Blogger Template by Blogcrowds.

El Jurado del Premio Tonto de Noviembre 2010 ha resuelto por unanimidad que puede y debe concederse tal distinción a la

SRA. DÑA. ÁNGELES DURÁN,

en atención a sus circunstancias y merecimientos personales.

-Ver entrada-


El Jurado agradece a los otros candidatos su participación y, en general, se congratula de que siempre haya gente dispuesta a verse distinguida con nuestro premio. Gente que, como la persona que nos trae hoy aquí, se adueña de una cosa que en su vida podrá visitar y a la que, como dice David, ni siquiera puede mirar. Por querer cobrarnos un canon porque nos den los rayos de su sol en la cara, por hacernos pasar de legítimos usuarios del Astro Rey a mangantes de radiación solar y violadores de la propiedad privada y, por ambos motivos, poder meternos en la cárcel.

Se acaba el mes y eso, en efecto, significa que tenemos que hacer recuento de candidatos y elegir al tonto de Noviembre de 2010.

En este caso, tenemos tres candidatos. Dos mujeres y un hombre. Procedamos pues a su proclamación, aludiendo a sus méritos y remitiendo a las entradas en que fueron nominados por si alguien no se acuerda bien de por qué figuran en esta honrosa lista de la tontería nacional.

Mañana, a la sazón último día del mes, proclamaremos al ganador. Hagan sus apuestas y expliquen sus preferencias. El Jurado es todo oídos.

PRIMERA CANDIDATA:


SRA. DÑA. BELÉN ESTEBAN MENÉNDEZ,
QUE SALE EN LA TELE PARA RESPONDER LAS PREGUNTAS DE LOS ESPAÑOLES,
CUAL PRESIDENTA DEL GOBIERNO,
AFIRMA QUE APROBARÍA SELECTIVIDAD SI SE PRESENTARA
PERO RESULTA QUE NO SE SABE LA TABLA DEL 9.

-Ver entrada-


SEGUNDO CANDIDATO:

SR. D. SALVADOR SOSTRES I TARRIDA,
ESCRITOR, TERTULIANO,
AMANTE DEL PUBIS JOVEN FEMENINO RASURADO POR PRIMERA VEZ
Y DE LAS MUJERES QUE NO HUELEN A ÁCIDO ÚRICO.

-Ver entrada-


TERCER CANDIDATO:


SRA. DÑA. ÁNGELES DURÁN,
DUEÑA DEL SOL.

-Ver entrada-

Me invitas a cenar, me llevas a tu territorio y yo me dejo llevar.



Me preguntas al poner la mesa, como está mandando, que qué me apetece beber. Te digo que quiero una copa, la de cristal más fino que tengas y la más elegante, porque solo te quiero beber a ti y brindar contigo por la noche de mi amor.

Y, entonces, te pido que no hagas el pedido de las pizzas que habíamos decidido tomar. Y, casi sin dejarte tiempo para dejar el teléfono sobre su sitio, empiezo a comerte a ti y a esparcir tu ropa sobre el suelo de la cocina dándome cuenta, de paso, de que la cocina queda preciosa -no solo mi habitación- cuando dejo tu ropa desordenada sobre la mesa, la lavadora o el suelo al compás de nuestros jadeos.

Bebí de tu boca, comí de tu cuerpo y hasta me empaché. Y todo porque bebo los vientos por ti en copa de cristal fino y porque esta quería que fuese la noche de nuestro amor.

No dejo de asombrarme con la forma que tiene la gente de hacer el ridículo e incitar a los demás a que se rían a carcajada limpia a su costa. Eso me tiene intrigadísimo. Supongo que será lo que les suela ocurrir a los tontos de solemnidad que, además se serlo, se jactan de ello y se exponen ante los demás para sonrojo y diversión nacional.

El caso de hoy supera las fronteras nacionales, incluso la atmósfera y la biosfera y nos lleva hasta el sol. Se trata de la

SRA. DÑA. ÁNGELES DURÁN,
DUEÑA DEL SOL.


Esta española, concretamente gallega, ha ido esta mañana al notario y se ha declarado lo que leen: dueña del Sol. Y, luego, nos ha enseñado el acta notarial que certifica la adquisición de la propiedad. Ahí la ven.

Según nos cuentan los periódicos -ver link-, la buena mujer alega que el sol no ha tenido dueño o que, al menos, no se le conoce. Si fuera creyente, diría que es de Dios. Pero no sé por qué esta señora no debe estar para muchos misticismos de ese tipo. Los países, citando un acuerdo internacional firmado para tal efecto, no pueden apropiárselo porque si no imagínense ustedes la que se podría montar si, por poner un ejemplo, los señores Hugo Chávez, Kim Jong Il o Evo Morales cogen y se lo quedan. Un desastre. Esta mujer alega que ese acuerdo no afecta a los ciudadanos del mundo de a pie y que, al igual que hace años ya hubo un americano -otro tonto- que se declaró dueño de todos los planetas y de la Luna, va ella y se apropia ahora el sol. Y como no se le ha conocido propietario al astro solar desde hace millones de años pues, en virtud de no sé qué razones jurídicas que no entiendo muy bien, ella nos lo afana. Sí, nos lo quita porque hasta los romanos decían que había cosas que eran propiedad de todos, como es el caso. Es como, imagino, si ustedes abandonan su casa por cien o doscientos años y, luego, el Ayuntamiento se la queda sin pagar indemnizaciones a nadie porque ni ustedes, ni sus herederos han dado señales de vida cuando el Ayuntamiento les escribía para comunicarles que su casa iba a ser derribada, expropiada o lo que sea.

