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Me gustaría que me hicieran caso y tuvieran un rato, no más de quince minutos, para ver el corto que encontrarán pinchando en este enlace.

Con el título de Zumo de limón, bajo la dirección de Jorge Muriel y con la participación de algunos actores conocidos por todos, este cortometraje español participa en el Festival Iberoamericano de Cortometrajes de ABC (FIBABC).

Felicito a los autores y actores. El título le viene que ni pintado. Porque la vida, para algunas personas, no es más que eso, un zumo de limón. Una vida con sabor desagradable, que deja un regusto medio amargo, medio agrio. Yo no digo que no seamos nosotros mismos los que nos ganemos o merezcamos muchas de las cosas que nos pasan durante o al final de la vida; y que lo paguemos en forma de una terrible soledad final. Pero, ni aun así, me temo que es de recibo dicho trato.

Me parte el alma la abuela que, después de quedarse viuda, pasa a ser una carga para sus hijos que la encierran y olvidan en cualquier residencia y, por supuesto, ni sus nietos se acuerdan de ella. ¿Cómo puede ser que algunos se olviden de lo que sus madres han hecho por ellos?, ¿Cómo es posible que los hijos no quieran hasta donde les sea posible "devolver" agradecidos a las madres -en su vejez- todos los desvelos y cuidados que ellas les han dado cuando nacieron y fueron creciendo hasta que se marcharon de casa a vivir su propia vida?, ¿es tan difícil acoger a un padre o una madre ancianos en nuestras casas para darle lo mejor que tengamos, la mejor vida que podamos, compañía y amor? No entiendo tampoco cómo a un nieto no se le rompe el corazón cuando ve a su abuela, cuando estrecha sus manos arrugadas y cuando escucha su voz entrecortada sincerándose ante él. No sé cómo no se le agolpan los recuerdos, las pagas que habrá recibido de su abuela, los postres que le habrá hecho en especial, los veranos que habrá pasado con ella en el pueblo o en la playa y los desvelos que las abuelas tienen hacia sus nietos. Porque los nietos, creo yo, son cosa especial. Solo hay que querer vivirlo. Y si yo fuera ese nieto escuchando a mi abuela hablarme de lo que vivimos juntos ella y yo en mi niñez, se me partiría el alma y, acto seguido, no la dejaría vivir más sola. Intentaría llevármela y así, si me fuera posible, vivir con ella y recordar juntos hasta que la vida nos lo permitiese.

Parece que cuesta dar amor. Y eso que lo recibimos y lo podemos dar gratis y, además, sin compromiso. Pero, entiendo, hay para quien lo gratis a la larga sale caro. Y eso de dar amor no iba a ser para ellos una excepción.

PD: Por supuesto, no tengo nada en contra de las residencias, ni juzgo a nadie. Cada cual vive como puede o le dejan, no se pueden hacer milagros y, a veces, es necesario recurrir a una residencia para que nuestros mayores tengan la mejor calidad de vida en su vejez. Y, quién sabe, aunque haya escrito esto, lo mismo dentro de unos años me veo obligado por las circunstancias que sean a hacer lo que hoy, pienso, no me gustaría hacer.

7 guarrindongos tienen algo que decir:

No había visto ese vídeo. Me ha impresionado, sobre todo cuando se les ve llenos de felicidad compartiendo el zumo de limón de esa forma tan especial y acabar como acabaron, que desde luego es más frecuente cada vez.
Pero que nos volvemos de piedra sí que es cierto.
Yo no tuve la suerte de conocer a ninguno de mis abuelos, pero síhe visto a mis padres con mis hijos y pienso como tu, no creo que fuera capaz de dejar a mi abuela así de sola.
Desde luego a mis padres no les he dejado, creo que hay que valer para eso también y yo estoy contigo.
Bueno ya no me enrollo más.
Tocas fibra muchacho. Me encanta.

Un beso.

4 de octubre de 2010, 23:29  

Anoche vi el video y no pude decir nada, me emocionó mucho. Ahora con el fresco de la mañana te comento.
En mi casa, en mi familia pasa algo así, similar. Mi madre vive en una residencia para mayores; desde ese 1 de Junio de 2007 me siento culpabale, día a día ese es mi sentimiento. Somoa siete hermanos, pero yo sola. Vivió conmigo 16 años, tenía mujeres que la cuidaban, pero se marchaban buscando algo mejor. Tengo un negocio que atender, casa e hijos...Ella, mi madre, se quedaba sola horas y horas mientras los demás teníamos que hacer nuestras tareas, pedí ayuda a mis hermano, nadie me dió ni un dedo, sólo eran días mientras buscaba alguna mujer.
Pero nada, nadie se ofreció a llevársela y ella misma, viendo el panorame decidió marchar. La veo todos los fines de semana y mis hijos también. No sé que más puedo hacer...Aún duele verla allí. Duele mucho.
Cuando vivía en casa, en mi casa yo trabajaba y los fines de semana me dedicaba a ella pues no había mujeres durante esos días. Mis hijos iban a la playa o a cualquier sitio solos o con amigas...lo pasé mal porque el agua me llegó al cuello. Hay que vivirlo. La verdad es que es una larga historia.
Tendría que haber dejado mi trabajo? No sé...
Bueno comentando el video, te diré que es precioso, pero bastante triste como la realidad de muchos ancianos.

