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Pongo la radio. Me sale un señor hablando de cementerios con sepulturas y panteones curiosos y/o monumentales y una mesa redonda donde se debate lo que los vivos hacen y se gastan para mentener vivo el recuerdo de sus difuntos. Cambio de emisora. Me sale una muchacha apostada en un puesto de venta de flores de cualquier ciudad española, comentando el precio al que está la docena de gladiolos y la de crisantemos y si han subido o bajado por efecto de la crisis respecto del año pasado.

Me cisco en San Pito Pato. Pongo otra cadena. Aquí me cuentan la historia de algunos cementerios españoles, por qué surgieron, cómo y cuándo y quiénes están enterrados allí -personajes famosos, claro-. Me sigo ciscando. Así pues, me voy a la televisión. Allí veo a mujeres y hombres limpiando sepulturas y nichos, comprando flores y relatando, a preguntas del periodista, para quiénes son, cuánto se ha gastado en ellas y cuántos familiares tiene en el cementerio.
Hago lo mismo. Cambio de canal. Me sale una señora hablando, también a pregunta del periodista, de si le gusta más estar bajo tierra que incinerada. Dice que bajo tierra. Pues que se venga a Madrid y se meta en el Metro si quiere ir practicando para cuando le llegue la hora. Ya verá qué maravilla.

Pongo el ordenador y visito las publicaciones digitales de algunos periódicos que me interesan y que suelo visitar diariamente. Especialmente dos de ellos, La Verdad y La Opinión de Murcia, que me permiten estar al tanto de lo que pasa en mi tierra sin necesidad de ir hasta allá, cosa que tampoco puedo hacer porque no tengo sitio donde estar. Allí me topo con los horarios de autobuses especiales que habrá este fin de semana para poder llevar a todo el mundo a los diferentes cementerios cartageneros, la situación de los diferentes puestos de venta de flores a lo largo y ancho de la ciudad, el horario ampliado de las oficinas de los cementerios para que paguen la anualidad los que no la tienen al día y los homenajes que la corporación municipal pretende hacer el día 1 de noviembre en los dos camposantos más grandes -uno de ellos donde descansa mi abuela-.

Por si no tuviese bastante con mi conciencia, que me machaca cuanto quiere, el bombardeo ya me viene por radio, televisión e Internet. Tierra, mar y aire. Mi conciencia me dicta que debería ir a visitar a mi abuela, arreglar su sepultura y pagar la anualidad. Creo que nadie lo ha hecho. Como el año pasado tampoco lo hizo nadie, salvo yo. Ayer hizo un año que estuve por allí -no quería ir el mismo día de Todos los Santos para evitar aglomeraciones y gente por doquier-, limpié, adecenté la sepultura, le puse dos ramos de flores y pagué. Aun así, me encontré con mucha gente y pude ver que, como toda tradición popular, ésta raya lo chabacano hasta decir basta. Gente no ya con ramos, sino con centros de flores y velas que dejaban encendidas sobre las lápidas. Llevaban centros de flores a pares en cada mano y sin que les dejasen ver por dónde andaban, había que ir esquivándolos. El autobús que cogí para ir hasta allá parecía un enorme coche fúnebre. Gente sentada en los asientos enterrada, valga el símil, bajo ramos y más ramos y centros enormes de flores, apenas veía sus caras y cuerpos, solo sus piernas colgadas de los asientos del autobús.

Comprobé que eso de tener a toda la familia en un mismo sitio -como nosotros- debe ser una cosa harto rara. Gente correteando por el cementerio, a grito pelado, de tumba en tumba, buscando la de su padre, luego la de sus primos y, finalmente, donde estaban sus abuelos. Dejando flores en todas ellas. Allá que se presentaban familias enteras. Niños incluidos saltando de sepultura en sepultura y leyendo los nombres, por si les sonaban de algo. Un par de chicas hablando con el móvil sentadas en sendas sepulturas, las que tenían más a mano justo cuando les sonó el teléfono. Mira qué bonito, pensé yo.

Y a todo esto que llegaron las vecinas de sepultura, las de la izquierda. Mis futuras vecinas eternas. La madre y una de sus hijas a visitar a los padres y un hermano de la primera. Yo, tan concentrado que estaba en mi labor, veo que llegan estas mujeres, las saludo -no nos conocíamos-, nos contamos la vida y en qué parte de Cartagena vivimos, a quién tenemos en la sepultura y, de repente, la mujer mayor se pone a dar golpes y manotazos sobre su lápida al mismo tiempo que llamaba por su nombre a quienes estaban debajo de ella. La hija diciéndole que no hacía falta que se enterase todo el cementerio, yo mirando con curiosidad y la hija limpiando. La mujer mayor llorando a lágrima viva mientras decía los nombres de sus difuntos y esperando, supongo, que alguien se manifestara. Pero, por suerte o por desgracia, no sé, nadie dijo ni mú, ni se presentó ante nosotros.