Y aunque tener el sol en propiedad no sirve para nada porque a ver quién es el guapo que se acerca a él, el atrevimiento de la señora no queda ahí. Esta tipa ha cogido y se ha presentado en el Ministerio de Industria para decir que el sol es suyo y que se está pensando si cobrarnos o no un canon a todos los ciudadanos por usarlo, por salir a la calle, por tener paneles solares o por ir a la playa a tirarnos en la arena como lagartos bajo el sol. Ella plantea que si se paga por los ríos, por la electricidad, por copias de CDs o por tener un piso en propiedad -IBI- que por qué no se va a pagar porque nos de el sol en la jeta. Eso sí, dice que lo recaudado lo repartiría a razón de 50% para el Estado, 20% a invertir en mejora de pensiones mínimas, 10% en investigación y sanidad, otro tanto para erradicar el hambre y el 10% restante para su saca -se lo queda ella-.

Y unos cojones, guapa. Empieza pagando tú, como buena dueña del sol, indemnizaciones a cada persona que se queme la piel por culpa del sol y, no digamos, costéele usted el tratamiento contra el cáncer de piel a todos aquellos que lo están padeciendo en el mundo. Pague usted por el efecto invernadero, por la radiación ultravioleta y porque esta mañana, al coger el coche y con el sol tan bajo como estaba, no veía un pimiento por el retrovisor y corro severo riesgo de pegarme una castaña en la autovía. Indemníceme usted por cada vez que sudo, saliéndome como consecuencia directa esos antiestéticos rodales en la sobaquera, que hacen que mi potencia sexual a la hora de ligar con mozas hermosas se vea rebajada al mínimo. Y también por cada vez que se me mete el sudor en los ojos y me ciega. Ah, se me olvidaba, pague usted el IBI correspondiente. Que si yo por algo más de 100 metros cuadrados tengo que soltar 350 euros anuales, no quiero ni pensar lo que supone el IBI arreglado a toda la superficie solar. Un deshueve, vamos.

Yo, y me va usted a perdonar, no le veo la ventaja a eso de ser dueño del sol. Me lo explique. Ni voy a pagar un duro. Pena que sea de noche porque, de lo contrario, me iría ahora mismo a la calle a robarle rayitos de sol, vándalo de mi. Y como se ponga tonta, saldremos mis amigos y yo, armados con lupas, a quemar terrenos y rastrojos. Para que así usted tenga que indemnizar también a los agricultores. Es lo que tiene ser la dueña del sol.

Hay canciones de esas que uno se pasaría escuchando todo el día. Especialmente cuando se trata de poemas convertidos en canción, casi siempre debidas a grandes compositores y cantautores como Pablo Milanés.

Quería escribir algo, pero no hace falta. La canción lo dice todo. Una canción de desamor, de arrepentimiento después de que alguien se haya negado a un amor. Una persona que descubre que, después de haberse ido, la otra consigue olvidarlo, continuar con su vida y pasar página mientras el que se fue termina por pensar que aquel del que su cabeza no se ha podido librar aun debió ser el amor de su vida. Un amor ya imposible de recuperar.



EL AMOR DE MI VIDA

Te negaré tres veces antes de que llegue el alba,
me fundiré en la noche donde me aguarda la nada,
me perderé en la angustia de buscarme y no encontrarme,
te encontraré en la luz que se me esconde tras el alma.

Desandaré caminos sin salidas como muros,
recorreré los cuerpos desolados sin futuro,
destruiré los mitos que he formado uno a uno
y pensaré en tu amor, este amor nuestro vivo y puro.

Te veo sonreír sin lamentarte de una herida,
cuando me vi partir pensé que no tendrías vida.
Qué gloria te tocó, qué ángel de amor que ha renacido.
Qué milagro se dio cuando el amor volvía a tu nido.

Qué puedo hacer, quiero saber qué me atormenta en mi interior.
Si es el dolor que empieza a ser miedo a perder lo que se amó.

Te veo sonreir sin lamentarte de una herida,
cuando me vi partir pensé que no tendrías vida.
Qué gloria te tocó, qué ángel de amor que ha renacido.
Qué milagro se dio cuando el amor volvía a tu nido.

Qué puedo hacer, quiero saber qué me atormenta en mi interior.
Si el dolor que empieza a ser miedo a perder lo que se amó.

Será que eres el amor de mi vida.

Hoy, de vuelta a casa, me topé con una joyería-relojería sita en la llamada Milla de Madrid. A mí me fascinan los relojes y allá donde haya un expositor, tienda, joyería, etc., de relojes allí estoy yo curioseando, siempre y cuando no se trate de un establecimiento de los chinos, que eso de comprar un reloj por 15 euros no cuela. No es que tenga una gran colección de relojes, pues solo tengo dos, uno mío y el otro heredado y mejor que el anterior -hoy, una pieza de coleccionista del año 1958 que sigue funcionando como el primer día-, pero eso no quita para que me gusten y me embelese delante de los escaparates si no voy con mucha prisa.

