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Idiotas.

Somos idiotas. Y a veces, según lo que vea por la calle, se me antoja que idiotas profundos. Nacemos como tales y nos morimos de la misma manera pues, como decía Ramón Mª. Narváez, varias veces presidente del Gobierno en la España de Isabel II, la idiotez es una enfermedad contagiosa y que no tiene cura. Nuestra vida, como cuenta el protagonista de la película Amor idiota, es a fin de cuentas:

Un largo y provechoso viaje hacia la idiotez. Siendo adolescente me di cuenta de que era idiota. Unos años más tarde descubrí que no era el único. Ahora que voy camino de los 35, no solo estoy convencido de que todo el mundo es idiota sino de que nunca dejamos de serlo.

Hay quien se enfada por cualquier cosa o le gusta el conflicto entre personas y amigos más que a un niño una piruleta. Nos enfadamos, nos peleamos, nos volvemos a hacer amigos. Nos insultamos, criticamos, colgamos sanbenitos y no aceptamos todo aquello que no pase por nuestro juicio previo. O sea, nos hacemos daño gratuitamente. Cuando todo marcha tan bien o eso parece, de repente ocurre algo que hace reventar cualquier relación entre personas, algo que molesta al otro. Y es que cuesta tener en cuenta a los demás. Decimos tener claro algo y, luego, demostramos pasarnos los valores, opiniones y requisitos de los demás por el arco del triunfo. Todo para que quede por encima nuestra versión de los hechos o nuestros pareceres. Y todavía hay que aguantar que los más pizpiretos se las den de no sé qué. También nos enrollamos, nos complicamos la vida, nos besamos y
hasta, incluso, nos enamoramos, tremenda idiotez que sacude nuestras vidas y las pone patas arriba como ninguna otra cosa. La vida, sin ir más lejos, es una idiotez en sí misma si aceptamos que nacemos para morir pocos años después.

Y lo gracioso es que, aun pensando que lo hemos visto y oído todo, no es así. Siempre quedarán nuevas metas que lograr, nuevos retos que perseguir en nuestra particular carrera hacia la imbecilidad. Nuevos gestos por hacer, más pruebas que dar para demostrar que seguimos en la brecha. Porque, en efecto, la idiotez va a más, es imparable, nunca dejará de sorprendernos y de animarnos a batir nuestros propios récords. Así hasta creer -o parecer (porque hay quienes no aceptan nunca que lo son)- que somos idiotas consumados. Y no hay cosa más peligrosa que un idiota, incluso más que un malvado. Y no lo digo yo, pues ya tuvo oportunidad de señalarlo nuestro filósofo José Ortega y Gasset hace unas cuentas décadas.

Quizá de aquí nazca nuestra natural desconfianza hacia los demás; de nuestro vano intento de protegernos de tanto idiota como anda suelto por ahí.

5 guarrindongos tienen algo que decir:

Perooooo lo peor de ser idiotas, que estoy de acuerdo en que lo somos, es que vengan los "listos" y nos tomen por idiotas, eso sí que me subleva. ¿ves? caigo en lo mismo.

Y has oído alguna vez, sobre todo en lo que a trabajo se refiere, la expresión "prefiero un hijoputa a un tonto". Pues suena fatal, pero suele ser cierto.

Otra vez, me ha entretenido tu escrito. Y pecando de menos idiota, estoy de acuerdo contigo.

Saludos

15 de septiembre de 2010, 22:02  

Yo me siento idiota muchas veces al día... y me río de mi mismo... hablo sólo... vamos... idiota total, pero me encanta, soy feliz y no me importa lo que piense la gente...

Por cierto, la peli, la ví, un rollito pero también me reí con ella.
Un abrazo amigo.

15 de septiembre de 2010, 22:09  

Más que idiotas, nos toman por idiotas, y claro acabamos pensando que lo somos, pero no, te digo que aún gracias a Dios no lo somos, ahora si seguimos mirando la tele, acabaremos idiotas totales, al parecer eso es lo que se pretende con la actual programación, ya se sabe, la gente que piensa, puede resultar peligrosa, por lo tanto, mejor que sean idiotas. Besitos.

16 de septiembre de 2010, 20:56  

Pues sí.

Besicos.

16 de septiembre de 2010, 21:01  

Llegué un poco tarde y ya casi todo está dicho.
Pero creo que en muchas ocasiones nos hacemos los idiotas para no entrar en conflicto...algunos se creen superiores y es cuando nos toman por tontos, pero al final resulta que más tontos son ellos, o no?
Ufff creo que me he liado, jajaja

Besos

18 de septiembre de 2010, 0:29  

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