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Estas dos semanas me han servido, de entre la poca productividad que han tenido, para darme cuenta de que una de las profesiones más arriesgadas es la de profesor/a de Autoescuela.

La verdad es que yo mismo me sorprendí ya el primer día de clases prácticas siendo capaz de mover el coche para delante y para atrás y ponerlo a 65 kms. por hora -motivo suficiente para suspender el examen- por Doctor Esquerdo. Bien es cierto que desde niño me encantaban los coches y, de hecho, me sabía todas las marcas. Era ver uno y yo podía recitar la marca y el modelo. Y, por ejemplo, mi abuela se lo pasaba pipa llevándome por las calles de Cartagena y demostrándole a las amigas con las que se encontraba lo que el mocoso de su nieto era capaz de aprenderse. Siempre quise conducir y mi padre me enseñó con el Seat Málaga, el primero de los coches que ha tenido. Sin embargo, hasta que no cumplí los 25 años no me ha dado por matricularme en la Autoescuela, adelantándome en ello mi hermana que ya conduce y que tiene cinco años menos que un servidor.

Cosa diferente es ya lo de mirar por los espejos retrovisores o atender a los carteles de la carretera. Lo primero ya lo voy haciendo, pero lo segundo se me resiste aun. Y gracias a que mi profesora me va indicando que, si no, ahora estaría escribiendo desde Polonia, pues yo tiro todo para adelante como los de Alicante y ando yo caliente y ríase la gente; me importa un comino lo que ponga en los carteles, los límites de velocidad y las flechas.

Pero el caso es que un día nos llevó a dos alumnos a la vez. Primero conduje yo; luego, ella. Yo no me creo Fitipaldi pero enseguida le cojí la distancia al embrague y frenaba sin brusquedades, así como metía marchas y reducía sin problema. La chica, miedosa como la que más, me las hizo pasar canutas. Frenazos, volantazos, deslizamientos sin fin del coche hacia atrás en cuestas, quedarnos parados en carriles de aceleración o, incluso, pasar de cuarta a primera por confusión y sufrir el bandazo del freno motor en plena Avenida de los Hermanos García Noblejas. No quiero reírme de ella pero la experiencia me sirvió para darme cuenta de que enseñar a conducir es una profesión de alto riesgo. Mi profesora me ha comentado que ya ha tenido varios toques con otros coches, que todos nos saltamos semáforos en rojo y cometemos otras imprudencias e infracciones continuamente. Y lo hacemos con ella dentro.

Yo llegué a pasar miedo cuando mi compañera llevó el coche. Y no me quise ni imaginar lo que pasará mi profesora dando clases, subida al coche, hasta las 22.00 horas de la noche. Tiene que estar en estado de nervios continuamente, el banco no le prestará dinero por lo que le pudiera pasar, su madre velará y solo descansará cuando oiga la llave introduciéndose en la cerradura de la puerta de casa y no hablemos del novio. No ganará la pobre para Transilium. Eso sí, es una tía cojonuda. Me encanta. Lo explica todo estupendo y si cometemos algún error, carraspea para que pensemos en lo que puede ser. Además, es una cachonda, se ríe de nuestros errores, se lo pasa en grande y nos lo hace pasar a nosotros. Estoy muy contento pero, como soy así de especial, ya me da pena verme aprobado y no volver a saber más de ella.

4 guarrindongos tienen algo que decir:

Esa gente está mas que acostumbrada a noveles como vosotros, bien es verdad que tienes que tener una paciencia infinita, y no todo el mundo vale como profesor de autoescuela.
Respecto a lo de mirar señales, dar intermitentes y mirar retrovisores con un poco mas de practica lo conseguiras.
Besossssssssssss

24 de marzo de 2010, 7:27  

jeje, eso mismo lo he pensado yo más de una vez, la verdad es que es una profesión mal pagada para el riesgo que conlleva, yo que cuando voy de copiloto dejo las huellas de los zapatos marcadas en las alfombrillas no me quiero ni imaginar lo que tiene que ser estar todo el santo día en estos coches sorpresa, jeje

Vaya mi aprecio para todos ellos.

Saludotes¡¡

24 de marzo de 2010, 9:28  

Todo llegará y cuando no te des cuenta manejarás el coche a las mil maravillas, tendrás que ir pendiente de los demás más que de tí, verás.
Aisssss que se nos ha enamorado el niño de la profe, es un mito sexual, ¿sabías?.
Besicos baby.(quien los pillara)

24 de marzo de 2010, 20:33  

El manejo del coche es cuestión de tiempo, dáte tiempo.
Siempre es un placer leer tus amenas historias.
Un abrazo.

25 de marzo de 2010, 17:30  

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