Una joyería de lujo, pues. He ido mirando las diferentes marcas. Omega, Longines, Hamilton, Tag Heuer y un sinfín de marcas hasta que he llegado a la altura de los Cartier. Los precios, lo normal, pensaba yo, para esa tienda. De los 2.000 ó 3.000 euros no bajaba ninguna de las piezas allí expuestas. Que ya está bien tratándose de objetos que solo dan la hora, ni bailan sevillanas, ni nos teletransportan a otros mundos, ni retransmiten los partidos de fútbol. A esto que miro uno de los Cartier, hortera a más no poder con toda la correa y la esfera cubierta con miles de diamantes -suponía que eran diamantes- que le hacían brillar desde todas las posturas. Muy llamativo, pero no me gustan las cosas tan ostentosas. Las veo propias de nuevos ricos y de gente que no sabe digerir bien el éxito o los dineros que guarda en el banco. Veo el precio. 136.000 euros. Ojiplático me hallo. Vale más que un apartamento en la playa o que algunos de los pisos del barrio en que vivo. Se me hiela la sangre. Pienso cómo puede estar eso ahí, expuesto como si fuese un reloj normal y no guardado bajo siete llaves, lejos de las miradas de curiosos y posibles ladrones. Se me antoja que, quizá, los trabajadores de la tienda tengan miedo de tener eso ahí y de que algún loco les pueda hacer algo con tal de conseguirlo. Pienso en quién tendrá dinero para darse el caprichito y para quien adquirir este peluco le resulte tan solo dar un pellizquito sin importancia a su abultadísima cuenta corriente. Y me entran mareos.
Quién se atreverá a llevar eso en la muñeca, tan llamativo y siendo, como son, tan fáciles de perder o de ser afanados. Qué responsabilidad. Se me entoja que es inmoral exponer semejante objeto para que los millones de parados y los billones de mileuristas se regocijen en su condición de seres humanos sin futuro, desesperados y miserables. Mientras tú pagas tu hipoteca y, entre tanto, intentas comer algo o sacar adelante a tus hijos, piensas que hay quienes pueden gastarse en cinco minutos lo que tú no ganarás en cinco vidas.

Y me voy, sigo mi camino. Llego al Retiro, decido entrar en él y disfrutar del otoño y del color amarronado de las hojas. Llego al estanque. Y veo un pato de colorines y una pata blanca apareándose, jugando a perseguirse y a exhibirse, a darse capuzones el uno tras del otro, a bucear, a abrir luego las alas, a llamarse la atención para, después, procrear. Pienso. A estos dos patos no les hacen falta relojes. A mí tampoco, soy más patoso que ellos. Pero ellos viven ajenos a lo que pasa a menos de doscientos metros más abajo, más allá de la verja donde vales por lo que tienes, no por lo que eres. Y eres en función de lo que tienes.

Me aturde esta diaria contradicción. Mi cabeza, especialmente en la noche, te dibuja, repasa cada parte de tu desconocida anatomía, se recrea en tu piel, en tus labios, en tus pechos y más abajo aun, te imagina desnuda sobre mí o debajo de mí, dejándote hacer, jadeando, jugeteando con lo que me escondes debajo de esa ropa que me gustaría ver por el suelo, hecha un gurruño, desordenada, alborotada como tu pelo, ajena a lo que ocurre entre nosotros dos, víctimas de la pasión.

Aquello iba a ser una locura adictiva.

Pero mi misma cabeza me dice que no, que no podemos caer en eso, que sería fatal. Hay que dejar las cosas como están, no acrecentar esa adicción, alimentada por lo desconocido primero y lo placentero una vez descubierto lo desconocido, que nos haría daño. El resultado sería, me da, un amor o una pasión para odiarnos.



Pero mi cabeza te encadena a mí, me atormenta. No puedo pedirte que te vayas, ni puedo conseguir olvidarte pero me haces daño y todo, con tu sola presencia, lo conviertes en martirio que no tiene redención.

Así pues, seguiremos siempre igual, sin olvido y sin delirio. Encadenados a esta gloria que es castigo, a este amor que es pena capital porque tú me necesitas pero yo te necesito mucho más.

Este mes, por el momento, no está siendo muy pródigo en tontos. Eso o que yo ando más liado que la pata de un romano y no estoy al quite. El candidato a Tonto de Noviembre 2010 es el

SR. D. SALVADOR SOSTRES I TARRIDA,
ESCRITOR, TERTULIANO
Y AMANTE DEL PUBIS FEMENINO JOVEN RASURADO POR PRIMERA VEZ.




Escúchenlo ustedes mismos. En un intermedio del programa de Telemadrid en que participa, Alto y claro, este hombre comenzó a relatar una sarta de barbaridades que causaron el espanto en la propia presentadora.

Comenzando con bromas acerca del desfile de Victoria's Secret y de la lencería femenina, la conversación derivó en una perorata sobre las chicas jóvenes "de 17, 18 años, 19, que es ahí donde está la tensión de la carne, en ese punto mágico. Ahí está". Miren la cara de horror de la presentadora, que no da crédito a lo que está escuchando y le llega a decir que, si se acerca a su hija, le mata. Este señor le pregunta la edad de su hija -23 años- pero, desgraciadamente le parece "demasiado mayor".

Y el discurso gallardo continúa señalando la presencia casi virginal de las muchachas de la edad que, por lo demás, "aún no huelen a ácido úrico, que están limpias, que tienen este olor a santidad. Sabes que parecen lionesas de crema, limpias, elegantes, dulces".

Ni con niños delante se cortaba el bueno de este señor. Después de llamarlo "enfermo", supongo que para cambiar de tema, la presentadora pregunta a los niños del público que de dónde vienen. Pero a él le da igual y continúa señalando "de primer rasurado, que el segundo pica", en alusión al vello púbico femenino. A todo esto los niños contestan de dónde viene y el muchacho que hoy nos trae aquí insiste con su tema: "esta carne que rebota, joven, que es como un piano que tocas así y rebota, qué bonito. Y ese entusiasmo que te quieren enseñar que están liberadas realmente, que ya son mayores y te lo enseñan directamente".

