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Queridos todos. Esta experiencia bloguera y, sobre todo, el conocerles, ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en este 2009.
Mañana puede ser el último día de mi por ahora corta vida. Les dejo, a falta de patrimonio inmobiliario o financiero, mis palabras, estos humildes y tontos posts con los que no he perseguido otro objetivo que pasármelo bien y reírme de mí mismo y de todo lo que me rodea. No lloren por mí, ni se asusten. Total, en menos de lo que canta un gallo quizá nos volveremos a encontrar en el Edén, no el puticlub que hay en la carretera de Kosovo, sino el Más Allá.
Mañana me toca análisis de sangre, o sea, una tragedia. Bueno, en mi caso cabría calificarlo de drama tragicómico. Ustedes juzguen. No soporto las agujas y las jeringas, es uno de esos miedos incontrolables, fíjense ustedes en la gilipollez. Ni me desmayo, ni vomito, ni me mareo al ver sangre. Son las agujas. La noche anterior, o sea esta noche, apenas duermo de los nervios. Además, necesito que alguien me acompañe hasta el Centro de Salud, no porque me vaya a perder por el camino sino porque no me puedo enfrentar a la jeringa esa del demonio en solitario. Alguien tiene que entrar conmigo a la sala de extracciones.
No comprendo a esa gente que va a sacarse sangre y lo hace tan feliz. Entran alegremente y salen con una sonrisa de oreja a oreja. Sin embargo, conforme pasan los minutos, mi cara es un poema. Blanca como la cal y sin haber dormido. Habla por sí sola. Cuando la enfermera pinchabrazos, que yo no sé cómo le puede gustar esa profesión, me pide que me arremangue y que ponga el brazo que más rabia me de sobre la helada mesita metálica, es que me descompongo. Los temblores me matan y, por supuesto, me delatan. A todo esto, mi madre o mi hermana detrás, de guardianas, por si se tuviera que retirar el cadáver.
Y entonces la enfermera se ríe y me pregunta que qué me pasa. Y yo le digo que no me gustan las agujas. Claro, se queda a cuadros. Y pensará que si me pongo así por un análisis de sangre, cómo me pondré cuando me tengan que hacer un trasplante. Y me empieza a preguntar, a mis veinticinco años, que cómo me llamo, que qué estudio, que a qué me dedico. Y ella se piensa que así me va a tranquilizar. Y unos cojones.
Y pongo el brazo sobre la mesita. Y ella coloca al lado los cuatro botecitos con forma de probeta que en breves instantes serán los recipientes de la sangre que me corre por las venas. Y también prepara la aguja y la pone cerca. Y yo ahí, contemplando a mi enemigo, me termino de descomponer, empiezo a sudar y todo mi cuerpo tiembla de tal forma que parece que estoy convulsionando. Ni siquiera atiendo a las tonterías que me pregunta; si quiere saber cómo me llamo, que lo lea en el volante del análisis, no te jode, pienso yo.
Y se pone a buscarme la vena. Y la muchacha que no la encuentra. Que no hay manera. Y me dice que me relaje, que baje el brazo, que lo suba, que abra y cierre el puño, que haga el pino. Y a todo esto, la aguja apuntando hacia mí. Y mi madre o mi hermana detrás. Y no hay forma. Y me pide que le enseñe el otro brazo. Y la enfermera palpa que te palpa, busca que te busca y que no hay manera. Y me dice que si es que no tengo venas. Y yo, mientras tanto, con las pulsaciones a mil por hora, jadeando de los nervios, la respiración se escucha a un kilómetro a la redonda y me retuerzo sobre la silla por no querer mirar hacia adelante.
Cuando encuentra la dichosa vena, saca la aguja del plástico protector. Ese ruidito me anuncia la proximidad de la tragedia, todo mi cuerpo se encoge, los puños se cierran, desarrollo tanta fuerza como La Masa y emito un leve quejido con la boca cerrada cuando noto la aguja dentro de mí, poseída por mí. La respiración cada vez más elevada y sudo como si estuviera picando piedra en pleno mes de agosto hasta que, por fin, la afable enfermera tiene a bien sacar la aguja y dejarme tranquilo. Entonces, me dejo caer sobre el respaldo de la silla y escucho:
-Ya pasó. ¿Ves? No ha sido nada y no te ha dolido.
Sabrás tú lo que me ha dolido o me ha dejado de doler, enterada, pienso para mis adentros. Que luego, tan sensible que soy, me está doliendo el brazo un par de días.
Pues eso, queridos/as amigos/as. Me despido de ustedes por si acaso. Y a ver si el 2009 se termina ya, que bastante me está jodiendo.
PD: Quería poner una imagen en esta entrada pero, al buscarla, he visto demasiadas agujas en brazos ajenos. Se me revolvió el estómago y, fíjense, me duele ya el brazo. Así que preferí no seguir buscando. Voy a ver si me pongo a leer, entretengo mi cabeza y extiendo los brazos que, con tanta foto, se me han quedado encogidos sobre sí mismos sin darme cuenta.

