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Menudo cuento.

De verdad que me admiro de la cantidad de tontos que pueblan las tierras de España y que, sin saber muy bien por qué razón, ni cómo, consiguen llegar a altos funcionarios de la administración pública, a ministros incluso o a profesores siendo, como son, un peligro en potencia para el país y la salud mental del conjunto de sus cuidadanos.



Lean esta noticia:

http://www.larazon.es/noticia/4681-igualdad-declara-sexista-a-cenicienta-y-pide-que-no-lo-lean-los-ninos



En ella, leo con estupor que al Ministerio de Igualdad, al Instituto de la Mujer y al sindicato FETE-UGT se les ha ocurrido la lucidísima idea de prohibir o vetar algunos de los cuentos con los que todos nosotros hemos crecido o, incluso, aprendido a leer. La simple idea de prohibir/vetar cosas, máxime si se trata de libros, me huele muy mal, no está nada bien, suelta un tufo de intransigencia dictatorial que echa para atrás y no sienta un buen precedente. O eso me parece. Pero, ¿por qué prohibir los cuentos? Pues, sin duda, porque son machistas, plantean un modelo familiar tradicional y patriarcal, etc., etc., etc.



O sea, se acabaron los tiempos en que los niños se iban a dormir escuchando a su padre o a su madre leyéndoles La ratita presumida, muy sexista ella, porque se quedaba en casa como “buena mujer” mientras esperaba a que llegasen sus pretendientes, todos hombres por supuesto, nada de homosexualidades, y la conquistase el mejor. No hablemos tampoco de La bella durmiente, aquella pobre infeliz que despertó cuando un apuesto y fornido príncipe, de cuya masculinidad no cabía la menor duda en las echadas a perder mentes infantiles, fue a besar. ¿Y qué me dicen ustedes de La Cenicienta, Blancanieves y todos los demás cuentos?: unos peligrosos mecanismos al servicio de la reproducción del sistema social patriarcal y moralmente tradicional.



Y digo todos los demás cuentos porque no se me ocurre excepción alguna de cuento no sexista, no homófobo, no clasista, etc. Es decir, que todos repiten los mismos estereotipos porque fueron escritos hace bastantes décadas y, como todo libro, reflejan la época en que se escribieron. Estamos de acuerdo en que son simples a más no poder aunque, dentro de dicha simpleza, nos enseñan los roles sociales más tradicionales. Y por eso mismo, se supone, hay que vetarlos, prohibirlos, no leerlos, proteger a nuestros pequeños de tamaña perversión mental. Y no dudo de que llegará el día en que arderán en las Plazas Mayores de todas nuestras ciudades y pueblos para escarnio público y disfrute de la muchedumbre embrutecida y no igualitaria por su culpa.



Ahora, imagino, habrá que ponerse a escribir nuevos cuentos. La verdad es que estaría curioso seguir las aventuras de un D’Artagnan que se atreviese a salir del armario y que pelease con su cuadrilla por el reconocimiento de la homosexualidad, de una Blancanieves que tuviese siete follamigos, de un patito feo transexual casado por lo civil y luego divorciado, de una Caperucita hipotecada hasta las trancas y que acabase como pareja de hecho del lobo feroz, de un Tío Gilito apóstata de la fe católica y rosa cruz para más inri, de una dama y un vagabundo que solo tuvieran relaciones esporádicas en los privados de una discoteca madrileña o de una Cruella de Vil tres veces casada y otras tantas separada y convertida en una activista a favor de los animales, el medio ambiente y el feminismo. Menudo jaleo.



A mí me leyeron muchos de aquellos perversos cuentos y a mi hermana también. Así me pasa, que he salido un subversivo total. Yo aprendí a leer de hecho con La ratita presumida y buenas dosis de paciencia materna. Pero hoy en día somos mayores y comprendemos que fueron escritos en su momento, que no porque el cerdito que cortejaba a la ratita no fregara los platos o pusiese el lavavajillas, yo, hombre como soy, estoy exento de ayudar a mi madre, a mi abuela o a mi futura mujer en las tareas del hogar. Ni tampoco soy presuntuoso, escurridizo y puñetero como el gato que quiso ligársela para, después, comérsela. Hoy en día, al menos que yo sepa, nadie liga como el cerdito, el gatito, el patito y demás animales que quisieron ligarse a la ratita presumida que, con su lacito, iba monísima ella; ni, en nuestras relaciones sociales o sexuales, nos cortejamos como príncipes y princesas. No tenemos tantos hijos como decían los cuentos que se tenían, la gente paga hipotecas y alquileres por cuchitriles y no por palacios, mansiones o casas grandes, no disponemos de sirvientas, hay matrimonios que no comen perdices, así como gays y lesbianas que se casan y adoptan niños. Y todo eso no lo leí en ningún cuento, que hace falta ser infantiles, señores del Ministerio.