Por mucho que la presentadora le llamase "enfermo", él solo reconocía una enfermedad: la que se combate con Viagra, o sea, que no se nos levante "porque no hay nada que nos excite ya".

Y sigue pontificando ya que, según él, "el matrimonio es el sexo por obligación, es el sexo a la fuerza; ahora se folla". Y ante una nueva llamada de atención por parte de la presentadora acerca de que había niños escuchando, el sabio que hoy nos trae aquí señala que daba igual ya que "son de Rabat, ahí llevan todo suelto".

Se pasa mal escuchándolo, a mí por lo menos me da arcadas. Y aun hay algo que me da más arcadas. Resulta que este vídeo, que no se vio en televisión porque todo transcurrió en un intermedio publicitario, se ha conocido porque fue filtrado por propios trabajadores de la cadena. Y nuestro señor se ha enfadado porque le parece un atropello y una indecencia en tanto en cuanto se trataba de una conversación privada -Ver link-. Ah, yo creía que la indecencia era hablar en esos términos sobre las personas, hombres o mujeres. Tenemos ante nosotros un nuevo caso de justicia invertida, como yo lo llamo, donde lo malo es bueno y los que nos denuncian o nos sacan a la luz son unos criminales y unos sinvergüenzas. Claro, ¿para qué vamos a pedir perdón si los que tienen que pedir perdón son los trabajadores de la cadena por cometer el crimen de filtrar vídeos? A mí que me registren. Pues cállase la boca y no diga semejantes barbaridades, que está usted trabajando en una televisión pública y los madrileños se merecen algo mejor aunque ya sabemos que buscar algo mejor en la Telemadrid actual es misión imposible.

No obstante, no todo es malo en la Viña del Señor y, según publica ABC -Ver link-, le ha sido abierto un expediente al Sr. Sostres.

Lo que hay que oír. Pues eso, por todos estos motivos, nominado queda.

PD: Nunca he tenido un sentimiento paternal muy fuerte, lo confieso. Si a eso le unimos los casos de Sánchez Dragó y del Sr. Sostres, la verdad es que se me están quitando las ganas de tener hijas.

Curiosa derecha esta, la que tenemos en España, que tiene estas salidas de pata de banco, mientras la izquierda española anda destruyendo sus postulados más sociales con esto de la crisis y gusta ahora de confraternizarse con el Vaticano y el Papa. Cojones, cómo está el patio.

Cuando vamos de compras siempre te digo lo mismo. Me encanta tu ropa, cómo la llevas y cómo te contorneas. Es, de hecho, lo único que me gusta de ir de compras.

Pero, sobre todo, tu ropa me gusta cuando la dejas -la dejamos- tirada en el suelo de mi habitación. Es cuando mejor te sienta lo que llevas.

Ya estamos igual que muchas veces. Con muchas cosas en la cabeza pero sin que mis dedos tecleen nada que me satisfaga.

Son las cuatro de la tarde y esto está más oscuro que la boca de un lobo. El cielo encapotado, color panza de burro. Se me antoja que hoy es un día perfecto para sentarme al lado de la ventana y del radiador en un sillón cómodo, con la ropa de estar en casa y, mientras veo pasar a la gente pertrechada de abrigos y paraguas en la calle, saborear un café asiático como si fuera el último que me fuese a tomar, poco a poco. Disfrutar del olor que desprende y, de paso, dejarme llevar por sus propiedades afrodisíacas.

Porque así es como hay que hacer las cosas, despacio, disfrutándolas, dejándose llevar y como si no hubiese un mañana.

Pero no me quiero amodorrar porque ahora ya no te basta con robarme mi tiempo y con verte mientras imagino las mil y una cosas que te haría y que no te puedo -ni quiero- decir. Ahora ya te tengo en mi cabeza y no puedo quitarte de ella, eres más fuerte que yo y hasta mi sueño -y mis sueños- los ocupas tú.




¿Por qué no puedo olvidar esos besos con los que me tatuaste, esa boca que sabe tan dulce, la estela de ese cuerpo, su territorio y ese lugar más dulce aun al que quiero volver?

PD: Sí, esto lo escribí a las cuatro de la tarde. Ahora ya está oscuro del todo. El retraso se ha debido a una nueva anécdota ocurrida en la Comunidad de Propietarios donde vivo. Después de ponernos varios excrementos de apariencia humana en el portal, potas y bolsas de basura abiertas en el ascensor. Después de romper los buzones y de que algunos recibiéramos anónimos, algún cabronazo hijo de puta ha decidido celebrar que hoy es domingo -Día del Señor- prendiendo fuego al cesto de la publicidad, que rebosaba de papeles. Como se pueden imaginar, todo ha sido una gran confusión. El primero que ha olido el humo, torció el hocico y procedió a llamar al resto de vecinos por el telefonillo para que desalojáramos el edificio. Todos gritaban, correteaban, chillaban y, algunos, se dedicaban a asomarse por los ventanucos de la escalera para ver de qué piso salía el humo. A todo esto, todo se ha llenado de un humo gris-negro bastante espeso, parecía algo grave, un incendio en alguna cocina o un escape de gas o vaya usted a saber qué. Yo ya, lo confieso, le estaba pidiendo a mi abuela que me fuera preparando un sitio a su lado en el Más Allá...
Todos a buscar el foco del incendio:

-¡No cojáis el ascensor!

-¡Voy a mirar en el cuarto de contadores!

-¿Alguien ha subido al cuarto de máquinas del ascensor?

-¡Mira a ver si es en casa de fulano o de mengano!

-¡Asómate por allá o mira desde acullá!