10 guarrindongos tienen algo que decir:

Ay!!! Mi niño, que te puedo decir si el miedo es más libre que prisionero, solo que debes controlar casa segundo que vivas en el momento de la extracción, yo si quieres te llamo al phone mientras y te cuento un chiste de los míos, de los que no tienen fin porque jamás me acuerdo de como terminan, eso si, le pongo un salero que ni yo me aguanto. Y los enredo y enredo, y en tris estás conmigo vía phone desayunando café con unas tostadas con tomatito y sal.
Claro que luego no me llames todos los días para que te cuente chistes ni historias varias de la vida, eh!!! (Es broma)

En fin ..... Besazos corazón ... Silva flojito que te oigo

16 de diciembre de 2009, 3:08  

Ánimo chavalote, jajajajajaja. Como me río con tus entradas, pero, te entiendo perfectamente, pues el problema de las veas me pasa igual que a ti, solo que mi resultado es rebuscar con la aguja clavada para encontrar vena, rotura de la misma y un pedazo de cardenal que no me veas.
Besossssssssssssssss

16 de diciembre de 2009, 7:32  

jajajajaa me has asustado JotaEfe y al final casi me matas de la risa.

A mi me operaron con el abrigo puesto la primera y hasta este mes de mayo, única vez que entré en un quirófano. (Tenía cuatro años. Ya no sólo era el pánico a la aguja, si no al propio "olor" de los médicos. Pero fijate lo que son las cosas, en esta mi segunda experiencia, a lo que más le temo es a la "escentigrafía".

No sólo pasas más hambre que un pobre desde una semana antes, si no que tras ocho días de comer siempre lo mismo, te administran un purgante con el que te cagas y nunca mejor dicho, en el padre del médico amén de la pata abajo. Es lo peor a lo que me he enfrentado hasta ahora.

Te jurico que prefiero mil veces una extracción diaria, a esto otro aunque fuese una vez al año.

Espero que esos análisis, sean puramente rutinarios.

Un besico de sana-sana cuca rana

16 de diciembre de 2009, 8:06  

Jejeje, pues yo soy igual que tú, sólo que además de blanca, ¡me mareo y caigo redonda! Que es buena táctica porque así te tumban antes en una camilla y te dan sugus y galletitas al terminar.
Yo no puedo con las agujas, sólo de pensar que una vaya a picarme si quiera, ya me pongo mala. Es horribleee... ¡No recuerdo ni cuándo fue que me hice el último análisis! Los evito como los gatos al agua...

¡Al toro, valiente!

16 de diciembre de 2009, 10:47  

¡Buenoooo como está el patioooo!, reconozco que es un mal bastante común el del pánico a las agujas, uno de mis hermanos tienen que "amenazarle" cada año en la empresa porque siempre intenta escaquearse del reconocimiento médico anual, todo por el dichosos análisis.
Cuando lleves tantos como yo, te los harás tú solo, jeje. Animo valiente que no pasa naaa.
Besinos y espero que mañana nos cuentes cómo te fue.

16 de diciembre de 2009, 12:36  

Cucha.. que eso es un plis plas!!
Hay que ver estos hombres.. jajaja vale, no tengo consuelo posible, pero reirme me he reido un rato, sólo me queda decirte que te sea leve, es lo que hay!
Al menos de una cosa estamos seguros,en yonqui no te convertirás.. quieras o no, es un dato muy importante! :P
Besotes guapi!
Valor y al toro!!

16 de diciembre de 2009, 12:45  

LLevate el ordenador a la sala y chateamos. Me muero de la risa contigo, pero te apoyo en tu fobia.
Un saludo!!

16 de diciembre de 2009, 16:16  

Joder JotaeFe!!!
Si que estamos bien!!!
Esto lo tenemos que solucionar y no hay que pasar por estos rollos raros, eh!!!
Saludos

16 de diciembre de 2009, 17:07  

Necesitas que te acompañe? Si quieres voy contigo, pero no nos dejes, ni te pongas malito!!!
Besos de Frambuesa!!!

16 de diciembre de 2009, 20:23  

La verdad es que este año nos está haciendo la puñeta hasta última hora, me hice un análisis hace unos días y una eco, el 23 el traumatólogo, que digo yo si me dará un polvorón, y el remate, tachammmmmmmm, el 29 un análisis a mi hijo, y aquí viene lo bueno, él no le tiene miedo a nada que yo sepa, pero hijo, ve una gota de sangre y se va al suelo, por lo tanto le tienen que acostar para que si se desmaya, ya esté en la cama, yo lo paso fatal, y el se muere de vergüenza pero no puede evitarlo. Ahora yo pienso, ¿por qué no haces lo mismo? a lo mejor acostado y con la cara vuelta no lo pasas tan mal, te lo piensa. Suerte, no me asustas porque ya ando curada de espanto. Besitos.

16 de diciembre de 2009, 23:28  

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