De igual manera, también sé que la mujer no salió de una costilla masculina y que, por eso mismo, está sometida inapelablemente a mis deseos y caprichos. Sin embargo, hace ya tiempo, me leí el Pentateuco de La Biblia y, si pudiera, me la leería entera. Tonto hay que ser, pensamos hoy, para creerse que el mundo se pudo haber creado como lo cuenta el Génesis. Hasta Juan Pablo II en sus mejores tiempos lo tuvo que advertir. Considero, por otro lado, absurdo renegar de tantos siglos de cultura, masculino-céntrica es verdad, pero es la que ha habido y la que “nos ha hecho”. Aceptando todos los peros y desventajas de ese bagaje cultural, que no puede ser perfecto, encuentro absurdo tirar a la basura mis libros de literatura grecorromana, toda la filosofía de los Padres de la Iglesia y demás figuras del Medievo o el pensamiento de personajes como Kant, Nietzsche y un largo etcétera. Y solo limitarme a leer lo que se estima correcto, lo que me viene dado, lo que se me sugiere para que no piense. Es más, los conservo como pequeños tesoros; siempre y cuando el Ministerio no me sorprenda con sus matones en la puerta de mi casa, haciendo razzias domicilio por domicilio limpiando España de libros prohibidos.



He leído todos esos libros; y más que tendría que leer. Pero ninguno de ellos, que yo sepa, me ha trastornado. Le preguntaré al psiquiatra de todos modos… ¿Y por qué? Porque antes de leer cualquier libro he recibido la formación suficiente -que es lo importante, digo yo- como para considerarlos “hijos de su tiempo”. O sea, intento leerlos con espíritu crítico. Esto último, algo tan sencillo de entender y que a ninguno de nosotros nos ha provocado dudas existenciales sobre nuestra personalidad y/o sexualidad ni se ha traducido en una escuela de machistas feroces ni en seres violentos contra las mujeres, atormenta al parecer a las cabezas pensantes de las anteriormente citadas instituciones.



Es indignante no solo que se gaste el dinero público, ese que es de todos y con el que todos pregonan que se hacen tantas cosas, en esta especie de política pancartera, sino que simplemente tengamos que escuchar y leer en los medios de comunicación noticias de esta naturaleza. Yo -vale que puedo ser el rarito de toda España- invertiría el dinero en formar a la gente, darle herramientas para que piensen por sí mismos, para que sepan discriminar entre lo bueno y lo malo, entre lo que es conveniente y lo que no lo es y, por tanto, sepan hacer buenas elecciones. No me preocuparía de si El gato con botas o El patito feo les volvieron la cabeza loca, sino de crear personas independientes, capaces, bien pensantes, autónomas, conscientes de nuestro pasado y del momento en que viven -de sus problemas y de sus posibles soluciones-, y de lo que hay que desechar para el futuro; no "borriquitos con chándal" en expresión de Rafael Sánchez Ferlosio. Para eso tiene que servir, pienso yo, un sistema educativo. Lo que no sé -lo cierto es que no tengo una opinión muy optimista al respecto- es si se está consiguiendo o si estamos creando una sociedad de besugos y de acomplejados: de esos que se declaran igualitarios y respetuosos con "la diferencia" y bla, bla, bla, pero que no saben lo que están diciendo porque nadie les enseñó a ser dueños de sus actos y pensimientos, o sea a no seguir modas y eslóganes. Y eso es lo que debería preocupar a un Ministerio que quiera erradicar lacras como la de la diferencia de sexos o la violencia doméstica.

13 guarrindongos tienen algo que decir:

Pero como se te ocurre solamente pensar en:
formar a la gente,
educarles en el poder elegir,
en decirles que lean todo cuánto caigan en sus manos y sacar conclusiones...Pero TÚ si TÚ que me lees ¿De que vas?.
Que sepas que te libras de la hoguera, pues por lo que parece por muy poquito.


Agur un saludo.

9 de abril de 2010, 17:25  

Hay cosas más importantes en esta vida que pensar ahora si los cuentos son machistas, homófobos ó no.
Son cuentos y punto, no hay que buscar ni rebuscar.
Yo crecí leyendolos y no por ello soy una abnegada y sumisa ama de casa, ni mucho menos.

A mí me avergüenza y me escandalizan más las guerras y la violencia.

Besos griposos, amigo

9 de abril de 2010, 19:16  

Y entonces yo ahora que le leo a mi peque cuando se va a la cama???

