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Pecado

Eres tanto que eres mi perdición. Mirar tu cuerpo se me antoja como algo similar a perderse por los senderos del pecado, de lo prohibido, de lo no razonable y de lo que moralmente se considera inadecuado. Me pierdes con tu mirada, con tu presencia, con tu todo. Y pienso que no me importaría perderme en tí, abocarme al abismo del placer imaginado y a ese torbellino de perfidia al que se me asemeja tu pecho, tu pelo y tu cuerpo entero.



No me importaría pecar contigo, ni acompañarte al infierno donde arderíamos juntos eternamente, dando rienda suelta a todas mis pasiones. Me pierdes, me confundes, me aturdes, me llevas a tí continuamente, a cada segundo. Mi cabeza no sabe vivir de otra manera porque sin tí no existe nada, todo es mentira o una mera ilusión. No te puedo despegar de mí. Me derrites, pues son irresistibles las ganas de imaginarte poseída por mí. Y me angustias porque me tratas como un mero juguete; juegas conmigo y con mis sentimientos, sin hacerme caso. Sin apreciar lo felices que seríamos disfrutándonos mutuamente, al compás de la pasión y de los siete pecados capitales.

Pecaría -y peco, de hecho- por tí y no me preocupa tener que dar cuenta después por haber sido débil y haber caído en esos siete pecados. El de la lujuria, el primero. Lujuria de pensamiento, de obra, de deseo y de obsesión. Lujuria de tenerte, de sentirte, de verte y oírte disfrutar y gemir de placer, de fundir nuestros sudores y alientos descompasados en uno solo. Luego, la gula. Gula por querer saborear cada parte de tu cuerpo, por devorar tu boca y por darme tantos banquetes de placer. Eso me haría pecar de avaricioso, por querer cada vez más y más, por no poder saciar mi ansia de tí. También pecaría de pereza porque me daría pereza no buscarte, no explorar cada uno de tus rincones, no hacer todo lo posible por hacerte disfrutar. Y, cómo no, pecaría de soberbio al saberme tu amante, el único que te disfruta y el único que puede recorrer tu cuerpo cuando así lo deseas. Pero, de momento, solo peco de envidia y de ira. Envidia de ver que son otros los que te poseen; envidia de los lugares por donde pasas o estás sin mí, de tu sombra y de todas las cosas que tienes más cerca de lo que me tienes a mí. Y una ira incontrolable contra todo ello.

Me haces pecar, eres mi condena. No me importan el infierno, ni el abismo, ni Dios, ni mi vida, ni si es correcto o está prohibido o mal visto lo que siento. Solo sé que estoy perdido por tí porque me haces caer en los siete pecados capitales, porque te deseo y porque no tengo el más mínimo propósito de enmienda.

N. B.: Por cierto, ¡¡entrada número 100!! Felicidades y gracias por estar siempre ahí.

5 guarrindongos tienen algo que decir:

Bendito pecado.

Besicos.

31 de agosto de 2010, 8:56  

¿Qué es el pecado?
El pecado no existe. El pecado lo inventaron los poderosos religiosos para tener a la plebe atemorizada.
Peca, peca que es más divertido.
Besitos, guapetón.
Ahh y felicidades por tus 100 entradas, ojalá sean muchas más y ahí estaré.
Muackissssssss

31 de agosto de 2010, 9:22  

Siempre es más divertido pecar, lo que pasa es que pecar casi siempre es malo o engorda.

Felicidades por tus 100 entradas, me alegro mucho de estar entre tus seguidores. Abrazos.

1 de septiembre de 2010, 20:02  

¿No me digas que no es un pecado tener la voz de Sole Gimenez? Para mi lo es, no se puede cantar tan lindo, me chifla la voz de esta mujer. Estoy con David, todo lo que nos gusta, es malo, o engorda, je, je. Me encantó tu forma de meter los siete pecados capitales en este texto. Así que felicidades por el mismo, y por esas 100 entradas, que sean muchas más y yo las lea. Besitos.

1 de septiembre de 2010, 22:50  

Y quién dijo pecado???, jajaj
Precioso y felicidades por esas 100 entradas.

Besos

5 de septiembre de 2010, 23:18  

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