Al rato, llega la mujer propietaria, supongo, de la sepultura que está dos sepulturas más allá a la derecha de la nuestra. Los de la derecha no habían aparecido, estaba sucia y desarreglada. La de esta mujer estaba también muy sucia, posiblemente porque la gente no va al cementerio más que de 1 de Noviembre en 1 de Noviembre. O sea, cada año, a menos que otras circunstancias desgraciadas te obliguen a ir antes. Se tira sobre la lápida todo lo larga que era con el objetivo de llegar a los floreros y quitar las flores de plástico que había allí puestas, ya perdido su color por efecto del sol. Con tal mala suerte que, cuando tira de las flores para sacarlas, empiezan a salir avispas por cientos y todos los que estábamos en esa calle de sepulturas empezamos a correr, pies para qué os quiero, por si nos picaba alguna. Todo eso para que, después, al disiparse el ejército de avispas, la buena mujer comprobase que no podía quitar la flores porque el año anterior había echado ¡yeso! dentro de los floreros para que no se volasen y ahora no las podía sacar.

Aquello ahora mismo estará en todo su esplendor. A rebosar. Como El Corte Inglés en Navidad. El cuerpo me pide ir, no necesariamente este día pero sí alguna vez, pero no puedo hacerlo. Vivo a casi 500 kilómetros, hacer el viaje me supone perder dos días para la ida y la vuelta, no me puedo permitir ese lujo con la cantidad de cosas que tengo que hacer y proyectos que empezar ahora mismo y, además, tampoco dispongo de una casa donde pasar el puente. Pero solo de pensar que aquello estará sucio, feo, desarreglado y yo lejos, me pongo malo. Y como estoy viendo cementerios a todas horas en televisión o en la radio, tampoco me puedo evadir del asunto.

Quiero pero no puedo. Y qué le vamos a hacer. Me joderé y me aguantaré y que mis deudos me disculpen. Total, a ellos les debe dar lo mismo si la sepultura está limpia o sucia, ellos ya no están a esas cosas, no viven para eso.

13 guarrindongos tienen algo que decir:

Seguro que los que están dentro de las sepulturas les importa muy poco si está limpio o no, pero es una costumbre tan arraigada que es dificil evadirse de ella. Hace años que no visito la tumba de mi padre y no me siento mal por ello, en cambio no hay un sólo dia que no piense en él y lo añore como si se hubiera muerto ayer.
No pude evitar reirme con la anécdota de las avispas, me imagino la escena todos corriendo por el cementerio, donde tambien tienes vecinas muy curiosas.
Besinos y feliz puente.

30 de octubre de 2010, 14:56  

FABIA

Eso es lo único que me consuela, como digo al final de la entrada, que ellos ya no necesitan cuidados o de lápidas relucientes.
Pero el bombardeo de estos días es tremendo..., y es que hasta te hacen sentir mal si no vas.
Pues sí, ya ves. Voy a estar eternamente acompañado de gente muy divertida, ya ves que no me lo voy a pasar mal cuando me toque partir, jajaja. Lo que no sé es si esa mujer tendrá a alguien que le haga a ella lo que ahora ella hace a sus deudos, estaría divertido, jaja.
Besos y buen puente para ti también.

30 de octubre de 2010, 17:20  

Este puente siempre es raro. Y lo de los cementerios, un no parar.
Eso de las avispas es divertidísimo. Y el yeso en la flores, la leche!
Pero me sorprende la seguridad con la que dices que acabarás allí y conoces a los vecinos y todo.
Y lo de ir al cementerio, para mí es aleatorio. Como todo, tienes que tener el cuerpo para ello, no poner fechas ni obligaciones, cuando te salga y puedas, sin más.
Pero vamos que no dejes que aquello vaya a peor, si va a ser tu última residencia, cuídala, jajaja esto es broma, por supuesto.
Me ha encantado esta parrafada de nada, para que luego la tonta del mes hable de literatura. No sé si es lo que haces tu, pero escribes genial.

Un beso.

30 de octubre de 2010, 23:51  

PARKER

Confieso que me impactó el jolgorio que se montó en el cementerio aquella tarde de hace un añño y pensé que hasta los difuntos deben sentirse molestos con tanto grito, tanto móvil sonando y tanta gente con escobas y trapos dale que te dale.