Y así. Yo ya pensando, como digo, en que no somos nadie y que el día más tonto nos llega la hora. Mi madre, como buena y diligente presidenta, ha bajado al portal, ha supervisado el cuarto de basuras y el de ascensores y, al darse la vuelta, vio que el humo salía del cesto de la publicidad que está justo debajo de los buzones. Con ayuda de una vecina y un par de cubos de agua, apagaron el fuego. Y luego a limpiar lo que destrozan los demás, que esa es otra. Claro que han limpiado otros, no mi madre, porque mi madre se ha declarado en huelga y ha dicho que ella no limpia mierdas de nadie, que bastante tiene ya con las de su casa. Y yo, como presidente consorte, la he apoyado.

Menuda se ha liado, en esta casa no hay quien pare, hay un olor a humo que tira para atrás. Al final, ni ventana, ni radiador, ni café asiático, ni su boca y la madre que lo parió.

Aprovecharé que la vida me ha dado esta segunda oportunidad y me voy a meter en la ducha, a ver si me relajo. Y así, bajo los chorros del agua, ella volverá a mí. Como siempre.

Hijos de puta.

Ya lo creo. El sexo -homosexual, heterosexual, con amor o sin él- mueve el mundo. No conozco tema que esté más presente en nuestras vidas que el sexo no tanto porque nosotros seamos los protagonistas del acto con mayor o menor frecuencia, que también, sino porque el sexo está por todas partes.

Es un tema recurrente. Aparece en televisión a todas horas, se alude a él constantemente en las conversaciones más triviales con amigos -me temo que de esto nadie se libra-.
Todos hemos visto cómo las marquesinas de los autobuses se decoran a veces con pósters de sugerentes féminas u hombres publicitando ropa interior y enseñando todo lo que se puede y haciendo que la mente del espectador imagine. Todos leemos revistas, visitamos páginas de Internet, etc., en las que lo mismo nos aparece alguien en pelotas que un anuncio sobre gayumbos o presentando una colonia nueva con un montón de tíos enseñando el culo. Por no hablar de anuncios sobre disfunción eréctil, eyaculación precoz o alargadores de penes para los pobres que padezcan semejante problema.

Están a la orden del día los romances de viejunos adinerados con supermodelos despampanantes, los desnudos de éstas en diferentes revistas y los más diversos escándalos de cuernos o prostitución que se difunden a través de los programas del colorín. Prostitución que inunda nuestras calles, por otro lado. Y si no, cojan el coche y cuenten a cuántas ven. Hasta a Kosovo llega el asunto.

Y es que ya ni se puede ir a comprar un libro o ropa o darse un paseo por El Retiro tranquilito. Que no hace mucho me enteré de que los aseos de librerías, centros comerciales, etc., son al parecer puntos de citas y para encuentros sexuales de toda índole. Y no se metan ustedes por la parte más sombría -de mayor vegetación- de El Retiro porque por ahí se ve de todo. Lo mismo se sientan a descansar o leer el periódico y comienzan a oír ruiditos de gustirrinín procedentes del seto que hay inmediatamente detrás o, incluso, empiezan a recibir propuestas deshonestas. Increíble.
Y a cuántos sinvergüenzas conocemos que se dedican a contarnos sus experiencias de cama cual triunfos de caza que se exhiben en el recibidor de casa. O sea, no son de esos que tienen como lema "que tu testículo izquierdo no se entere de lo que hace el derecho". Son los fariseos del sexo.

Miles de canciones son las que versan sobre el asunto o las que lloran porque éste ya no se puede poner en práctica -la maldita soledad o el vivir esperando un amor puro y limpio, puto romanticismo, y no querer darse al vivir que son dos días bien por ser introvertido, bien por no tener ganas de quebraderos de cabeza-. Que los quebraderos de cabeza causados por el amor, por los sentimientos o por el sexo son los peores, se pasa muy mal y no sé cómo la gente tiene tantas ganas de padecer a cambio de cinco minutos de placer de Pascuas a Ramos. Pero bueno, allá cada cual.

O nosotros mismos somos quienes traemos el sexo a colación cuando no podemos reprimir nuestros instintos porque alguien nos atrae, qué le vamos a hacer, somos animales. Algunos más animales que otros, pero animales a fin de cuentas. Y, entonces, escribimos entradas en el blog, estamos más susceptibles y los más valientes se lanzan a confesar sus cuitas a la persona afectada. Y lo mismo, según me contaba el domingo pasado un amigo, acaban el día festejándolo por medio del intercambio de fluidos. Que la ocasión la pintan calva y el tiempo es oro.

Sexo gratis, sexo sin compromiso, amigos que se enrollan y que consiguen que los enrollamientos sean más frecuentes -qué bonito que dos amigos que se quieren y llevan tantos años de amistad, den un paso más y se demuestren más y más amor- o que, por causa precisamente de enrollarse, manden a la mierda la amistad que les une y acaben como el Rosario de la Aurora. Que el sexo es muy malo, aunque todos lo añoremos cual pedrea del Sorteo de Lotería de Navidad. Gente desconocida que se lía una noche y se piden los números de teléfono para incluirlos en la lista de "follamigos". Que yo no sé cómo a alguien le puede gustar que otra persona le considere su follamigo/a y le utilice como tal, yo es que me subiría por las paredes. Hoy en día parece obligatorio perder la virginidad antes de los 16 años y, siguiendo tal precepto, imagino, se hará de cualquier manera y sacrificando lo bien hecho en favor de lo malo, rápido y pronto. Una pena, con lo bonito que puede llegar a ser sin prisas, con experiencia, de forma altruísta, recreándonos de cada poro de nuestra piel... Mmmm, ¿por dónde iba? Ah sí, les quería decir que yo soy yo y los demás suelen comportarse de forma diametralmente opuesta. Nada nuevo bajo el sol. Por tanto, no hay nada de qué preocuparse.