Besos

5 de octubre de 2010, 9:17  

PRINCESA.

Cuando escribí la entrada pensé en añadir un párrafo diciendo que no estaba en contra de las residencias y que hay familias que no tienen más remedio que acudir a ellas cuando nadie, ningún hijo/a, pone de su parte para encargarse de su madre o padre.
Yo no he vivido lo que cuentas con mi abuela porque "tuve la suerte" de que se murió antes de ingresar en la residencia pues ningún hijo quería hacerse cargo de ella. Mi madre aquí en Madrid y los otros más cerca de ella, pero sin embargo la "cuidaban" las vecinas. No te imaginas qué dolor más grande sentía solo de pensarlo y llegó a poner una de sus casas en venta para, con lo que sacara, pagarse una residencia. Pero no llegó a tiempo.
Te intento decir que no te tienes que sentir culpable, que no solo eres tú la que podrías haberte encargado de tu madre y que, si no pudo ser de otra manera porque tú tienes una empresa que sacar adelante para comer todos los días, gracias a Dios existen sitios como las residencias donde les cuidan estupendamente y tratan de darle una vejez digna y entretenida. Si vas a verla como dices, eso significa que haces por ella todo lo que puedes y eso ya es bastante. Un beso fuerte!!!

5 de octubre de 2010, 11:51  

No recuerdo como vi ese corto, sólo sé que me dejó fatal, sobre la marcha lo compartí en el Face. Yo no tengo nada contra las residencias, pero donde los ancianos están mejor es en su propia casa rodeado de sus cosas. Si tienen que llevarlos allí, por Dios que no los olviden. Yo es que me pongo mala, si tengo que ir a ver a alguien conocido, me fijo en la cara de tristeza de muchos de ellos y es terrible. El corto es fuerte, pero yo recomiendo que lo vean. Un besote.

6 de octubre de 2010, 1:01  

Claro JotaEfe es que también depende de las circunstacias de cada persona o familia.
Pero no creas que me consuelas, porque es muy triste verla allí, entre gente que apenas hablan, sólo duermen o se quejan de sus dolores.
No sé cómo explicarte, pero me duele y lo peor es que no puedo hacer más.
Por otra parte ella necesita tranquilidad y en mi casa no la tendría porque somos personas y como tal tenemos nuestras diferencias y problemas, cosa que ella ahora mismo no soporta.
Un día fui a verla y como otras tantas veces se le había ido la cabeza, cuando le ocurre esto (y no saben la causa) alucina, ve cosas que después las retiene y piensa que es verdad, el caso es que me decía llorando que quería venirse a mi casa unos días, sólo unos días. Ni te imaginas verdad?
No tengo sitio para ella, su habitación la habilitamos para el pequeño, tengo dos hijos una hembra y un varón, cada cual en su cuarto. En fin que por mucho que me digan los demás, siempre tendré esa culpabilidad encima, en cambio mis hermanos no porque yo fui la que la dejé allí (entre comillas).

Besos y sonrisas

6 de octubre de 2010, 1:23  

PEPI

Pues sí, Pepi, hay que verlo y reflexionar al respecto. La primera vez que entré en una residencia era muy joven, un crío. No iba a visitar a nadie, simplemente nos llevaron para conocer lo que era una residencia y, de paso, pasar un rato con los viejitos.
El olor, las caras de pena, las sillas de ruedas, el color de las paredes, las habitaciones, etc., me parecieron tristes. Aquello me impactó porque me quedé con la idea de que parecía que allí había de todo menos amor o, mejor dicho, que había gente necesitada de mucho amor. Esas caras lo revelaban.
Y pensé que no me gustaría verme así en mi vejez. Y si no me gusta verme a mi, tampoco me gustaría ver a mis padres o mi abuela. Otra cosa es que las circunstancias me obliguen, que vaya usted a saber...

Besos!

6 de octubre de 2010, 1:37  

PRINCESA.

No es consuelo porque no hay más que entrar a esos sitios y ver las caras descompuestas de los viejitos. Piden cariño a gritos y aquel día que nos llevaron a visitarlos, se lo pasaron pipa. Chicos jóvenes yendo a verles y haciéndoles pasar una buena tarde!! Les debió parecer una cosa fuera de lo común. Y, como le he dicho a Pepi, aquello me dejó un regusto amargo, me fui triste de allí.
Claro que te duele pero puede haber circunstancias personales, de conducta, de carácter, económicas, familiares, de conflictos con suegras, etc., que impiden que los abuelos vivan con sus hijos y nietos. Y, ante eso, están las residencias. Y no es pecado, ni una cosa que haya que condenar, ni juzgar, que es posiblemente lo que parece que estoy haciendo en esta entrada. Y confieso que lo único que quería era reflexionar y hacer pensar; no criticar.
Un beso fuerte y más sonrisas!

6 de octubre de 2010, 1:44  

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