Ya ves, cosas que pasan. Me alegro de que os diviertan pero si fuera más veces, tendría más cosas que contar, jajaja.

Es verdad, nunca se puede decir dónde va a terminar uno pero llevo todas las papeletas, Parker, jajjaa. Primero porque me gustaría y, segundo, porque mi familia no tiene otro sitio y yo salí muy afectado, como comenté en una pasada entrada, cuando asistí a una incineración hace algo más de un mes. Me desagradó cosa bárbara, aunque desde luego no es que la otra opción sea un placer, jajajaja, pero bueno, es lo que hay. Eso de los vecinos fue casualidad, aparecieron y les conocí. Y como eran peculiares, les sigo recordando.

A mí me apetece, ya digo que es una cosa que me la pide el cuerpo de vez en cuando pero no puedo hacerlo porque no voy a hacerme casi 1000 kilómetros ida y vuelta para esa cuestión cuando hay personas que podrían limpiarlo y que viven allí y si no lo hacen es porque no les sale de ahí mismito, jejeje. Y uno ya se cansa de hacer el panoli e ir siempre de bueno.

Pues sí, ya ves, una entrada absurda pero me alegro de que te lo hayas pasado tan bien. Un beso fuerte!!!

30 de octubre de 2010, 23:58  

Hola Jota.
Opino que no hay día para tener en mente a nuestros difuntos, eso sale de dentro. Hace muchos años que no visito la tumba de mi padre y no por ello me siento mal. Todos los días me acuerdo de él, incluso le hablo y le comento. Tengo una foto suya muy cerquita mía y aprovecho para hacerlo.
La verdad es que me he reído cuando cuentas tus anécdotas, eso de la avispas es como si lo estuviera viendo y lo de la mujer toda tirada, jajaja.
Gracias por hacerme reír, eso no tiene precio!!!
Yo prefiero que me incineren para que nadie tenga la obligación de ir a verme o su conciencia mal.
Además ya casi todos prefieren la incineración y creo que de aquí a unos cuantos años, habrá menos lápidas que visitar.
Entiendo tu impotencia, pero piensa en ella y háblale, seguro que te entiende.

Besitos!!!

31 de octubre de 2010, 0:43  

PRINCESA.

Si todos los días que me acuerdo de ella fuera el día de los santos, un servidor estaría siempre celebrando el día de los difuntos, jeje.
No me siento mal por no ir allí, sino porque aquello esté dejado de la mano de Dios, descuidado, como abandonado, sin nadie excepto yo se acuerde.
Y si un día pusiera por escrito todo lo que hablo con ella, me iba a reír yo del Quijote, jaja.
Ella misma me dice que me deje de tonterías, que ella no necesita que yo me tome estos disgustos y que ella está siempre conmigo, 500 kilómetros más acá o allá.

Pues sí, la mujer, como estaba tirada todo lo larga que ella era encima de la sepultura, no pudo huir del nubarrón de avispas y solo pudo cubrirse la cara y hacerse una pelota boca abajo, intentando que no quedase piel al aire para que le picaran. Pero, al final, no pasó nada, jejeeje.

Ahí te doy la razón. La incineración gana por goleada y, a este paso, los enterradores también se van a ir al paro, desconsiderados, que eso es lo que sois todos!!! jajaja.
Besos!!!

31 de octubre de 2010, 0:51  

Jota y tú corrías también al compás de los demás???, jajaja. Es que eres!!!
Y la otra por qué gritaba? Pensaba que ellos, sus difuntos, la iban a escuchar?
De verdad es que la gente se pasa.
Mira, un día me apeteció ir al cementerio y sin pensarlo me fui yo sola, tenía ganas de llorarle a mi padre. Cuando llegué me dió algo, esas calles tan llenas de lápidas casi encima mía, esa calle tan larga que nunca terminaba...ostras me agobié de una manera tan descomunal que nunca más fui sola. Y no era miedo, ehhh. No sé, pero sentí que todos ellos me miraban, que esa calle nunca acababa, jajaj. Vaya tela!!!.

Besitos!!!

31 de octubre de 2010, 1:16  

PRINCESA

Es que a mí me dan mucho miedo las avispas, que un día me picó una y no veas tú, por poco no acabo en el mismo sitio donde estaba hace un año, jajajaja.

Al surgir de las avispas, dejamos lo que cada uno estaba haciendo (recuerdo que yo ya estaba terminando, la dejé niquelada, jajaja) y allá que corrimos calle abajo las dos vecinas de la izquierda y yo y, por la calle de más arriba (como todo está tan apelotonado), un matrimonio que andaba limpiando también y cortando en ese momentos los rabos de las flores.