Decirme títulos: La Colmena, Los Santos Inocentes, Los Pilares de la Tierra, La Celestina, El Maestro de Esgrima....

Por cual empiezo????

La madre que los parió.....

9 de abril de 2010, 19:37  

MONTXU

Pues voy de tío desfasado y soñador, que pide imposibles y que piensa cosas sin pies ni cabeza. NO hay más que leerme, jajaja.
Me alegro de que la democracia me permita vivir sin ir directo a la hoguera, aunque todos pasen de mi, jajaa.
Saludos¡

9 de abril de 2010, 20:34  

EMIBEL

Eso, que cada uno cuente qué experiencia ha tenido leyendo los cuentos tradicionales y si cree necesario reformarlos y adaptarlos a la nueva, compleja y alocada realidad social, jejeje.
Menos mal que a tí tampoco te hicieron daño los cuentos. Solo espero que te mejores de la gripe, yo ya estoy en los primeros estertores de la alergia¡¡¡
Besos.

9 de abril de 2010, 20:35  

DAVID

Pues, entiendo yo, tendrás que leerle a tu hija aquellos libros que se encuentren en la lista de libros no sexistas, ni machistas, jejeje, que publicará el Ministerio para público conocimiento de todos los ciudadanos en su página web próximamente, jajaja. La verdad es que es indignante que se pierda el tiempo y el dinero en estas tonterías.
Espero que Caperucita y Blancanieves no trastornen a tu hiaj y ésta pueda desarrollar sus capacidades con total éxito cuando alcance su edad madura, jejeje.
Saludos¡

9 de abril de 2010, 20:37  

Lo dicho, tontos hay en todos lados, y en el gobierno no iba a ser menos...
Ni caso, la gente tiene cabeza como para a ciertas cosas no prestarles atención.

Un abrazo.

10 de abril de 2010, 8:55  

EMILIO

Eso espero, que la gente tenga cabeza como para distinguir lo importante de la tontería.
Saludos¡

10 de abril de 2010, 13:43  

Creo que hay cosas que se estan sacando de quicio. No hace falta ser tan ..........
Besossssssssss

11 de abril de 2010, 20:50  

Te he leído con la boca abierta, no funciona el enlace que dejaste, pero con tú palabra me basta ¿que chifladura es esta? Yo crecí leyendo cuentos de hadas y de todos los que nombras, se los leí a mis hijos, y los leyeron mis nietas, que yo sepa ninguno estamos chalados, pero estos locos que nos gobiernan si que lo están. Parece mentira que pierdan el tiempo en tantas chorradas con todo lo que hay por hacer. Besitos.

13 de abril de 2010, 1:08  

Excelente blog, excelente entrada.

Me hice seguidor.

Un saludo.

13 de abril de 2010, 19:47  

Primera, me apunto a lo de 7 folliamigos, eso te salio que ni pintado, y con gusto sería yo la protagonista de ese cuento de pepino y mi pimiento,
segunda, que cada vez lo hacen peor y son mas subnormales, amén de mas chupar de la teta de la vaca española, sacandose de la manga cosas tan adsurdas como estas, y tercera, no se que hubiera sido de mi niñez si esos cuentos maravillosos, como la sirenita, la cerillera, peter pan, blancanieves, cenicienta, y largo etc, los lei todos, y mira como he salido, mas contestona y mas rebelde que ni una pasionaria, y a mi nadie me ha pegado, porque me se defender y soy la primera en reclamar mis derechos, no estoy en la lista de las maltratadas, (poruqe no me dejo), y no me siento de segunda categoria por ser mujer, a otro gallo con otro cuento, el de ellos para crear algo que no sirve para nada sino para engrosarse ellos una labor renumerada y a nosotros quitarnos nuestra cultura, pais de chorizos y memos tenemos, he dicho.

14 de abril de 2010, 15:58  

Esto va para todos, resulta triste que ninguno de ustedes tenga la capacidad crítica de reflexion sobre el libro que cree puede ser bueno para su hijo Y ESPERE QUE "EL PODER" SEA EL QUE DECIDA QUE LEER y que no conozca ni busque otros cuentos más acertados para que los niños de hoy no crezcan con esa manipulación subliminal, seguramente no echa a drede cierto es. Si no sabeis qué leerles, Qué pasa!! que no podeis inventaros uno??Qué coño nos pasa que no somos capaces de salir de la comodidad de lo que ya está escrito y lo que ya conocemos!. POR FAVOR intenten pensar en ello. LES QUIERO A TODOS!

7 de junio de 2010, 20:30  

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