Y es que ahora la cosa empieza justo al revés de cómo se hacía hace tres décadas. Que parece que ha pasado un siglo, pero no, solo han sido tres décadas. Antes, ustedes saben, había que cortejar, jugar al juego de la atracción, ir llamando poco a poco la atención de la persona que te gustaba, conseguir que se fuera fijando en ti, verse cada vez más a menudo, vivir pensando el uno en el otro y, cuando se considerara oportuno, declararse. Qué bonito. Ahora es al revés, como digo. Ahora se sigue la política de los hechos consumados, nunca mejor dicho. Primero te enrollas sin conocerte de nada y, a partir de ahí, empiezas a conocer a la otra persona. A todo esto, te sigues enrollando. Que lo uno no quita lo otro. Y, pasado el tiempo -sin dejar de enrollarse, claro-, se ve si somos compatibles o no y si, por tanto, podernos convertirnos en pareja formal. Si no, pues mira, eso que te llevas para el cuerpo. Y si sí, pues ea, a esperar a que se rompa el amor de tanto usarlo, que eso de vivir toda la vida con una misma persona y, encima, aguantando momentos malos y momentos peores, va en contra de nuestra libertad.

Una puerta cerrada en un rellano cualquiera, me dirán. De hecho, me temo, no hay más a ojos del resto de la gente. Para mí no es solo una puerta. Es -o era- la entrada a un lugar especial donde pasé tantos buenos y malos ratos y donde, sobre todo, se me esperaba.

Se me esperaba ardorosamente, con ganas, felizmente, con alegría. Todo cambiaba, me daba la sensación, cuando yo llegaba. Esa sensación era indescriptible. Yo era, según sus conocidos más cercanos, su alegría, su esperanza, su sonrisa, su mejoría, su motivo para presumir, su mejor conversador, su tranquilidad, su reposo, quien mejor escuchaba sus conversaciones y quien más comprendía sus problemas, meteduras de pata y las consecuencias inevitables y situaciones poco agradables de la enfermedad. En definitiva, su mejor terapia.

Los dos lo sabíamos. Por eso nos dábamos cita allí e intentábamos disfrutar al máximo de los ratos o breves temporadas de que disponíamos. Lo mismo reíamos que recibíamos visitas, que nos íbamos a que nos diese el aire a la calle o que llorábamos, especialmente, al final de los días.

Una puerta siempre abierta para mí. Una puerta que daba entrada a un lugar apacible, bien perfumado y rebosante de una personalidad y forma de ser que no dejaba a nadie, ni nada, indiferentes. Todo tocado por su varita mágica, por su permanente sonrisa y por su continua esperanza de que cada día fuese mejor que el anterior aunque apenas había motivos siquiera para pensarlo. Un lugar en el que, después de que pasara por él, aun parecía que seguía estando y colmándolo todo con su presencia.

Una puerta siempre abierta pero que, ahora, a pesar de todo lo que hice y lo que fuimos, no se abre para mí.

Siento que me tengo que expresar al respecto y, de alguna manera, distinguir las críticas que me parecen admisibles y las que me parecen auténticas faltas de respeto no solo al Papa sino a todos los que les interesa lo que él dice.

Miren ustedes. Yo soy un desencantado de la religión católica, aunque no he dejado de creer porque el cuerpo me lo pide y porque mi experiencia personal así me lo sugiere. Y no necesito nada más, ni monsergas, ni sermones. Soy un católico herético, podría decirse, una persona que dejó de ir a Misa -lo que se entiende por "practicar"- hace bastante tiempo. Justamente cuando me di cuenta de que la iglesia de mi barrio estaba -y seguirá estando, supongo- llena de cabrones, gente que sale del oficio y se dedica a vomitar mierda sobre el vecino, falsos e hipócritas que gustan de tocar los cojones y juzgar al personal sin mirarse antes al espejo. O sea, comprendí que no ir a Misa me era de más provecho -desde el plano espiritual- que participar en aquella desfachatez y salir de la iglesia soltando bilis por doquier. Y, como le digo a mi madre, si esa gente está salvada por el mero hecho de ir a Misa, yo, solo por vivir intentando hacer el bien, me tengo el Cielo ganado y hasta tendré un hueco en el martirologio, o sea, en el libro de los santos.

Y me jodía mucho que gente de mi misma edad -antes muy liberados y, ahora, convertidos al movimiento ultra religioso-, me dijeran que no tengo que hacer el amor conservando a mi novia en formol e incólume hasta el día de la boda -todo sea dicho, este precepto lo estoy observando muy al dedillo contra mi voluntad-, que no se me ocurra usar preservativos -este también lo cumplo, lógicamente-, que no entregue mi cuerpo a desarreglos emocionales como follar por follar o usar el joystick del deseo con fines lejos de la concepción de bambinos y que soy un criminal por defender que el aborto se legisle -de aquí ya no me libra nadie-. Ya me gustaría a mí ver lo que hacen esta panda de hiper-oxtodoxos en su intimidad y con sus novias y novios. O sea, haga usted lo que yo diga pero no lo que yo haga.