Y mi vecina gritaba y aporreaba la lápida, supongo que pensaba que sus deudos despertarían de ese modo de su sueño... Y la verdad, si no despertaron fue porque no quisieron porque menudo escándalo armó la buena mujer entre gritos y llantos. Que hasta me dieron ganas de bajar y de decirle a los suyos:
-"muchachos, salid un poquito que se calme y que deje descansar a los demás vecinos, que ya está bien", jajajaja. Lo mismo, si llega a pasar eso sí que salimos todos corriendo, jajajaja, y aun estamos corriendo un año después, jajajaja.

No sé. POr un lado es muy relajante ir a un sitio así, yo por lo menos no le tengo miedo, ni me asusto, ni cosas de esas. Siento una paz inmensa. Pero por otro lado me impresiona ver tanta cosa abigarrada, como en serie, una detrás de otra, interminable y ver que no hay más que nombres y más nombres que nadie conoce y de los que casi nadie se acuerda. Impactante.
Besos!!

31 de octubre de 2010, 1:27  

Jajajajaj, jajajaj aún me estoy riendo porque es que me lo imagino, jajaja. Y, aunque no te conozco, te veo correr calle abajo y casi atropellando a todos los que se cruzaban por tu camino, jajaja.
Y lo de los gritos es para chiste del mes, jajaja.
De verdad que me he reído muchísimo, a ver si así me voy a la cama con un poquito de humor.
Por cierto, te estás cuidando????, ajjaaj.
Otra cosita, quién es el jurado de los tontos? Tenemos que decir quién y por qué?
Todos los meses va a ser lo mismo o vas a cambiar, digo yo que podrías cambiar, poner otra cosita... es que yo estoy poco puesta en tontos del mes. Bueno
Besitos!!!

31 de octubre de 2010, 1:42  

PRINCESA.

Me alegro de que te hayas reído. Es un placer saberlo.

Me cuido, me voy cuidando a ratos. Hay ratos que apetece y otros que no mucho, pero bueno, aquí seguimos...

El premio de los tontos lo decido yo en última instancia pero, como no he elegido aun, vosotros con vuestros argumentos y preferencias me podéis convencer y, así, inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro.

Me acabas de hundir la vida, jajaja. Después de lo que me costó parir la idea ahora vienes tú y me dices que la cambie, jajajaja, me parto. Si no hace falta estar puesta en tontos!!! Solo hay que leer las entradas, ver los vídeos, reír (en la medida de lo posible) y comentar si queréis. Nada más. Tú no te frustres, jajajaja.
Besos!

31 de octubre de 2010, 1:47  

Mira chiquillo...lo que yo decía es que no puedo participar porque no estoy puesta ya que no me da tiempo de ver la tele, de escuchar la radio etc... y yoooo quiero un premio, ea!!!
Vale, vale ya veo tus intenciones de no quererme otorgar ninguno, jajaj.
A que pongo yo en mi blog un concursillo!!!.
Se me ocurre que cuenten una anécdota...uyyy. Está bien la idea?
Venga besitos!!!

31 de octubre de 2010, 2:32  

PRINCESA.

El premio a tí no te lo voy a dar, pero no me parece que seas tan tonta, jajaja.
Yo apenas paro por casa, solo por las tardes y para cenar y tampoco veo la televisión. Es cuando abro Internet y visito periódicos o foros que veo las cosas que dicen los tontos estos.

Pues, oye, pon el concurso en tu blog y a ver quién gana, jajaja. Seguro que está bien y pasamos un buen rato.

Besos.

PD: Me voy a escribir una reseña, que tengo que hacerla hoy necesariamente y eso cuesta mucho...

31 de octubre de 2010, 11:17  

La verdad es que de este año no pasa, quiero pasar todos mis difuntos a un sólo nicho, no estoy yo para mucho trote, y estos días son tremendos, no encuentras ni una escalera. Tampoco quiero dejarles problemas a mis hijos, así que me quemen y me tiren al mar. Si les dejo uno sólo, supongo que aunque sea una vez al año, irán a darle una vuelta. Tú no te preocupes, te entiendo, pero lo importante es lo que le hiciste en vida a tu abuela, y en eso no le fallaste. Aparte pienso que lo hermoso es que recordemos a nuestros familiares y amigos, ellos siguen vivos en nuestra memoria. Cualquier día es bueno para que vayas al cementerio. Un besito.

31 de octubre de 2010, 22:56  

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