo no digo que no seamos nosotros mismos los que nos ganemos o merezcamos muchas de las cosas que nos pasan durante o al final de la vida; y que lo paguemos en forma de una terrible soledad final. Pero, ni aun así, me temo que es de recibo dicho trato.
Me parte el alma la abuela que, después de quedarse viuda, pasa a ser una carga para sus hijos que la encierran y olvidan en cualquier residencia y, por supuesto, ni sus nietos se acuerdan de ella. ¿Cómo puede ser que algunos se olviden de lo que sus madres han hecho por ellos?, ¿Cómo es posible que los hijos no quieran hasta donde les sea posible "devolver" agradecidos a las madres -en su vejez- todos los desvelos y cuidados que ellas les han dado cuando nacieron y fueron creciendo hasta que se marcharon de casa a vivir su propia vida?, ¿es tan difícil acoger a un padre o una madre ancianos en nuestras casas para darle lo mejor que tengamos, la mejor vida que podamos, compañía y amor? No entiendo tampoco cómo a un nieto no se le rompe el corazón cuando ve a su abuela, cuando estrecha sus manos arrugadas y cuando escucha su voz entrecortada sincerándose ante él. No sé cómo no se le agolpan los recuerdos, las pagas que habrá recibido de su abuela, los postres que le habrá hecho en especial, los veranos que habrá pasado con ella en el pueblo o en la playa y los desvelos que las abuelas tienen hacia sus nietos. Porque los nietos, creo yo, son cosa especial. Solo hay que querer vivirlo. Y si yo fuera ese nieto escuchando a mi abuela hablarme de lo que vivimos juntos ella y yo en mi niñez, se me partiría el alma y, acto seguido, no la dejaría vivir más sola. Intentaría llevármela y así, si me fuera posible, vivir con ella y recordar juntos hasta que la vida nos lo permitiese.
Parece que cuesta dar amor. Y eso que lo recibimos y lo podemos dar gratis y, además, sin compromiso. Pero, entiendo, hay para quien lo gratis a la larga sale caro. Y eso de dar amor no iba a ser para ellos una excepción.
PD: Por supuesto, no tengo nada en contra de las residencias, ni juzgo a nadie. Cada cual vive como puede o le dejan, no se pueden hacer milagros y, a veces, es necesario recurrir a una residencia para que nuestros mayores tengan la mejor calidad de vida en su vejez. Y, quién sabe, aunque haya escrito esto, lo mismo dentro de unos años me veo obligado por las circunstancias que sean a hacer lo que hoy, pienso, no me gustaría hacer.
Para leer más: Abuela, Amor, Desengaños, Quejas, reclamaciones, Reflexiones, Sentimientos
Alcoholismos (y II).
7 guarrindongos tienen algo que decir Publicado por JotaEfe a 9/06/2010 06:12:00 p. m.Resulta que hoy le han condenado a estar diez meses sin poder conducir -sin carnet, vaya-, a pagar una multa de 1.800 euros y a seis meses de trabajo en beneficio de la comunidad. A pesar de asumir esta condena, de decir hace un par de días que bebió -aunque poco, pero algo- en una cena con amigos y de dar 0,87 miligramos de alcohol por aire espirado en el control de alcoholemia que se le practicó, nos ha dicho que él no iba bebido. Imaginaciones de la Guardia Civil y de los conductores de la M-40, supongo. O quizá es que ellos sí iban bebidos. Y por eso mismo, porque no iba bebido, no tiene que pedir perdón. Que lo pidan, es de suponer, las farmacéuticas, que hacen medicamentos que reaccionan malamente con el alcohol, oh, pobre víctima de la sociedad.
Pinchando aquí, podrán ustedes acceder a tres vídeos de la página Web de Antena 3 Noticias, una entrevista que Albert Castrillón le hizo al personaje ayer domingo, así como pueden leer un resumen de la misma, de la cual hemos entresacado algunos fragmentos entrecomillados. Vean los vídeos. Reconoce no haber leído o escuchado lo que se ha dicho sobre él estos días; que no piensa dimitir, más bien al contrario pretende dar clases de ética a los demás; que llamó a Esperanza Aguirre, nuestra ínclita presidenta, y que ésta pasó olímpicamente de él -lo cual también dice mucho de cómo se toman las cosas serias en esta Comunidad Autónoma los responsables públicos-, que es éticamente intachable y que como mucho dirá que le cesen, pero que no dimitirá nunca. Así lo dice, sin sonrojarse siquiera:
"Que me cese. Soy éticamente intachable y no he transgredido la ética, por tanto, no dimito, ni voy a dimitir".
Y que le estaría muy agradecido a Esperanza Aguirre en el caso de que le quitara del puesto porque está "hasta el gorro de cosas que son indignantes y una basura" y de lo que califica como "montaje de cabo a rabo". Resulta que no ha hecho nada, "ni he robado, ni he mentido, ni he asaltado la legalidad", que solo ha dado una tasa de alcoholemia "en unas condiciones terribles de medicación". Como si las pastillas fueran hechas con Licor 43... Que se manifiesta tan crítico e insultante con los políticos, casualmente todos socialistas, porque no es Mónica Lebinsky, solemne gilipollez y, por tanto, no está casado con nadie. No pertenece a la clase política, sino a la sociedad civil y puede criticar sin paños calientes a quien se le ponga en el palo mayor. Y que se alegra de que le condenen, de que le multen y de que no le dejen conducir con tal de volver a su vida normal, dejar de ser tan criticado y poder tomarse las copas que le de la gana cuando le apetezca. Pero, un momento, ¿eso no está contraindicado con su medicación?