Y allí se quedaron con sus peroratas de santos de medio pelo. La visita de S.S. el Papa me produce las mismas reacciones que las de cualquier otro Jefe de Estado. Porque eso es lo que es el Papa para todo el mundo, el Jefe del Estado Vaticano. Y, de hecho, así se le recibe, con honores de Jefe de Estado y gastándonos el dinero en su protección y seguridad. Para los católicos es, además, el representante de Jesucristo en el mundo. Y, como ocurre con cualquier otro simple Jefe del Estado, el Estado español realiza un desembolso de dinero público muy importante para agasajar al visitante y hacerle su breve estancia en España lo más cómoda y lujosa posible. Vamos, para que se lleve una buena impresión y que vuelva.

Pero con una diferencia. Las consecuencias que tiene la visita del Papa a España no son ni de lejos las mismas que si nos visita el Sr. Gadaffi, el presidente de Ruanda o la Sra. Merkel, con todos mis respetos para todos ellos no obstante. Ni mucho menos. Al Papa se le hace un seguimiento televisivo desde que entra hasta que sale del país y, sobre todo, ese seguimiento podemos verlo los españoles y los habitantes del mundo entero a través de Internet o del Canal Internacional de TVE. O sea, la visita se convierte en una ventana estupenda para presentar España ante el mundo e, imagino, para despertar el interés de futuros turistas. Y, de alguna manera, se me antoja que buena parte -si no todo- de lo que se gasta en la visita del Papa luego se recuperará en concepto de turismo. Por tanto, independientemente de asuntos morales o religiosos/espirituales, es una visita que tiene más potencial turístico que la del Emperador del Sol Naciente, con todos mis respetos también para los japoneses. Lo cual no significa que el resto de Jefes de Estado vengan a visitarnos porque no tienen nada mejor que hacer, también vendrán a firmar acuerdos y a potenciar relaciones que traerán pingües beneficios para ambos países. Pero el impacto mediático no es el mismo, me temo.

Aun así, llevo aguantando a amigos, conocidos y demás palmeros diciendo que qué mal que el Estado se gaste ese dineral. Que si qué vergüenza, que si Ratzinger Z, que si los que aclaman al Papa por las calles parecen fumados y demás. Esto es lo inadmisible. Lo que no entiendo es por qué no reaccionan igual cuando nos visita cualquier otro pez gordo, que hasta le abrimos el Palacio de El Pardo para viva allí mientras dure su visita. Supongo que habría que optar, de acuerdo con tanta gente descontenta, por cerrar las fronteras y que aquí no entre nadie para ver si así en lugar de gastar el dinero público en trajes, comisiones, clubes de alterne y facturas de teléfonos móviles de alcaldes y concejales, nos lo gastamos en fines verdaderamente públicos. Claro. Distinto sería que nos visitase el Papa -si lo hubiera- de la religión islámica, a ver quién se atrevía a soplarle en la oreja. También es verdad, pero así es la peculiar idiosincrasia española.

Sin embargo, entiendo y comparto -como buen hereje que soy- las críticas que se le hacen porque, además de venir a peregrinar a Santiago de Compostela y a consagrar el templo de la Sagrada Familia de Barcelona, el Papa viene tocando las narices. Bien es verdad que ello forma parte de su trabajo pero, si yo fuera él, estaría más preocupado por atraer gente al seno de la Iglesia Católica que por espantarla aludiendo a la II República y al anticlericalismo de entonces -que no creo que sea el caso de la España actual, pues yo no he visto aun ninguna iglesia ardiendo-, encubriendo casos de pederastia o no combatiéndolos con la fuerza que se merecen, recuperando viejas costumbres de la Liturgia o incluso el latín -no hay quien se entere-, amatemizando a homosexuales, diciendo cómo tenemos que legislar y todo lo que ustedes conocen perfectamente. Si yo fuera él, vendría a visitar países como parte de mi trabajo pastoral con otra actitud, abriendo la iglesia a todos, haciéndola participativa y no alejada de lo que Jesucristo dijo que quería que fuese. No creo, poniéndome en la piel de Jesucristo, que Él ande muy contento con la iglesia actual que tiene, soberbia, terrenal, excluyente y alejada del mensaje evangélico auténtico. Esto es lo admisible.

Y esta es, para mí, la diferencia entre lo admisible y lo inadmisible.

Imagen: http://www.laverdad.es/murcia/multimedia/fotos/ultimos/66111-benedicto-consagra-sagrada-familia-0.html

Retomamos el concurso, como no podía ser menos, para encontrar al tonto del mes de noviembre, recién comenzado. La candidata que hoy tiene el honor de participar en nuestro concurso es la

SRA. DÑA. BELÉN ESTEBAN MENÉNDEZ,
FAMOSA POR TRAJINARSE A UN TORERO,
POR DAR DE COMER POLLO A SU HIJA,
POR SER LA QUE MÁS GRITA DE LOS PROGRAMAS EN QUE PARTICIPA
Y POR NO SABERSE LA TABLA DEL NUEVE
Y, AUN ASÍ, RETARNOS A QUE APROBARÍA SELECTIVIDAD.



Hace pocos días, tengo entendido, la cadena de la basura, Telecinco, echó un nuevo programa de los suyos con Belén Esteban, su vedette, como protagonista. Consistía en copiar el programa de TVE, Tengo una pregunta para usted, pero adaptado al exigente nivel cultural que es costumbre en la citada cadena.



El caso es que llegó una cartera de correos peruana preocupada por la cultura y la educación que Belén no posee. Quería la buena mujer que se pusiese a estudiar algo y la cara de la Esteban, además de su belleza, reflejó con sus gestos las inmensas ganas que tiene de ponerse a hincar codos. A tal grado llegó la osadía de la peruana que no se le ocurrió otra cosa que preguntarle a la Esteban la tabla del 9, a lo que la Esteban alegó que se sabía mejor la del 5 y que para las últimas tenía que usar los dedos para contar. Pues ni con dedos, ni sin dedos, ni la del 9, ni la del 5. Belén Esteban no se la sabe.

9 x 4 = 37. Y todavía dice que se la sabe, que no es tonta y que, pobre desgraciada, las ecuaciones se le dan peor. Dice que sabe hablar de las Mesetas Norte y Sur y de la Alhambra de Granada "a su manera", como Frank Sinatra. Coño, gusto daría verla resolviendo una ecuación donde 9 x 4 = 37 o hablando de la geomorfología de las Mesetas peninsulares y que le aprobaran Selectividad. Que tal y como está el patio lo mismo se la aprobaban con tal de convertirnos en la Universidad más famosa del mundo.

Seamos realistas, ella no tiene la culpa de no saberse la tabla del 9. ¿Para qué voy a estudiar, dirá la Esteban, si estoy en España y aquí el que estudia es el que se queda en el paro y yo, que no he hecho más que acostarme con un torero, estoy llevándomelo calentito desde hace más de una década y lo que te rondaré, morena?, ¿Para qué voy a estudiar una carrera si soy la más famosa de España a costa de vender los cuernos que me han puesto y lo inculta que soy? Pues también es verdad. Puto país de mierda, de paletos y de imbéciles.

Ahí la tienen, sin darle vergüenza por salir en la televisión a demostrar la incultura que posee. Y los españoles a reírle las gracias. Por ello mismo, nominada se halla.

Imagen: http://todaslascosasqueodio.blogspot.com/2010/08/somos-todos-hipocritas-menos-belen.html

Pues así me tienen, sin nada que contar pero con ganas de contar algo. Observen el contrasentido. Y, por lo demás, muy cansado. No sé qué me pasa esta semana, aparte de que no paro ni medio segundo y eso, supongo, cansa y se hace notar.

De hecho, llevo todo el día pensando qué escribir y solo me vienen a la cabeza asuntos amatorios y romanticones, que hoy un servidor se levantó con ganas de recibir amor y sin que nadie apague la llama que hierve en su interior, ni quiera jugar con el joystick del deseo, ni darme a probar del bizcocho del amor. Y, encima, los tontos tampoco están ayudando esta semana en la que ha empezado noviembre. Total que me dije a mí mismo,

-Bueno, podemos poner una canción.

Pero, queridos míos, solo me acuerdo de canciones que ya he puesto aquí, que reflejan mi estado de ánimo y que no voy a repetir porque pensarán ustedes con razón que no tengo repertorio, que se me ha rallado el disco o que siempre estoy escuchando lo mismo. Y no es así, líbreme Dios.

Tampoco quiero poner nada subido de tono, que no me ha contratado el Gobierno de la Nación para incrementar la tasa de nacimientos en España. Aunque, bien pensado, algo en este sentido podría hacer si no quiero verme trabajando hasta los 85 años para que me quede algo con lo que pueda vivir en concepto de pensión de jubilación. Que la cosa, la amatoria mía personal y la española nuestra general, andan ambas muy malitas.

El Jurado del Premio Tonto de Octubre 2010 ha resuelto casi por unanimidad que puede y debe concederse tal distinción al

SR. D. FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

en atención a sus circunstancias y merecimientos personales.


-Ver entrada-


El Jurado reconoce la valía de los otros candidatos; en definitiva cuatro tontos, muy tontos. Pero solo puede conceder el premio a uno de ellos. En la persona de Sánchez Dragó concurren varios hechos que nos han llevado a decantarnos por él. Su siempre tan cacareada coherencia, su vasta cultura literaria, su postura filosófica al abordar la vida, su gusto por las culturas foráneas, su buena disposición para criticar a las derechas y a las izquierdas y, de repente, va y nos cuenta lo que le pasó un día de 1967 en Tokyo en que andaba con los instintos bajos demasiado bajos. Qué necesidad tendría. Se pensaba que a los españoles, algunos tan tontos como él, nos iba a hacer gracia. O que nos íbamos a poner cachondos. Porque a veces, hay que reconocerlo, pasa. Será por el morbo. Nada más lejos de la realidad en este caso, por suerte. Escándalo público. Le llaman al orden. Hay librerías que empiezan a retirar su libro en señal de protesta. Él dice que solo fue un poco de pimienta y literatura. Le salen defensores, menudos defensores. Casi le hacen sombra en lo que a tontería respecta. Más vale rodearse de enemigos que de esos amigos. Y aun dirá, porque es español y eso se lleva en la sangre, que está represaliado y perseguido por la progresía -la nueva Inquisición-, que no le gusta España y que se siente fatal al saberse español y compartir ciudadanía con todos nosotros. Vamos, la víctima de la sociedad.

El sentimiento, creo, ya es recíproco. Hasta de quienes le admiraban. No nos gusta ese lenguaje agresivo e insultante, esa forma de hablar de niñas, ni ese modo de referir contactos sexuales con personas que podrían ser sus hijas o nietas. Ni por supuesto tenerlos. Por mí como si se va y no vuelve. Dice que Japón es el país más hermoso del mundo. Ya le ha jugado una mala pasada. Y que se ande con ojo, que no le coja mucho gusto al Japón, no vaya a ser que le vuelvan a violar y la líe parda otra vez. Que hay gente muy mala en la Viña del Señor.

Y de regalo un vídeo de hace unos cuantos años que retrata a la perfección a nuestro pemiado del mes de octubre.

Entradas más recientes Entradas antiguas Página principal