Este hombre, que como siga repitiendo lo de la basura se va a terminar pareciendo a la bruja Lola y sus velas negras, me deja abrumado. Dice que le da vergüenza vivir en España pero más vergüenza me da a mí tener que leer y escuchar este tipo de cosas, que no se pida perdón por una falta tan grave y que, encima, se trate a los ciudadanos con altanería, como si fuésemos tontos del culo. ¿Si hubiese habido víctimas, a quién habría que reclamar? ¿Al médico que le recetó la medicina, a la industria farmacéutica? Venga, hombre..., un poquito de por favor. Que parezca, aunque solo por una vez, que no estamos en España. Por honor, debería haber dimitido. La lástima, aunque es lo más común en este país de mierda, es que no lo vamos a tener que aguantar más no porque comprenda que se tiene que ir, sino porque el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha anulado la institución que preside. Dicen que para ahorrar. A ver si así, al menos, aunque ahondemos en nuestra desconfianza y animadversión hacia nuestros políticos y representantes públicos -no sé de qué se quejan, si nos dan motivos todos los días- tenemos un cargo menos al que escuchar tonterías.
Para leer más: España, Quejas, reclamaciones
Alcoholismos.
3 guarrindongos tienen algo que decir Publicado por JotaEfe a 9/03/2010 08:41:00 p. m.Que públicamente insulta a y se mofa de Presidentes y ex Presidentes del Gobierno de la Nación y a las hijas de éstos, a Presidentes de Comunidades Autónomas y a ministros e, incluso, a Presidentes de otros países:
Que quiere una pistola:
Y que se avergüenza de ser español y del funcionamiento de la justicia y que ha prometido largarse de aquí:
Es profesor de Derecho en la Universidad española, lo cual ya de por sí es muy revelador, y ha sido "cazado" triplicando la tasa de alcohol permitida al volante mientras circulaba por la M-40.
Y, sin mayor problema, nos lo ha contado a todos los españoles a través de los medios. Y nos ha dicho que bebió media copa de vino y un licor lo cual, unido a que no comió mucho con sus amigos y a que toma un medicamento para evitar ataques epilépticos, le hizo reacción con el alcohol, le llevó a conducir haciendo eses, a hacer que los demás usuarios de la vía tuviesen que frenar y esquivarle y a casi darse una castaña con un camión. Así lo explica él mismo, según cuenta el diario Público:
"No puedo tomar una copa porque tomo un medicamento desde el año pasado, que me intervinieron con una craneoplastia y al tapar el cráneo cambia la presión dentro del cerebro y tengo que tomar un medicamento que evita convulsiones o un ataque epiléptico. Es incompatible con el alcohol".
Pero, aun así, sabiéndose aparentemente la teoría a la perfección, bebió, cogió el coche y empezó a encontrarse mal. Suerte que por allí pasaba un Policía Nacional fuera de servicio que pudo avisar al 062 de los extraños movimientos que estaba haciendo un vehículo en dicha autopista de circunvalación.
Y es que, según su propio testimonio, el pobre se estaba encontrando fatal. Le pararon, se puso violento contra los Policías que viendo sus "síntomas evidentes de alcoholemia", dicidieron practicarle la pertinente prueba, que dio positivo.
Y, ya para descojonarnos, tenemos que leer lo que sigue:
"Menos mal que se fijó un policía que no tenía una conducción normal. Menos mal, porque si no hubiera habido una desgracia, comentó Neira, quien dijo que se sentía completamente fatal al volante y no tenía buena visión. Afortunadamente este Policía llamó al Samur y a la Guardia Civil, me hicieron la prueba del alcohol y me dieron una gran alegría al decirme lo que tenía de alcohol, porque por lo menos esto tenía una explicación, dijo".
Lo que hay que hacer, querido mío, es no beber cuando se va a coger un coche. Y dejarse de rollos macarenos, de medicamentos y de excusas absurdas.
Este hombre, convertido en héroe contra la violencia de género y, para más señas, en Presidente del Consejo Asesor del Observatorio Regional contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid, parece no darse cuenta de que conducir en ese estado es otra forma gravísima de violencia porque de esa conducta temeraria puede llegar a depender la vida de los demás conductores. A la sazón, inocentes usuarios de las carreteras que, sin comerlo ni beberlo, se ven involucrados en un accidente del que jamás podrán olvidarse por las secuelas físicas que les ha dejado o que les llevará a la muerte, rompiendo sus familias y matando de dolor a sus seres queridos que se quedan llorando su ausencia. Y esto último, querido señor, es irremediable, no tiene solución, ni vuelta atrás.
Sería de recibo, aunque en España eso es una rareza que, en virtud de la responsabilidad pública que ejerce este señor en la Comunidad de Madrid, dejase el puesto para que fuese ocupado por otra persona más adecuada. Por responsabilidad y por honor. Por otra persona que, consciente de su responsabilidad pública, diese con su conducta buen ejemplo al resto de los ciudadanos.
En cualquier caso, es de esperar que reciba un castigo ejemplar que no le haga otra vez sentir vergüenza del país en que vive, ni nos la haga sentir a nosotros.
Por el bien de todos y por su propia imagen, ¡dimita, por favor!
N. B.: Entrada basada en la información del diario Público, cuyo enlace puse más arriba. Huelga decir que de los vídeos publicados en esta entrada solo me interesan los mensajes de este personaje, no los textos que se pueden leer en ellos y que, supongo, habrán sido añadidos por los autores de dichos vídeos con los que no tengo nada que ver.
Para leer más: Quejas, reclamaciones, Reflexiones
